31.10.16

¿Por qué Tsipras enterró la suspensión de pago y la auditoría de la deuda mucho antes de las elecciones de 2015?

"Un examen profundo de las causas que llevaron a la capitulación del gobierno griego en julio de 2015 y a la firma del tercer memorando permite trazar una de las principales líneas de separación de este periodo, una separación que no es un simple asunto de balance histórico, sino que reviste un carácter directamente político.  (...)

Éric Toussaint no puede ser más claro con respecto a las razones de esa deriva. Como lo señala en esta entrevista: «el núcleo alrededor de Tsipras -no hablo ni del comité político de Syriza, ya que sus miembros fueron excluidos de las decisiones capitales, ni de los miembros del comité central, a los que también se los mantuvo aparte-, con Yanis Dragasakis, el viceprimer ministro actual que tiene un papel clave, tomó en los momentos decisivos la siguiente orientación: Hay que evitar a cualquier precio el enfrentamiento con el gran capital griego, los banqueros griegos y los armadores.» Los intereses de los dos últimos están enlazados, totalmente intrincados. Así mismo, ese núcleo consideraba que había que evitar el enfrentamiento con las instituciones europeas».

Como sabemos, el compromiso de no ruptura con el euro y la UE, a cualquier precio, y la sumisión absoluta al marco fijado por la OTAN , también formaban parte integrante de esa opción.

Éric Toussaint, con el fin de conservar la posibilidad de intervenir de la manera más eficaz posible en su propio campo, o sea el de la deuda pública, y con buen juicio se cuidó de entrar, en ese momento, en el debate sobre el euro. Actualmente, como lo señala en esta entrevista, considera la salida del euro como una etapa necesaria para cualquier país de la periferia europea que quiera revertir las políticas de austeridad y romper las cadenas de la «deudocracia». (...)

Según tu opinión, ¿Alexis Tsipras realizó un cambio hacia la moderación después del éxito electoral de mayo-junio de 2012?

Durante una entrevista con Tsipras en octubre de 2012 mis dudas sobre su cambio de orientación fueron confirmadas. Dos días antes, el The Wall Street Journal había publicado las notas secretas de la reunión del FMI del 9 de mayo de 2010, que indicaban explícitamente que una decena de miembros de la dirección del FMI (de 24 miembros) estaba en contra del memorando ya que asumían que no iba a funcionar, puesto que era un rescate de los bancos franceses y alemanes y no un plan de ayuda a Grecia.

 Se lo dije a Tsipras y a su asesor económico: Tenéis un argumento fuertísimo para luchar contra el FMI, porque si se tiene la prueba de que el FMI sabía que su programa fracasaría y sabía que la deuda no era sostenible, ese es el material que nos permite llevar adelante la campaña sobre la ilegitimidad y la ilegalidad de la deuda .» Tsipras me respondió: «Pero, escucha…. El FMI se distancia de la Comisión Europea.» 

Me di cuenta de que se le había metido en la cabeza que el FMI podría ser un aliado de Syriza en caso de que éste accediera al gobierno. Al día siguiente, el 6 de octubre de 2012, Alexis Tsipras y yo dimos una conferencia pública ante 3.000 personas durante el primer festival de la juventud de Syriza. Me di cuenta de que mi discurso, que insistía en la necesidad de adoptar una orientación radical a escala europea, no le gustaba. |19

Es evidente que esta experiencia griega ha sido especialmente memorable, aunque finalmente haya abortado… ¿Cómo lo explicáis?

La capitulación griega ha sido también una capitulación ante los intereses financieros dominantes ligados al sistema-deuda. Esa experiencia también fue la ocasión de una recomposición inédita del campo político griego y se gestó en los cambios de orientación política del pequeño círculo de asesores y cargos electos gravitando en torno a Tsipras.

 Mi hipótesis es clara: el núcleo alrededor de Tsipras —no hablo ni del comité político de Syriza, ya que sus miembros fueron excluidos de las decisiones capitales, ni de los miembros del comité central, a los que también se los mantuvo aparte—, con Yanis Dragasakis, el viceprimer ministro actual que tiene un papel clave, tomó en los momentos decisivos la siguiente orientación: «Hay que evitar a cualquier precio el enfrentamiento con el gran capital griego, los banqueros griegos y los armadores.» 

