"La semana pasada hemos tenido noticia del magro resultado de las
gestiones realizadas para recuperar el dinero invertido en el rescate de
las entidades bancarias. De la cuantía final de 51 mil millones de
euros, sólo se han recuperado, hasta la fecha, 2.686 millones.
Es decir,
que estamos a la espera de saber qué pasará –si es que pasa algo-- con
los otros 48.324 millones de euros. En cualquier caso, ya se ha
informado de que una parte será completamente irrecuperable. (...)
Recapitulemos: el sistema financiero español realizó durante una década
una política crediticia arriesgada y basada en el principio de que la
propiedad inmobiliaria no baja nunca de precio. Pidieron prestado al
exterior –en mercados mayoristas, o a instituciones financieras del
norte de Europa-- para, aprovechando los bajos tipos de interés, colocar
hipotecas sobrevaloradas y financiar proyectos inmobiliarios, amén de
otras operaciones de dudoso interés, como la participación de Cajamadrid
en las radiales.
Cuando estalla la burbuja inmobiliaria, comienzan los
impagos y muchas promociones inmobiliarias van a la quiebra, entrando
como pérdidas en los balances de las entidades. Donde antes ponía 1000,
luego puso 500. Este deterioro de activos ponía en riesgo la capacidad
de las entidades para devolver sus préstamos y garantizar los depósitos
de los clientes.
Los bancos –y el estado-- perdieron la confianza del
sistema crediticio internacional y se encontraron con serias
dificultades para devolver el dinero que habían tomado prestado de la
banca internacional.
En la estructura financiera de un banco, cuando hay pérdidas, las
categorías para responder a esas pérdidas siguen un orden preciso:
primero responden los accionistas; cuando los accionistas ya no tienen
más dinero, responden los deudores denominados “junior” –en España, las
preferentes y subordinadas, de tan infausto recuerdo-- si ese dinero no
es suficiente, responden los deudores senior –los préstamos de otros
bancos, los tenedores de bonos-- y sólo al final se tocan los depósitos.
Es decir, en un banco, lo último que se pierden son los depósitos de
los ahorradores, ya que primero se deben haber agotado las otras vías de
respuesta ante pérdidas. Con el rescate bancario, el estado inyectó
dinero suficiente para que los deudores sénior no sufrieran ningún tipo
de pérdidas, limitando el alcance de las mismas a los accionistas y a
los tenedores de productos junior –preferentes y subordinadas--.
De no
haber inyectado el dinero del rescate, los bancos españoles se podrían
haber declarado en quiebra y no devolver parte de sus préstamos
internacionales, lo cual hubiera trasladado el problema a la banca
internacional: francesa, alemana y holandesa, entre otras.
De esta
manera, el dinero público inyectado en el sistema financiero español
permitió que los bancos del norte de Europa no sufrieran pérdidas por
los impagos de los bancos españoles.
El ciclo del dinero fue el siguiente: el Mecanismo Europeo
de Estabilidad prestó dinero a España a través del FROB (Fondo de
Reestructuración Ordenada de la Banca) el cual a su vez lo inyectó en
los bancos españoles, que recuperaron solvencia para poder seguir
devolviendo los préstamos a los bancos del norte de Europa.
El plan era
ideal si no fuera por un pequeño detalle: España tiene que devolver el
dinero al Mecanismo Europeo de Estabilidad, y, por lo que parece, ese
dinero no va a salir de nuestro sector financiero.
Saldrá de nuestros
impuestos, que en vez de dedicar a la mejora de nuestro sistema
educativo, o a revertir los recortes en sanidad, o a luchar contra la
pobreza infantil, deberán ser destinados a repagar el préstamo “en
condiciones ventajosas” que nos ofrecieron las instituciones europeas.
De todo este cálculo, el Estado da por perdidos definitivamente 26 mil millones de euros. (...)
Las malas decisiones de la burbuja inmobiliario financiera, la política
de dejar pasar las señales de alarma, la perversión del modelo de las
cajas de ahorro –que nunca deberían haber tomado esos niveles de
riesgo-- y la querencia al enriquecimiento rápido combinaron en un
cóctel explosivo que no nos ha salido gratis. Todo lo contrario.
Pero
los bancos del norte, que prestaron su dinero a los bancos españoles sin
hacer una adecuada ponderación del riesgo que asumían, también tienen
parte de responsabilidad en todo esto y, sin embargo, no han pagado
ninguna de sus consecuencias. Sus balances no se han deteriorado por su
exposición indirecta al ladrillo en España.
Parte del dinero que
podríamos estar dedicando, hoy, a sacar a los niños de la pobreza y la
exclusión social, duerme tranquilo en las reservas de los bancos
internacionales. Ojalá aprendamos para que esto no vuelva a suceder.
Pero me temo que no va a ser así." (José Moisés Martín Carretero, CTXT, 14/09/16)
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