"Un grupo de profesores y economistas independientes hemos realizado
un análisis detallado de la actual situación de la economía española. Lo
que hemos encontrado difiere profundamente de la versión oficial del
Gobierno. Estos son los hechos y las cifras.
Los indicadores sectoriales de producción y consumo de la economía
española han tenido, desde el año 2008, una evolución
extraordinariamente negativa, solo ligeramente corregida en los dos
últimos años. Sin embargo, estos datos no se han visto reflejados más
que muy parcialmente en los indicadores agregados de valor añadido, es
decir, los datos del PIB.
Tan extraña situación, es decir, una desvinculación de los datos de producción y valor añadido en medio de una profundísima recesión, se ha “explicado” oficialmente por una destrucción selectiva de actividades de muy bajo valor añadido mientras que al mismo tiempo se incrementaba el valor añadido generado por los sectores que sobrevivían.
Esta hipótesis no se ve respaldada por los datos conocidos, que son fundamentalmente las tablas input-output de la economía española y la macroencuesta que realiza el Banco de España a nivel empresarial (Central de Balances).
En el primer caso, si acudimos a las últimas tablas input-output previas a la crisis (2007), vemos que las actividades relacionadas con la construcción, si bien están en cuanto al valor añadido generado por unidad producida ligeramente por debajo de la media de la economía, no presentan ni remotamente una desviación como para que su destrucción tenga una influencia significativa sobre la productividad de los factores.
En el segundo, la Central de Balances del Banco de España, observamos una caída del 17,8% del valor añadido a precios corrientes entre 2008 y 2014 mientras que la de la producción fue solo del 15,2%. Esto lo que quiere decir es que durante ese período la productividad de los factores no solo no aumentó sino que disminuyó en 2,6 puntos porcentuales.
Esto en nuestra opinión desmiente totalmente la hipótesis de que el valor añadido, que es lo que refleja el PIB, pudo disminuir desde el estallido de la crisis mucho menos que la producción. Antes bien, los datos del Banco de España indican justo lo contrario.
Por lo tanto todo pone de manifiesto que han existido problemas muy importantes en la elaboración de la Contabilidad Nacional que hacen que la cifra realmente informada por el INE difiera profundamente de la realidad.
Así las cosas, comprobamos diariamente la ausencia de voluntad política para reducir el déficit de España.
El Gobierno después de incumplir todos los objetivos de déficit durante cuatro años, incluidas las ampliaciones acordadas por Bruselas a cambio de recortes que jamás hizo, ahora pide otra moratoria de tres años, pero el problema es que el déficit está totalmente fuera de control, los datos conocidos de 2016 son sencillamente catastróficos, en el primer cuatrimestre en vez de una reducción del 28% se han incrementado en un 18%, lo que lleva el déficit de este año al 6,4%, casi el doble del objetivo ampliado por Bruselas.
Adicionalmente resulta absolutamente clara la imposibilidad de que España devuelva su deuda. Solo el soporte ilimitado del BCE y el blindaje de la prima de riesgo que ha rebajado los tipos de interés pagados a niveles históricamente bajos permite mantener artificialmente esta situación insostenible, pero a costa de inflar cada vez nuestra gigantesca burbuja de deuda, que será la ruina de las generaciones futuras.
Si analizamos la evolución de la deuda de acuerdo con el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), esta ha pasado del 37,9% del PIB en 2007 al 99,2% a final de 2015. Pero la deuda PDE no es toda la deuda. El PDE se basa en una directiva Europea que aplica Bruselas a aquellos países que tienen un déficit público superior al 3% (caso de España), eliminando del cómputo las denominadas “inversiones comerciales” (por ejemplo la inversión en infraestructuras y la deuda de las empresas públicas).
La deuda pública total está constituida por los pasivos en circulación menos las deudas entre AAPP, ambas publicadas trimestralmente por el Banco de España, y que en diciembre de 2105 alcanzó un valor de 1,3 billones de euros.
Esta deuda total ha pasado del 41,7% del PIB en 2007 al 119,7% a final de 2015. Y aquí se produce la primera diferencia “inexplicable”, que el gap entre deuda total y deuda PDE se ha incrementado desde el 10% al 20,7% en el periodo 2007-2015.
Resulta sorprendente que ante una discrepancia tan enorme como injustificada ni la Autoridad Fiscal Independiente (AIReF) que está precisamente para eso, ni la Comisión Europea hayan investigado tan sorprendente hecho.
Y sin embargo la explicación más plausible es muy sencilla: en las diferentes AAPP con toda probabilidad numerosos conceptos “computables” han pasado a ser “no computables”, por lo que si asumimos que la relación entre deuda total y deuda PDE se ha mantenido invariable, lo que se debe aproximar mucho a la realidad, la deuda PDE a final 2015 debería ser del 107,7% y no del 99,2%. La inacción de la AIReF y de la Comisión ante manipulaciones tan obvias los convierte en colaboradores necesarios en el engaño a los españoles y a los mercados.
Pero la segunda diferencia es mucho mayor y en consecuencia mucho más grave. Desde principios de 2008 el Banco de España primero y el INE después según indican todos los datos disponibles informaron de datos excesivamente positivos primero y luego mucho menos negativos de la evolución de la economía española, empezando por el IV Trimestre de 2007, algo que ayudó a que el PSOE ganara las elecciones generales de 2008.