Los intereses de los dos últimos están enlazados, totalmente intrincados. Así mismo, ese núcleo consideraba que había que evitar el enfrentamiento con las instituciones europeas. A raíz de eso, se produjeron toda una serie de renunciamientos en cadena: «Si se quiere evitar el enfrentamiento con esos dos enemigos, es necesario dar garantías a los banqueros griegos y decirles que en caso de la ascensión de Syriza al gobierno, sus intereses no se verán afectados. 

Por lo tanto, ninguna nacionalización u otras medidas coercitivas con respecto a los bancos.» Con respecto a la Unión Europea, con el fin de evitar la confrontación era necesario apartar la auditoría y la suspensión de pagos. También había que prometer que un gobierno de Syriza respetaría la disciplina presupuestaria exigida por las instancias europeas. 

Por ello Syriza afirmó en su programa de Tesalónica, con el que se presentó a las elecciones del 25 de enero de 2015, que las medidas para ir contra la austeridad serían contrabalanceadas por una recaudación fiscal capaz de garantizar el respeto al presupuesto previsto para 2015 por el gobierno precedente. 

El núcleo alrededor de Tsipras y Dragasakis razonaba de la siguiente manera: «Si no tocamos a los banqueros y si respetamos la disciplina presupuestaria exigida por Bruselas, nos dejaran llegar al gobierno y podremos gobernar».

¿Es posible conocer la composición de ese núcleo duro en torno a Tsipras y su evolución? ¿Cómo lo habéis percibido a través de la cuestión de la auditoría?

Antes de la victoria electoral de Syriza, tuve dos encuentros personales con Alexis Tsipras. La primera vez fue en octubre de 2012 como ya lo indiqué. |20| Alexis Tsipras estaba acompañado de John Milios, |21| quien en esa época era su asesor especial sobre las cuestiones económicas. John Milios no era partidario de la auditoría de la deuda y de la suspensión de pagos. 

Finalmente fue apartado por Tsipras, a partir de fines de 2014 debido a razones de orientación política, aunque realmente fuera muy moderado… El otro asesor económico que dejó su impronta en el seno del equipo de Tsipras fue Yanis Dragasakis, |22| un personaje muy influyente. Fue viceprimer ministro en el primer gobierno de Tsipras y todavía lo es, y dirige la política económica.

 Dragasakis mantenía desde hacía largo tiempo relaciones con los banqueros. Fue administrador de un banco comercial de tamaño medio, y constituyó, de alguna manera, el puente entre Tsipras y los banqueros. Syriza era una formación nueva, y por lo tanto sus líderes políticos tenían relativamente poco arraigo en las esferas estatales —contrariamente, por ejemplo, al partido socialista francés, cuya historia está ligada a la República y a la gestión de los asuntos de Estado—. 

Con respecto a esto, el perfil de ese nuevo asesor económico próximo a Tsipras desentonó. Mientras que en 2012 y 2013, entre los dirigentes de Syriza no había nadie que hubiera ocupado una función en el Estado, el único que había sido ministro en un momento dado, durante algunos meses en 1989, era Dragasakis. |23| 

Había participado en un gobierno de coalición entre el partido de derecha Nueva Democracia y el partido comunista (KKE), del que Dragasakis formaba parte. Dragasakis era claramente opuesto a una auditoría de la deuda y a una suspensión de pagos.

¿Cómo se ha manifestado esa pusilanimidad nueva de Syriza frente a los poderes del dinero? ¿Cuáles eran las divergencias sobre la cuestión de la deuda?

Una de las iniciativas que deseaba emprender Alexis Tsipras era la convocatoria de una gran conferencia internacional sobre la reducción de la deuda en Atenas en marzo de 2014. Tsipras, bajo la presión de Sofia Sakofara, diputada de Syriza desde 2012, me encontró de nuevo en octubre de 2013 y me pidió mi contribución a la celebración de esa conferencia, convenciendo a una serie de personalidades internacionales para que respondieran afirmativamente a la invitación.

 Confeccioné una lista de participantes y lo discutimos con Alexis Tsipras, Sofia Sakofara y Dimitri Vitsas, secretario general de Syriza en eses momento. Había propuesto que se invitara a personalidades como Rafael Correa, Diego Borja (ex director del Banco Central de Ecuador), Joseph Stigltz, Noam Chomsky, Susan George, David Graeber, Naomi Klein, así como a miembros de la comisión de auditoría ecuatoriana que habían trabajado conmigo en 2007 y 2008. 

