28.10.16

Tras el bochorno, el descrédito. Y vergüenza... la indignación de la militancia del PSOE sube hasta cotas desconocidas

"Tras el bochorno, el descrédito. Y vergüenza produce que se dé lugar a ambas cosas, pues es lo que se ha conseguido alimentar por parte de los dirigentes del PSOE en el tiempo que va desde el comité federal en que fue defenestrado Pedro Sánchez, el anterior secretario general, hasta el siguiente, en donde todo parece convenido para que se imponga una mayoría favorable a la abstención que permita que en el Congreso de los diputados se conforme una mayoría suficiente para que Rajoy, el candidato del PP, alcance la presidencia del gobierno.

Las maniobras conspiratorias que desembocaron en el golpe de mano –eufemismo para evitar connotaciones desagradables de otras expresiones- que acabó con Sánchez al frente del partido solo tenían por objeto llegar a donde se está arribando: a propiciar una abstención por parte del grupo parlamentario socialista para que de nuevo la derecha llegue al gobierno.  (...)

La indignación de la militancia sube hasta cotas desconocidas ante tanto decir y hacer de las maneras más injustificables; la perplejidad de la ciudadanía, que contempla atónita un espectáculo penoso hasta el extremo, no alcanza límite.

Cuando el drama va llegando a su fin, y con cierto aire de tragedia en medio de dilemas convertidos en callejones sin salida, la imagen que ofrece la dirección del Partido Socialista o, más exactamente, su comisión gestora, es la de personas interpuestas para consumar una malhadada operación de engaño. (...)

Cuando se ha estado meses insistiendo colectivamente en el “no a Rajoy”, en el “no a un gobierno del PP”, no hay manera decente de explicar cómo de la noche a la mañana se pasa a defender el apoyo que se la va a dar al candidato derechista para que pueda encabezar el ejecutivo –apoyo “pasivo” mediante la abstención, pero apoyo en definitiva--. 

Es más, cuando se da ese giro, de consecuencias previsiblemente peores que las que supuso el vuelco de Zapatero hacia una política de ajustes y, a la postre, hacia una reforma de la Constitución como la que se hizo para incrustar en el artículo 135 la “prioridad  absoluta” del pago de la deuda por parte de las instituciones del Estado, entonces toda la etapa inmediatamente anterior queda sometida a un desmentido de grandes proporciones.  (...)

Cuando se vislumbró que Pedro Sánchez podía ir más allá, aunque sólo fuera en el mero intento de un pacto con Podemos, ampliado a fuerzas nacionalistas, saltaron las alarmas del aparato del Partido Socialista llamando a rebato para una operación de bloqueo que había de consumarse con éxito –impidiendo a toda costa que el pacto pretendido se alcanzara--, aunque ello supusiera dañar la imagen del PSOE, propiciar escisiones y hundir las posibilidades que desde su programa se tendrían que haber procurado realizar.

 Poderes fácticos, intraestatales y extraestatales, haciendo presión desde dentro del partido y desde fuera, se dispusieron a reventar el PSOE con tal que de ninguna manera se aliara con quienes quieren poner la economía y sus consecuencias sociales ante una mirada crítica capaz de descorrer el velo de ocultamiento con que la realidad de esas mismas presiones se cubre.  (...)

Es el desvelamiento del guión que se ha seguido hasta el desenlace final lo que ha hecho que se disparen la indignación de una militancia que se pone en pie por lo menos para expresar su protesta. Ésta, reaccionando ante los hechos recientes, pone en evidencia, al hacer patente la enorme distancia entre la base del partido y la cúspide de sus órganos de dirección, el errar sin rumbo en que se halla el PSOE. 

Es una errancia que conlleva mucho más que errores, pues se ha dejado vacía de sentido una acción política naufragada entre la simulación y el disimulo. De ahí el descrédito y la desconfianza, que vuelven a ser aún más difíciles de recuperar.  (...)

Las contradicciones van ser tan fuertes que no quedará más que apalancarse en el cinismo para cargar con las consecuencias de haber sido conniventes con la derecha corrupta, antisocial y autoritaria que el PP ahora mismo representa –dicho sea con la deferencia que supone distinguir entre el Partido Popular como organización y los millones de votantes que le dieron apoyo-.

 Lo que debe saberse es que la ciudadanía ya conoce cómo funciona el cinismo político. El electorado socialista y lo que queda de una base militante no premia un cinismo que, además, es suicida.  "              (José Antonio Pérez Tapias  , Es miembro del Comité Federal del PSOE,  CTXT, 26/10/16)

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