22.12.17

En el invierno de 2014 a 2015 murieron en España 26.000 ancianos más de los esperados... ¿Por qué en los países mediterráneos, con inviernos más templados, el frío causa más estragos que en los países del norte?

"El invierno europeo debe de estar llevándose ahora mismo la vida de 15.000 personas mayores que, en realidad, podrían, deberían seguir vivas en primavera. 

En el invierno de 2014 a 2015, la cifra se disparó: aquellas semanas grises, con una gripe especialmente letal, acabaron con la vida de más de 200.000 mayores a quienes no había llegado su hora, y fueron especialmente letales en los países del sur. Solo en el Estado español, aquel invierno arrastró 26.000 vidas más de las esperadas. 

El frío lenguaje académico las denomina excess winter deaths, las excesivas muertes del invierno, un anómalo pico estadístico oculto bajo la nieve, una desviación de las cifras que no debería llegar a las morgues. 

¿Por qué cada invierno mueren decenas de miles de personas más que en otras estaciones del año? ¿Por qué el frío causa más muertes en las zonas más cálidas de Europa? ¿Se puede evitar que estos días diezmen la población mayor de 65 años? 

Pobreza, exclusión y falta de planificación se esconden detrás de un fenómeno que no es inevitable, pero pasa desapercibido, entre otras cosas, porque se ceba con un colectivo socialmente acallado en el que la muerte nunca parece inesperada.

El 28 de noviembre la Agencia Estatal de Meteorología advertía en Twitter de la llegada de una brusca bajada de temperaturas. A las pocas horas, el Grupo de Investigación en Salud y Medio Ambiente Urbano —@GISMAU— del Instituto de Salud Carlos III reaccionaba y tuiteaba su propio pronóstico: “Una semana después aumentarán significativamente las visitas a las urgencias hospitalarias”. Lamentablemente, acertaron. 

A los pocos días, las urgencias de muchos hospitales estaban saturadas. Este equipo lleva tiempo estudiando el impacto de las temperaturas extremas en la salud, acaba de publicar una monografía sobre el asunto y ha cuantificado las muertes causadas por olas de frío y calor en todo el Estado. 

Cristina Linares y Julio Díaz, dos de sus componentes, han hablado con El Salto: según sus cálculos, durante la década pasada (2000-2009), fallecieron 10.500 personas en algo más de 3.000 días de frío insólito. Es decir, cada día en que el mercurio cae por debajo de ciertos umbrales, 3,5 personas quedan sentenciadas. 

No mueren al instante, lo que también difumina el drama, sino que caen enfermas o se les complica una patología preexistente y mueren entre 7 y 14 días más tarde. Sin embargo, aclaran, “estos datos se ciñen solo a días en los que la mortalidad aumenta de forma significativa por olas de frío”.  (...)

Pero ¿acaso no es natural que la gente muera más en invierno? Es invierno, hace frío, punto, ¿no? 

Si estas muertes fuesen inevitables y achacables a una inclemencia sobrevenida, los países más fríos deberían tener una sobremortalidad invernal mucho mayor que los países cálidos. Sin embargo, los gráficos de la red EuroMOMO dibujan una de las paradojas más inquietantes de este fenómeno: Portugal, Grecia y España suelen liderar el ránking; el invierno deja más muertes en los países del sur.

¿Por qué en los países mediterráneos, con inviernos más templados, el frío causa más estragos que en los países del norte? Parece que una combinación de factores culturales y socioeconómicos está detrás de esta aparente rareza. 

Por un lado, el clima suave en el sur habría desincentivado históricamente la adaptación de las viviendas contra el frío. (...)

Las casas mal aisladas de las regiones mediterráneas explican una parte del fenómeno, pero ¿es solo cultural que los países con viviendas peor protegidas contra el frío sean los del sur o puede tener algo que ver que también encierren mayores índices de pobreza? 

Hace ya 15 años que Jonathan Healy publicó un contundente artículo analizando los factores de riesgo en el exceso de muertes invernales en Europa. En aquel estudio encontró que, en efecto, el acondicionamiento de las casas tenía una fuerte relación con el exceso de muertes invernales, pero no era el único factor: la renta per cápita, el gasto en salud por habitante, las tasas de pobreza, desigualdad, las privaciones y la pobreza energética también tenían relaciones significativas con porcentajes abultados de mortalidad invernal. 

Healy concluyó que “la alta mortalidad estacional en el sur y oeste de Europa podría reducirse mejorando la protección contra el frío en las casas, aumentando el gasto público en salud y mejorando las circunstancias socioeconómicas hacia una distribución de los ingresos más equitativa”.  (...)

Los estudios del GISMAU también sugieren que, en efecto, es posible desplegar intervenciones que tengan un impacto positivo en la reducción de la mortalidad estacional. Los estudios diacrónicos del equipo de Linares y Díaz compararon el impacto del calor y el frío entre los últimos años del siglo XX y los inicios del XXI y encontraron algo llamativo: “Vimos que la mortalidad por frío aumentaba y que la mortalidad por calor bajaba”. 

¿Qué había pasado en esos años en la lucha contra la mortalidad por calor? La explicación que encuentran son los planes de prevención, “que sí se empezaron a aplicar contra el calor —especialmente a partir de la trágica ola de calor de 2003—, pero que no existen contra el frío”.
En efecto, aunque el invierno registra más muertes que el verano y las olas de frío causan más sobremortalidad que las olas de calor, “paradójicamente, no existen en España planes de prevención ante las olas de frío”, señalan. (...)

¿Qué se podría hacer para reducir el exceso de muertes invernales? El Departamento de Epidemiología y Salud Pública del University College de Londres publicó en 2011 una dura revisión para la sección británica de Amigos de la Tierra. 

Por un lado, alertaba de los efectos que tenía la baja temperatura del hogar sobre la salud y la calidad de vida de sus habitantes: adolescentes con más problemas de salud mental (posiblemente por el estrés prolongado) y peores resultados académicos, criaturas con problemas respiratorios y, sobre todo, personas mayores con riesgo grave para su vida. 

Por ejemplo, un descenso de 1 ºC en la temperatura de la habitación, se asocia con un aumento de 1,3 mmHg de la presión sanguínea en mayores, lo que explica que el 40% de las muertes atribuibles al invierno se deban a problemas cardiovasculares.  (...)

En total, las casas frías podrían ser responsables del 22% de la sobremortalidad invernal en Reino Unido. Pero aquel informe también enumeraba los beneficios de la medida estrella que se reitera una y otra vez como fundamental: mejorar la eficiencia energética de los hogares. Curiosamente, esta medida no solo reduce los riesgos del frío, sino que activa mejoras incluso en la nutrición de las familias... (...)

¿La concusión? “La evidencia sugiere que mejoras tangibles en el acondicionamiento de las viviendas puede llevar a mejoras en la salud, incluso a los pocos meses de la intervención”."              (Raúl F. Miralles, El Salto, 20/12/17)

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