"La votación del Reino Unido a favor de salir, aunque por un margen
muy estrecho, de la Unión Europea (UE) tuvo como fundamento razones
específicamente británicas.
Y, no obstante, también es como el
proverbial canario en la mina de carbón, envía señales sobre una amplia
reacción populista y nacionalista –al menos en las economías avanzadas–
en contra de la globalización, el libre comercio, la deslocalización, la
migración laboral, las políticas orientadas al mercado, las autoridades
supranacionales, e incluso en contra del cambio tecnológico.
Todas
estas tendencias reducen los salarios y el empleo de los trabajadores
con bajas cualificaciones en las economías avanzadas, que son economías
que tienen escasez de mano de obra y son ricas en capital, y los
incrementan en las economías emergentes que tienen abundancia de mano de
obra.
Los consumidores en las economías avanzadas se benefician de la
reducción de los precios de los productos objeto de comercio; pero, los
trabajadores con bajas e incluso medianas cualificaciones pierden
ingresos ya que sus salarios de equilibrio caen y sus puestos de trabajo
se ven amenazados.
En la votación «Brexit», las líneas divisorias
estuvieron claras: ricos frente a pobres, ganadores frente a perdedores
del comercio y la globalización, cualificados frente a no cualificados,
personas con un alto nivel de educación formal frente a personas con un
menor nivel de educación formal, jóvenes frente a personas maduras, lo
urbano frente a lo rural, y comunidades diversas frente a comunidades
más homogéneas.
Las mismas líneas divisorias están apareciendo en otras
economías avanzadas, incluyendo en las de Estados Unidos y la Europa
continental. (...)
en Estados Unidos, Donald Trump se ha convertido en el héroe de los
trabajadores enojados y amenazados por el comercio, la migración y el
cambio tecnológico. En el Reino Unido, el voto Brexit fue fuertemente
influido por el temor a que los inmigrantes provenientes de países de la
UE con bajos salarios (el proverbial «fontanero polaco») se apoderen de
los puestos de trabajo y de los servicios públicos de los ciudadanos.
En
Europa continental y la eurozona, sin embargo, las condiciones
económicas son mucho peores. La tasa promedio de desempleo se sitúa por
encima del 10% (y es mucho mayor en la periferia de la eurozona –más del
20% en Grecia y España) con un desempleo juvenil superior al 30%.
En la
mayoría de estos países, la creación de empleo es anémica, los salarios
reales están cayendo, y los mercados duales de mano de obra se traducen
en que en el sector formal, los trabajadores sindicalizados tienen
buenos salarios y beneficios, mientras que los trabajadores más jóvenes
tienen empleos precarios que pagan salarios más bajos, no proporcionan
ninguna seguridad en el empleo, y ofrecen pocos o ningún beneficio.
En
lo político, las tensiones de la globalización vienen por partida
doble. En primer lugar, los partidos dentro del sistema tradicional de
derecha e izquierda, que desde hace más de una generación apoyaron al
libre comercio y la globalización, están siendo cuestionados por
partidos anti-sistema, nativistas, nacionalistas y populistas.
En
segundo lugar, los partidos del sistema están siendo perturbados –e
incluso hasta destruidos– desde dentro, en la medida que surgen
defensores de la anti-globalización y desafían la ortodoxia
convencional. (...)
Después de la crisis financiera del año 2008, los perdedores de la
globalización comenzaron a organizarse y encontrar a los campeones
anti-sistema, tanto en la izquierda y la derecha. En la izquierda, los
perdedores en el Reino Unido y Estados Unidos, especialmente los
jóvenes, encontraron campeones en los partidos tradicionales de centro
izquierda: Jeremy Corbyn en el Partido Laborista del Reino Unido, y
Bernie Sanders en el Partido Demócrata de Estados Unidos.
Las
líneas divisorias más profundas surgieron entre los partidos de
centro-derecha. Estos partidos –los republicanos en Estados Unidos, los
conservadores en el Reino Unido, y los partidos de centro-derecha en
toda Europa continental– enfrentan una revuelta interna contra sus
propios líderes.
El surgimiento de Donald Trump –un líder anti-comercio,
anti-migración, anti-musulmanes, y nativista– es un reflejo de un hecho
incómodo para las corrientes tradicionales republicanas: el votante
promedio del partido está más cerca de aquellos que han perdido a
consecuencia de la globalización.
Una revuelta similar tuvo lugar en
Partido Conservador del Reino Unido, donde los perdedores de la
globalización se han congregado en torno de la campaña «Salir» del
partido o han desplazado su apoyo hacia el Partido de la Independencia
del Reino Unido.
En la Europa continental, donde los sistemas
parlamentarios multipartidistas son prevalentes, la fragmentación
política y la desintegración son aún más graves que en el Reino Unido y
Estados Unidos.
En la periferia de la UE, los partidos anti-sistema
tienden a ser de la izquierda: Syriza en Grecia, Movimiento Cinco
Estrellas de Italia, Podemos de España, los partidos de izquierda en
Portugal.
En el núcleo de la UE, estos partidos tienden a ser de la
derecha: Alternativa para Alemania, el Frente Nacional de Francia, y
partidos similares de extrema derecha en Austria, los Países Bajos,
Dinamarca, Finlandia, Suecia, y en otros lugares.
(...) la teoría económica sugiere que se puede hacer que la globalización
beneficie a todos, siempre y cuando los ganadores compensen a los
perdedores. Esto puede tomar la forma de compensación directa o mayor
provisión de bienes públicos gratuitos o casi libres (por ejemplo,
educación, reentrenamiento, asistencia sanitaria, prestaciones por
desempleo, beneficios de pensiones trasferibles). (...)
En la Unión Europea continental, los partidos del sistema se
mantienen en el poder, en parte debido a que sus países mantienen
extendidos sistemas de bienestar social.
La reacción contra la globalización
es real y creciente. Sin embargo, puede ser contenida y gestionada a
través de políticas que compensen a los trabajadores por sus daños y
costos colaterales. Sólo mediante la promulgación de dichas políticas,
los perdedores de la globalización empezaran a pensar que, con el
transcurso del tiempo, ellos también podrán unirse a las filas de los
ganadores." (Nouriel Roubini
, Nueva Sociedad, Julio 2016)
No hay comentarios:
Publicar un comentario