"No se puede contar con Alemania, con la actual Alemania, señala FL y
parece razonable su afirmación, para una forma común monetaria “que no
cumpla sus condiciones”. Por ello, por el momento, habrá que pensar en
una alternativa que la deje fuera. (...)
¿Cambiar? Cambiar sería aquí, creer, sostener, apostar, que se puede
pasar del actual euro -del euro austeritario en palabras del autor- a
un euro, ¡por fin un final feliz!, renovado, progresista y social, muy
social. No habrá tal en opinión de FL. ¿Por qué? Por lo siguiente:
Además de la intransigencia alemana (del gobierno alemán y sistemas
afines debería haber escrito FL, un pelín nacionalista en bastantes
ocasiones), basta recordar que en el estado “de incrustación
institucional de la actual unión monetaria” -otra de sus tesis
razonables- no existe instancia política alguna que lo permita.
(...) todo proyecto de transformación significativa del euro (...) es
ipso facto un proyecto que menoscaba el poder de los mercados
financieros y expulsa a los inversiones internacionales de los ámbitos
en que se deciden las políticas públicas.
(...) dos conclusiones encadenadas.
La primera: los mercados jamás
permitirán (si pueden permitirlo, habría que haber añadido) que delante
de sus narices se conciba un proyecto cuya finalidad evidente sea
privarles de su poder disciplinario. El realismo sucio y zafio sería una
forma afable de designar sus actividades.
La segunda: en cuanto
dicho proyecto tuviera un mínimo de consistencia política y de
posibilidades de llevarse a efecto, se desataría una ola especulativa,
una aguda crisis de mercados que no dejarían ningún margen para la
institucionalización de una moneda alternativa. Ninguno. De tal modo
que, en tales condiciones, la única salida sería volver a las monedas
nacionales pero de forma impuesta y sin condiciones de sosiego. (...)
Problema pendiente, el gran problema: ¿con qué fuerzas contamos en
estos momentos para poner un cascabel a un gato tan enorme, despiadado,
antiobrero y salvaje?
Hay que empezar a hacerlo, pasito a
pasito. De acuerdo. Acaso sea este el programa de la hora. Una larga
marcha que exige conquistas parciales, no perder el rumbo y mucha
paciencia y pedagogía. Y atención, mucha atención, para asestar un golpe
audaz. Y algo más: no engañarnos y no engañar a nadie. Aunque la
verdad, en ocasiones, cueste echarla de la boca. (...)"
Tomo pie en un paso argumentativo del libro de Frédéric Lordon [FL] sobre la moneda europea y la soberanía democrática [1].
[1] Frédéric Lordon, La chapuza. Moneda europea y soberanía democrática, Vilassar de Dalt, El Viejo Topo, 2016, pp. 175-176." (Salvador López Arnal , Rebelión, 01/06/16)
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