"Ocho años después de la quiebra de Lehman Brothers que provocó el peor
colapso del crédito desde el crack de 1929, de nuevo un banco, el
Deutsche Bank, hace que, según el FMI y la FED, se cierna una amenaza
sobre el sistema financiero mundial. El modelo de Deutsche Bank, con un
balance de 1,8 billones de euros y unos fondos propios limitados a
62.000 millones, es insostenible. (...)
Paralelamente, Deutsche Bank se enfrenta a la multiplicación de
contenciosos ligados a una desconsiderada cultura del riesgo y de los
bonus, que le ha llevado a especializarse en operaciones al límite de la
legalidad: subprimes, manipulaciones de las tasas de interés, rodeo de
las sanciones internacionales contra Rusia, o derivados para ocultar
2.000 millones de pérdidas de Monte dei Paschi en Italia. (...)
La sanción de 14.000 millones de dólares prevista por la justicia
norteamericana daría el golpe de gracia a Deutsche Bank. Una vez tenidas
en cuenta las provisiones de 6.000 millones inscritas en sus cuentas,
la misma amputaría al banco del 40% de su capitalización bursátil,
reducida ya a 17.000 millones de euros, provocando la huida de sus
contrapartes y el pánico de sus depositantes.
A pesar de su carácter
tardío, de su montante desmesurado y de su naturaleza política, la
sanción contemplada por Estados Unidos presenta el mérito de hacer ver
la verdad sobre la situación de Deutsche Bank.
Hoy está menos protegido
por sus activos líquidos de 223.000 millones de euros que por su nombre,
que permite pensar que se beneficia de una garantía del Estado alemán, y
sobre todo por su estatuto de institución financiera sistémica, como
ejemplo del Too Big To Fail.
Deutsche Bank pone de manifiesto la situación crítica del sistema
bancario europeo que no ha sido ni recapitalizado ni reestructurado, a
pesar de un stock de créditos dudosos de más de 900.000 millones de
dólares según el FMI. Alemania sigue enfrentándose a las dificultades
del Commerzbank, que ha anunciado la supresión del 20% de sus efectivos.
Los bancos italianos se hunden bajo el peso de los créditos dudosos, a
imagen de Unicredito y de Monti dei Paschi, mostrando unas necesidades
de recapitalización comprendidas entre los 85.000 y los 100.000 millones
de euros.
España sigue sin haber acabado todavía con las secuelas de su
burbuja inmobiliaria y financiera, mientras Portugal debe hacer frente
al colapso del Santo Espirito. El sistema bancario griego solamente
sobrevive gracias a las ayudas de la Unión Europea y a los 60.000
millones de euros de las financiaciones de urgencia del BCE.
Ni el mundo ni Europa pueden permitirse el lujo de un nuevo choque
financiero. El hundimiento del Deutsche Bank está excluido. Pero
mantenerse a la espera ya no es una opción. El salvamento implica una
intervención pública, comparable a lo que se hizo en Estados Unidos y
Reino Unido en 2008.
Como cualquier aumento de capital por el mercado parece muy difícil en
el nivel de precios actual y el recurso al mecanismo de socorro del BCE
podría acelerar el contagio que se trata de evitar a toda costa, no hay
alternativa a una ayuda pública. (...)
La crisis de Deutsche Bank pone de manifiesto la incoherencia de la
regulación financiera europea, así como el carácter inaplicable y
peligroso de las reglas fijadas para la resolución de los siniestros
bancarios. (...)" (Nicolás Baverez, El País, 10/10/16)
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