14.6.16

Rajoy siempre ha entendido que Ciudadanos fue aupado para ayudarle a retener el poder. Así se lo vendieron

"Cuentan que la noche del 20 de diciembre de 2015, tras conocer el resultado de las elecciones, Mariano Rajoy se mostró muy disgustado. Pero no por haber perdido más de tres millones y medio de votos desde los anteriores comicios sino porque Ciudadanos solo había obtenido 40 escaños, cuando las encuestas pronosticaban 55 o 60, los necesarios para, pacto mediante, entregar el gobierno a Rajoy en bandeja de plata. 

Ahora resultaba que la suma de PP y Ciudadanos no alcanzaba, ni de lejos, para la investidura. De ahí que el cabreo de Rajoy no se dirigiera hacia sí mismo, la autocrítica es incompatible con su plástica cerebral, ni siquiera hacia el PP, sino contra Albert Rivera, el partido naranja y… el establishment. (...)

En 2014 supimos que existía un plan para lanzar un nuevo partido no populista, que compitiera en el nicho de la regeneración democrática, recogiera parte del voto indignado y neutralizara el empuje de Podemos. 

La fuente no reveló en ese momento detalles del partido, seguramente porque los desconocía, pero citó a miembros de la oligarquía económica que, en connivencia con un magnate de los mass media, habían decidido abrir los platós a un nuevo “actor”

Originariamente, el plan consistía en fusionar Ciudadanos con UPyD (organización impulsada a su vez, años atrás, por el entorno del PP de Madrid), dos partidos a priori perfectamente complementarios. Uno con fuerte implantación en Cataluña y el otro en el resto de España. 

Además, UPyD mostraba una brillante trayectoria reformista, denunciando la corrupción y las fallas del sistema. Y Ciudadanos exhibía una irreductible resistencia a la tiranía nacionalista en Cataluña.  (...)

 Al no entrar Rosa Díez en razón, el establishment cortó por lo sano. Eliminó a UPyD de la ecuación y, a toda prisa, convirtió a Ciudadanos en partido de implantación nacional. Mientras Díez se hacía cada vez más invisible, Rivera recibía un pase que permitía entrar en todas las televisiones. 

Lo más crucial, sin embargo, consistió en cocinar unas encuestas de intención de voto que situaran a UPyD en niveles de aceptación tan bajos que ahuyentaran el voto útil y colocaran a Ciudadanos en unas cuotas de popularidad muy superiores a las reales.

 Hecho esto, el globo comenzó a elevarse por sí solo. Por el efecto bandwagon, mucha gente tiende a votar lo que ha oído que votarán otras personas. En no pocas ocasiones, las encuestas no es que acierten: es que influyen en el resultado. (...)

Pero el futuro deparaba todavía más sopresas. Meses después, la avalancha de corrupción parecía abocar al PP a la catástrofe. Y los presidentes del IBEX decidieron ir aún más lejos. Juzgaron prudente no colocar todos los huevos en la misma cesta: mejor en dos. Realmente no abandonaron a Rajoy pero, como prudentes inversores, repartieron los riesgos en lugar de concentrarlos: pusieron una vela al PP y otra a Ciudadanos.

Aunque Mariano siguió creyendo que la oligarquía económica tan solo pretendía suministrarle un punto de apoyo para asegurarle la presidencia, lo cierto es que Ciudadanos dejó de ser un mero instrumento para restar votos a Podemos y se convirtió en uno de los caballos favoritos del IBEX, el relevo natural del PP. 

Fue su momento de gloria, cuando Albert Rivera creyó tener la Moncloa al alcance de la mano; y sus asesores, cegados por las encuestas, se emborracharon de optimismo, de autoestima, y a punto estuvieron de darse un batacazo monumental.

Visto con perspectiva, la estrategia de elevar a Ciudadanos al Olimpo de la política española no estaba exenta de problemas y dificultades. La formación carecía de experiencia más allá de su oposición al nacionalismo catalán. 

Por suerte, pudo aglutinar a un reducido grupo de mentes pensantes, personas preocupadas por España y conscientes de las reformas necesarias para ganar el futuro. Lamentablemente, las exageradas perspectivas electorales también atrajeron a una tropa de oportunistas, tránsfugas profesionales en busca de prebendas, beneficios y cargos.  (...)

Por ello, Ciudadanos tiene dos almas: una reformista y regeneradora, que ahora parece batirse en retirada, y otra proclive a la política tradicional, a la componenda y al reparto.  (...)"          (Javier Benegas, Juan M. Blanco, Vox Populi, 11/06/16)

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