"(...) En los primeros años de la Transición, los políticos no quisieron
hacer nada, incluso los de izquierdas. Recuerdo haber tenido discusiones
con Alfonso Guerra, y decirme este: “No es el momento, es muy
peligroso”. Cosa que se puede entender, porque en los primeros años de
la Transición...
¿Cómo se vivió aquello?
Una de las (muchas) cosas que a mí me cabrean es quien dice que la
Transición fue un desastre. Fue la mejor posible en unas circunstancias
tremendamente peligrosas. Hay que pensar que, en el momento de morir
Franco, había unas Fuerzas Armadas entrenadas no para defender España
del enemigo exterior sino del interior.
Y además estaba la Guardia
Civil, que ahora es una tropa de buenazos que controlan el tráfico pero
que entonces era acojonante; lo recuerdo muy bien, porque yo era
estudiante en España a finales de los años sesenta. Y los grises,
es decir, la policía armada, que también eran unos hijos de puta.
A eso
se le sumaban 200.000 falangistas con licencias de armas. Entre esto y
el franquismo sociológico --los que se habían criado en él o beneficiado
de él--, no es de extrañar que se diera lo que se ha venido a llamar
“el pacto del olvido”, no remover las cenizas, no profundizar en la
memoria histórica.
Aunque, afortunadamente, existía un miniejército de
historiadores locales que sí lo estudiaron. Aun así, hoy en día quedan
provincias enteras donde no se ha investigado nada; claro, gobernadas
por el PP.
Y las izquierdas, ¿no han tenido problemas también con su propia memoria?
Como en cualquier problema histórico, siempre hay montones de
interpretaciones. Evidentemente, aquellos que siguen la línea CNT-FAI o
la línea POUM acusan a Negrín, a la mayoría de los socialistas y, sobre
todo, al Partido Comunista, de ser unos asesinos.
¿Por qué? Porque estos
últimos habían llegado a la conclusión de que, para proseguir la
guerra, había que hacer un esfuerzo bélico convencional: la idea de los
anarquistas y el POUM de hacer una guerra revolucionaria chocaba con las
necesidades de guerra. ¿De dónde iban a sacar las armas? Habría sido
cuestión de llamar por teléfono a Franco y decir “¿A usted le importa
dejar de hacer la guerra unos 5 o 10 años mientras nosotros hacemos
nuestra revolución? Y luego ya volvemos”.
¡Una chuminada! Aparte de las
peleas, realmente desagradables, entre profranquistas y prorrepublicanos
en la historiografía de la guerra, dentro de la izquierda, como decís,
hay también muchas disputas. (...)" (Entrevista a Paul Preston, CTXT, 16/07/16)
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