"La encuesta del CIS –no la electoral del jueves sino la del estado de
opinión general del pasado lunes, aunque estén muy conectadas– ha caído a
plomo. A menos de dos semanas de las elecciones, una gran mayoría de
ciudadanos expresa un ánimo pesimista y decaído. La situación es “mala” o
“muy mala” para el 82,3%. (...)
Y este descontento no se vincula a la ausencia de gobierno en plenitud
de funciones, ni a la repetición de elecciones (estas circunstancias
sólo son un problema para el 5,2% de los consultados) sino a un juicio
crítico negativo sobre el modo de manejar políticamente la situación
general.
Aunque la preocupación por los asuntos sociales y económicos es
dominante, el malhumor de los españoles y la depresión colectiva
trascienden las causas inmediatas y enlazan con una ineficaz gestión de
los asuntos públicos. (...)
La fuerte disminución de las rentas laborales en España –razón última de
una mayor competitividad– agrava ese malestar general. Estamos
experimentando cómo la pobreza puede ser asalariada y cómo, aunque merma
el desempleo, la temporalidad, la precariedad y los muy bajos sueldos
mantienen la sensación de que la crisis está lejos de superarse.
El
Banco de España ha augurado, además de una “desaceleración” del
crecimiento del PIB, también una caída del mercado bursátil del 14% en
el 2016, lo que afecta al ahorro, golpeando, otra vez, a las clases
medias.
Según otro estudio de Fedea, los hogares con menos recursos y,
en el otro extremo, los que disponen de más, soportan una carga fiscal
desproporcionada, de tal manera que el sistema impositivo español no
consigue la reducción de la desigualdad ni logra un eficaz efecto
redistributivo. (...)
Que la independencia de Catalunya preocupe sólo al 0,6% de los
consultados por el CIS, lejos de minimizar el problema que plantea el
proceso soberanista, lo agranda porque, como escribió Ortega, “toda
realidad que se ignora prepara su venganza”. (...)
Es verdad que todas las sociedades democráticas –desde la británica, que
se juega su identidad europeísta el próximo 23-J, hasta la
norteamericana, que bascula entre el populismo de Trump y el
convencionalismo de Clinton, pasando por el previsible desplome
socialdemócrata en Francia o la alarmante pujanza de la ultraderecha en
Austria– atraviesan por circunstancias muy comprometidas que sitúan en
zona de transición sus sistemas políticos, inadaptados, seguramente, a
la velocidad de acontecimientos que fragilizan sus fundamentos.
Pero la
metamorfosis española, tan significada por el descontento ciudadano y la
precarización de sus principios de convivencia, se está convirtiendo en
un proceso de deterioro general acelerado que horada los mecanismos
necesarios para la recuperación material y moral. En estas
circunstancias se celebran las elecciones generales del 26-J (...)
Los comicios próximos son el resultado de un fracaso con escasos
precedentes en Europa y explican la hartura con la que se expresan los
ciudadanos cuando tienen la ocasión de hacerlo. Nadie, creo, tiene
autoridad moral para reprochárselo." (El junio del descontento, de José Antonio Zarzalejos, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 12/06/06)
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