A partir de ese momento las Cuentas Nacionales sobrevaloraron sistemáticamente el crecimiento, de forma que a día de hoy el PIB real es un 18,7% inferior al oficial. Es la conclusión principal de nuestro análisis. (...)" (J.C. Barba, J. Laborda, J.C. Bermejo, R. Centeno, Vox Populi, 04/07/16)
Tan extraña situación, es decir, una desvinculación de los datos de producción y valor añadido en medio de una profundísima recesión, se ha “explicado” oficialmente por una destrucción selectiva de actividades de muy bajo valor añadido mientras que al mismo tiempo se incrementaba el valor añadido generado por los sectores que sobrevivían.
Esta hipótesis no se ve respaldada por los datos conocidos, que son fundamentalmente las tablas input-output de la economía española y la macroencuesta que realiza el Banco de España a nivel empresarial (Central de Balances).
En el primer caso, si acudimos a las últimas tablas input-output previas a la crisis (2007), vemos que las actividades relacionadas con la construcción, si bien están en cuanto al valor añadido generado por unidad producida ligeramente por debajo de la media de la economía, no presentan ni remotamente una desviación como para que su destrucción tenga una influencia significativa sobre la productividad de los factores.
En el segundo, la Central de Balances del Banco de España, observamos una caída del 17,8% del valor añadido a precios corrientes entre 2008 y 2014 mientras que la de la producción fue solo del 15,2%. Esto lo que quiere decir es que durante ese período la productividad de los factores no solo no aumentó sino que disminuyó en 2,6 puntos porcentuales.
Esto en nuestra opinión desmiente totalmente la hipótesis de que el valor añadido, que es lo que refleja el PIB, pudo disminuir desde el estallido de la crisis mucho menos que la producción. Antes bien, los datos del Banco de España indican justo lo contrario.
Por lo tanto todo pone de manifiesto que han existido problemas muy importantes en la elaboración de la Contabilidad Nacional que hacen que la cifra realmente informada por el INE difiera profundamente de la realidad.
Una situación económica insostenible
Ello tiene repercusiones profundísimas sobre la sostenibilidad de la economía española, ya que si asumimos, en la más conservadora de las hipótesis, que el PIB real ha evolucionado en paralelo a los datos de producción de nuestra economía, el PIB real sería un 18,7% inferior al oficial, y el déficit y la deuda pública en relación al PIB entre un 20 y un 25% superiores a las cifras publicadas por nuestras autoridades.Así las cosas, comprobamos diariamente la ausencia de voluntad política para reducir el déficit de España.
El Gobierno después de incumplir todos los objetivos de déficit durante cuatro años, incluidas las ampliaciones acordadas por Bruselas a cambio de recortes que jamás hizo, ahora pide otra moratoria de tres años, pero el problema es que el déficit está totalmente fuera de control, los datos conocidos de 2016 son sencillamente catastróficos, en el primer cuatrimestre en vez de una reducción del 28% se han incrementado en un 18%, lo que lleva el déficit de este año al 6,4%, casi el doble del objetivo ampliado por Bruselas.
Adicionalmente resulta absolutamente clara la imposibilidad de que España devuelva su deuda. Solo el soporte ilimitado del BCE y el blindaje de la prima de riesgo que ha rebajado los tipos de interés pagados a niveles históricamente bajos permite mantener artificialmente esta situación insostenible, pero a costa de inflar cada vez nuestra gigantesca burbuja de deuda, que será la ruina de las generaciones futuras.
Si analizamos la evolución de la deuda de acuerdo con el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), esta ha pasado del 37,9% del PIB en 2007 al 99,2% a final de 2015. Pero la deuda PDE no es toda la deuda. El PDE se basa en una directiva Europea que aplica Bruselas a aquellos países que tienen un déficit público superior al 3% (caso de España), eliminando del cómputo las denominadas “inversiones comerciales” (por ejemplo la inversión en infraestructuras y la deuda de las empresas públicas).
La deuda pública total está constituida por los pasivos en circulación menos las deudas entre AAPP, ambas publicadas trimestralmente por el Banco de España, y que en diciembre de 2105 alcanzó un valor de 1,3 billones de euros.
Esta deuda total ha pasado del 41,7% del PIB en 2007 al 119,7% a final de 2015. Y aquí se produce la primera diferencia “inexplicable”, que el gap entre deuda total y deuda PDE se ha incrementado desde el 10% al 20,7% en el periodo 2007-2015.
Resulta sorprendente que ante una discrepancia tan enorme como injustificada ni la Autoridad Fiscal Independiente (AIReF) que está precisamente para eso, ni la Comisión Europea hayan investigado tan sorprendente hecho.
Y sin embargo la explicación más plausible es muy sencilla: en las diferentes AAPP con toda probabilidad numerosos conceptos “computables” han pasado a ser “no computables”, por lo que si asumimos que la relación entre deuda total y deuda PDE se ha mantenido invariable, lo que se debe aproximar mucho a la realidad, la deuda PDE a final 2015 debería ser del 107,7% y no del 99,2%. La inacción de la AIReF y de la Comisión ante manipulaciones tan obvias los convierte en colaboradores necesarios en el engaño a los españoles y a los mercados.
Pero la segunda diferencia es mucho mayor y en consecuencia mucho más grave. Desde principios de 2008 el Banco de España primero y el INE después según indican todos los datos disponibles informaron de datos excesivamente positivos primero y luego mucho menos negativos de la evolución de la economía española, empezando por el IV Trimestre de 2007, algo que ayudó a que el PSOE ganara las elecciones generales de 2008.
A partir de ese momento las Cuentas Nacionales sobrevaloraron sistemáticamente el crecimiento, de forma que a día de hoy el PIB real es un 18,7% inferior al oficial. Es la conclusión principal de nuestro análisis. (...)" (J.C. Barba, J. Laborda, J.C. Bermejo, R. Centeno, Vox Populi, 04/07/16)
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