Me di cuenta de que de la lista propuesta, Rafael Correa no le interesaba para nada, pero Tsipras quería al ex presidente de Brasil, Lula, y a la presidente de Argentina Cristina Fernández. Para Tsipras, Ecuador era demasiado radical. Y, por supuesto, quería a Joseph Stiglitz y a James Galbraith, totalmente justificado. 

Sin embargo, en su cabeza, todo eso no era para constituir una comisión de auditoría, sino para convocar a los países miembros de la Unión Europea a una conferencia europea sobre la deuda, a imagen y semejanza del acuerdo de Londres de 1953, cuando los vencedores de la segunda guerra mundial concedieron una reducción de deuda muy importante a Alemania del Oeste. Le dije que no había ninguna posibilidad de que se pudiera realizar. 

Como dirigente de Syriza, tenía toda la legitimidad para avanzar ese plan A, pero era impensable que Draghi, Hollande, Merkel, Rajoy lo consintieran. Le dije que era necesario un plan B en el que debía haber una comisión de auditoría de la deuda. También lo declaré ante la prensa griega. Aquí tengo un extracto de una entrevista que me hicieron y que publicó El diario de los editores, próximo a Syriza, en octubre de 2014. 

El periodista me había preguntado qué pensaba de la conferencia europea sobre la deuda que proponía Alexis Tsipras, basándose en la conferencia de Londres de 1953, y le respondí: 

«Se trata, por supuesto, de una demanda legítima (…) pero no podréis convencer a los gobiernos de las principales economías europeas y a las instituciones de la UE a hacerla. Mi consejo es el siguiente: la última década nos ha mostrado que podemos llegar a soluciones equitativas aplicando actos soberanos unilaterales. Es necesario desobedecer a los acreedores que reclaman el pago de una deuda ilegítima e imponen políticas que violan los derechos humanos fundamentales, que incluyen los derechos económicos y sociales de las poblaciones. Pienso que Grecia tiene argumentos sólidos para actuar ya para formar un gobierno que será apoyado por la ciudadanía y que exploraría las posibilidades en esa dirección. Un gobierno popular y de izquierdas podría organizar un comité de auditoría de la deuda con una amplia participación ciudadana, que permitiría determinar qué parte de la deuda es ilegal y odiosa, suspendería unilateralmente los pagos y repudiaría luego la deuda identificada como ilegítima, odiosa y/o ilegal.» |24|

Finalmente, Alexis Tsipras me propuso preparar con él y con Pierre Laurent, presidente en ese momento del Partido de la Izquierda Europea, una conferencia europea en la que uno de los temas fuera la deuda. Se debería realizar en Atenas en marzo de 2014. 

Eso no se pudo concretar porque durante una reunión celebrada en Madrid en diciembre de 2013, el Partido de la Izquierda Europea decidió convocar una conferencia en Bruselas, en lugar de Atenas, en la primavera de 2014. En esa conferencia de Bruselas, que tuvo muy poca repercusión, estaban presentes entre otros Alexis Tsipras, Pierre Laurent así como Gabi Zimmer (miembro de Die Linke y presidente del grupo parlamentario de la GUE/NGL en el parlamento europeo), Willy Meyer, eurodiputado de IU. |25

Allí participé como conferenciante en un panel con Euclides Tsakalotos, que se convertiría en ministro de Finanzas de Alexis Tsipras a partir de julio de 2015. |26| Me di cuenta en ese momento de que no era en absoluto favorable a un plan B que contemplara la deuda, los bancos, la fiscalidad. 

El plan de Euclides Tsakalotos era negociar a cualquier precio con las instituciones europeas para obtener una reducción de la austeridad sin recurrir a la suspensión de pagos de la deuda ni a la auditoría. Durante esa conferencia, de nuevo argumenté a favor de un plan B que debía incluir la auditoría y la suspensión del pago de la deuda.

La discusión sobre la necesidad de un plan B no proviene de 2015, puesto que remonta claramente a 2013-2014. El núcleo dirigente alrededor de Tsipras decidió excluir la preparación de un plan B y se aferraron a un plan A irrealizable. "                         (Eric Toussaint y Benjamin Lemoine, Stathis Kouvelakis , CDTM, en Rebelión, 06/10/16)

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