"El 23 de junio el referendo respecto de la retirada británica de la Unión Europea (UE) ganó por claro margen (...)
¿Qué puntos son los que subyacen a este debate? Hay esencialmente cuatro: la furia popular hacia el llamado establishment
y sus partidos; la decadencia geopolítica de Estados Unidos; las
políticas de austeridad y la política de identidad. Todas ellas han
contribuido a este desasosiego, pero todas ellas tienen una larga
historia que precede con mucho al referendo del Brexit.
Las
prioridades entre estos cuatro puntos son diferentes para los múltiples
actores, incluidos los británicos que votaron por abandonar Europa.
Hay muy pocas dudas de que la furia antiestablishment
sea una fuerza poderosa. Con frecuencia ha hecho erupción cuando las
condiciones económicas son inciertas, como seguramente son ahora. Si
esto parece ser una motivación más fuerte ahora que antes, es probable
que se deba a que la incertidumbre económica es mucho mayor ahora que en
el pasado.
No obstante, debe anotarse que los movimientos antiestablishment
no han ganado en todas partes ni con consistencia. Algunas veces los
movimientos ganan, y es igual de frecuente que no lo hagan. En cuanto a
éxitos podemos anotar el del Brexit, el surgimiento de Trump como candidato republicano de facto
a la presidencia de Estados Unidos, que Syriza se volviera el partido
gobernante en Grecia y la elección de Rodrigo Duarte como presidente de
Filipinas.
Por otro lado, miren la derrota electoral reciente de Podemos
en España o los signos de algún remordimiento electoral ya presentes en
Gran Bretaña. El lapso de vida de tales movimientos parece ser
relativamente breve. Así que si son más fuertes hoy que en el pasado, no
es del todo seguro que tales movimientos sean la ola del futuro.
Las consecuencias geopolíticas del Brexit
son probablemente más importantes. Que Gran Bretaña se retire de Europa
le asesta un golpe adicional a la capacidad de Estados Unidos de
mantener su dominio sobre el sistema-mundo. Gran Bretaña ha sido en
muchos sentidos el aliado (¿o el agente?) indispensable geopolíticamente
de Estados Unidos en Europa, en la OTAN, en Medio Oriente y vis-a-vis
Rusia.
No hay sustituto. Es por eso que el presidente Obama, con fuerza
y públicamente, respaldó el voto de Gran Bretaña en favor de permanecer
y, después del referendo, ha buscado persuadir a Gran Bretaña de que se
mantenga como aliado cercano.
Es por eso que Henry Kissinger, en un
editorial en The Wall Street Journal del 28 de junio, llamó a que Estados Unidos busque “transformar el revés (el desasosiego del Brexit) en oportunidad”. ¿Cómo? Reforzando la
relación especialcon Gran Bretaña y haciendo que Estados Unidos redefina su papel hacia
una nueva clase de liderazgo, moviéndose de la dominación a la persuasión. Es claro que Kissinger está preocupado. A mí me suena como que silba en la oscuridad.
La
austeridad no es una política pública deseada para nadie, excepto para
los ultra ricos que lucran solos de ella. El miedo hacia una mayor
austeridad, como lo promete el gobierno británico, con seguridad
contribuyó significativamente a moverse hacia el Brexit, que fue
promovida como forma de reducir la austeridad y asegurar un mejor futuro
para la vasta mayoría de la población.
La austeridad es otro tema que
hoy es mundial –como práctica y como causa de miedo y enojo. No hay nada
especial acerca de la situación británica a este respecto. El ingreso
modal ha ido bajando ahí, por lo menos hace un cuarto de siglo, como
ocurrió en todas partes.
El desasosiego económico y los miedos
que provoca han tenido el efecto de promover la preeminencia de la
política de identidad –Gran Bretaña para los británicos (de hecho para
los ingleses), Rusia para los rusos, Sudáfrica para los sudafricanos y,
por supuesto, el Estados Unidos de Donald Trump para los estadunidenses.
Esto subraya el llamado a controlar, aun eliminar, la inmigración. Pero
la política de identidad es una bala suelta. No tiene su centro en la
inmigración. Puede concentrarse en la secesión –en Escocia, Cataluña,
Chiapas. La lista es larga.
¿Qué habremos de concluir de todas estas corrientes y contracorrientes? El Brexit
es importante como síntoma, pero no como causa del desasosiego. Dado
que éste es parte de una caótica crisis estructural en el moderno
sistema-mundo, es imposible anticipar las muchas formas en que este
escenario puede jugar en los próximos años.
El corto plazo es muy
volátil. No estamos prestándole la suficiente atención al mediano plazo
–donde habrá de decidirse cuál será el sucesor sistema-mundo (o
sistemas) de largo plazo y donde la decisión se mantendrá dependiente de
lo que hagamos en la lucha de mediano plazo." (Immanuel Wallerstein , La Jornada , Rebelión, 10-07-16)
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