18.11.16

La rendición incondicional del PSOE a los pies de Mariano Rajoy no es más que un síntoma del desmoronamiento de la socialdemocracia como proyecto político a nivel mundial

"La rendición incondicional el PSOE a los pies de Mariano Rajoy, que nos condena a una nueva legislatura en mano e la derecha más corrupta y lesiva a la vida de las clases trabajadoras, es solamente un capítulo más y , con suerte, uno de los último de una larga lista de traiciones históricas de la socialdemocracia española (...)

Pero esta crisis el PSOE no es más que un síntoma de algo más global, como es el desmoronamiento de la socialdemocracia como proyecto político a nivel mundial y su modelo reformista de “estado del bienestar” que, en la etapa actual de desarrollo el sistema capitalista y, ante la caída del llamado “socialismo real” y ante la debilidad del movimiento obrero en los países desarrollados, ha dejado de ser funcional a los intereses del sistema y es así que, quienes detentan el poder económico están procediendo a desmantelar progresivamente (...)

Porque históricamente ese fue el rol de la socialdemocracia a partir de la segunda mitad del siglo XX, en que la mayor parte de los países de la Europa Occidental pasaron por etapas de gobiernos socialdemócratas que, lejos de debilitar, fortalecieron al capitalismo. 

Porque ese era su rol, más aun en momentos en que en el mundo, la derrota del fascismo había tenido a la Unión Soviética como actor protagónico y que, las ideas marxistas se extendían e influían en gran parte de la humanidad. Todo ello sumado a la existencia de organizaciones obreras muy fuertes en los países capitalistas europeos y los resabios de una guerra devastadora, hicieron que el gran capital, prefiera ceder a los trabajadores y trabajadoras europeos y norteamericanos ciertas condiciones de educación, sanidad y consumo que eviten en ellos la tentación de desafiar la propiedad de los medios de producción como habían hecho sus vecinos más allá de la cortina de hierro. (...)

Sin embargo, estas políticas económicas keynesianas y de ampliación de derechos laborales aplicadas en EEUU con el New Deal de Roosevelt y en Europa por los partidos “socialistas y laboristas”, fueron entendidas desde el poder económico como concesiones temporales necesarias para el doble objetivo de: deslegitimar los procesos socialistas de Europa del este e ir, poco a poco asimilando a los partidos y organizaciones sindicales a la estructura el sistema, limando sus aristas y debilitando su capacidad de organización y convocatoria hasta que, debilitados ambos frentes, pueda volver a implantarse un capitalismo en su versión más cruda y descarnada, en lo que llamamos hoy neoliberalismo y que, experimentado primero en el Chile de Pinochet, fue extendido por el mundo de la mano de Reagan y Thacher además de la creciente complicidad de los partidos socialdemócratas que lejos de oponer resistencia han sido claves, tanto en la caída del socialismo real como en la implementación progresiva del neoliberalismo y el desmontaje del cacareado “estado del bienestar”. 

Es así que cuando nos enfrentamos a partir de 2008 a una crisis económica solamente comparable con la de 1929, los poderes económicos al no tener en frente ni poderosas organizaciones obreras en Europa occidental, ni un bloque consistente de países socialistas en frente, optan por pisar el acelerador neoliberal cargando la factura de la crisis a las clases subalternas y profundizando el desmantelamiento de lo que queda de conquistas y derechos sociales. Total, sin existir en frente un enemigo de peso, no necesitan esta vez ceder ni un ápice de sus privilegios de clase, en cambio deciden dar una vuelta de tuerca más para incrementarlos. De esta manera dejan en evidencia dos cosas fundamentales: 

La primera es que la socialdemocracia y sus políticas nunca fueron una “tercera vía” sino un mero instrumento del poder capitalista y la segunda y más importante es que, al no serle en la fase actual de acumulación capitalista necesaria, la salida reformista socialdemócrata ha entrado en un punto muerto y sin futuro lo cual se evidencia en la crisis profunda de sus organizaciones políticas y en el hecho de que sin importar quien gobierne en la Europa actual, pasando por los partidos conservadores como el PP en el estado español, o socialdemócratas como en Francia, o en coalición de unos y otros como en Alemania, o incluso partidos supuestamente a la izquierda de estos como Syriza en Grecia, los poderes económicos a través de sus instrumentos políticos como la Unión Europea imponen el mismo tipo de política de ajuste neoliberal a todos sin aceptar el más mínimo matiz desde su evidente posición de fuerza.   (...)

Ante este escenario, las clases populares y obreras decepcionadas por la progresiva traición de los partidos socialdemócratas y, ante la inexistencia de una izquierda revolucionaria capaz de leer, interpretar y devolver en forma de propuestas verdaderamente transformadoras y anticapitalistas la insatisfacción creciente, están engrosando cada vez más las filas de una peligrosa y creciente extrema derecha racista y xenófoba que ha hecho de los inmigrantes los “cristianos propicios” para culpar de todos los males y sacrificar en el gran circo romano europeo del siglo XXI. 

No obstante hará que preguntarse por que las clases obreras, en los mismos barrios que antes apoyaban masivamente al Partido Comunista Francés o que resistían valientemente desde los sindicatos los ajustes del Thacherismo, hoy apoyan a alguien como Marine Le Pen o a Nigel Farage. 

Entiendo yo que la respuesta está en que, mientras la izquierda europea adolece de un discurso acomplejado que parece estar pidiendo perdón todo el tiempo de sus orígenes, que solamente mantiene el discurso revolucionario en las banderas y actos de nostalgia y que, en la práctica está cada vez más domesticada con mas despachos que calle y que se mimetiza cada vez más en los programas de la socialdemocracia a la que critica para luego apoyarla que gobierne, los neofascistas, hablan claro y sin concesiones, con brutalidad y simpleza, mucho más cerca en el discurso y en la capacidad de empatía con las clases trabajadoras depauperadas por la crisis y la gestión de la misma por las élites.  (...)"            (René Behoteguy Chávez , Rebelión, 16/11/16)

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