"(...) Hemos consentido que nos desgobiernen unos
absolutos mediocres, al servicio de unas élites todavía más pusilánimes y
mezquinas. Y ahora recogemos nuestros frutos.
El crecimiento económico
de nuestro país desde 2014 es otro tocomocho, un tongo en toda regla.
Los empleos generados son precarios y nuestra demografía, consecuencia
del modelo productivo elegido por las élites, es insostenible.
Mientras,
la ciudadanía observa atónita como la vivienda se encarece, los
alquileres se disparan, los precios de productos básicos controlados por
oligopolios suben sin justificación alguna. ¿Hasta cuándo?
Un
país donde cada día aumenta la preocupación por la pirámide
poblacional, el futuro de las pensiones, el estancamiento de los
salarios, el crecimiento de la deuda, la temporalidad y precariedad del
empleo generado, la vivienda, el precio de la energía, la creciente
desigualdad, el aumento de la pobreza, … no ha salido de ninguna crisis,
al revés se enfanga en la misma.
Nuestro modelo productivo no ha cambiado, sigue
siendo el mismo, a pesar de la heroicidad de ese fantástico tejido
industrial de pequeñas y medianas empresas familiares exportadoras.
La
mayoría de los empleos generados desde finales de 2013 lo han sido en
sectores de muy bajo valor añadido, muy intensivos en mano de obra,
temporales, precarios. Quienes ganan pasta en nuestro país no es a base
de un esfuerzo emprendedor, creativo, que sin duda mejoraría las
condiciones de vida de nuestros conciudadanos.
Todo lo contrario, son
rentistas y especuladores que hacen que la vida de sus conciudadanos sea
cada día más triste y jodida. Y para ello cuentan con el apoyo de los
distintos desgobiernos.
Una recalificación por aquí, una valoración del
suelo por allá, una concesión más, un rescate a cargo de los
contribuyentes, unos medios de comunicación aduladores con el poder…
¿Quién da más?
Pero vayamos al último informe
conocido sobre la realidad patria, nada sospechoso de ser guiado por
peligrosos economistas heterodoxos, populistas y antipatriotas. Nos
referimos al informe mensual de diciembre de la CaixaBank.
El servicio de estudios de CaixaBank ha
realizado un ejercicio muy simple, dividir los sectores de actividad en
dos grupos de acuerdo a su nivel de productividad. Por un lado, los que
están por encima de la media; por otro, los que están por debajo.
Y ¿qué
han encontrado? Pues lo que todos sabemos, aquello que hace tiempo es
voz pópuli: “la mayor parte del empleo se genera en sectores de baja
productividad, que son los que tienen un mayor peso en la economía”.
El
78% de los empleos creados desde finales de 2013 tiene una productividad
inferior al promedio. O lo que es lo mismo, apenas el 22% de los nuevos
empleos se ha registrado en sectores con una productividad superior a
la media.
Permítanme una aclaración. Nuestros
políticos y la inmensa mayoría de los economistas confunden la baja
productividad de la economía española con competitividad. Siempre lo
recalco, pero no importa repetirlo. España, frente a la verborrea
oficial, jamás ha perdido competitividad en los últimos 25 años.
Nuestro
país ha mantenido e incrementado su cuota de exportaciones, ya no solo
por margen intensivo, sino también por aumentos en el margen extensivo,
la exportación de nuevos productos y hacia nuevos destinos. Nuestras
élites políticas de tanto hablar con los rentistas patrios, el Ibex 35,
siempre confunden productividad aparente del trabajo con competitividad.
España tiene una baja productividad por que el modelo de crecimiento
propuesto por las élites patrias –políticas, financieras, inmobiliarias,
y oligopolistas- era intensivo en mano de obra, b asado en la
generación de pelotazos, pero muy lucrativo para ellas. Y ésta es la
realidad patria. Otro nuevo tocomocho, donde unos se forran, la mayoría
se empobrece. ¡Qué no nos tomen el pelo!
La situación actual de España se complica al
observar nuestra enorme fragilidad financiera. Nuestra deuda total y
externa es simplemente insostenible, por mucho que el acreedor del
Tesoro patrio sea nuestro regulador.
Y derivada de dicha política
monetaria, la situación de nuestra banca, que se financia cada día más
vía Target 2, delicada. Las probabilidades de un cisne negro en nuestro
país, sin soberanía monetaria, son mayores de lo que prevé el consenso. Y
debemos tenerlo en cuenta.
Conclusiones
España,
si nada cambia, se dirige al precipicio. Es urgente ir pesando en una
combinación de políticas económicas de medio y largo plazo. Pero para
ello lo primero es regenerar la vida pública, no solo desde el punto de
vista de quienes nos representan, sino también desde una sociedad civil
que ha sido pusilánime, acrítica, inmadura, pelota, y rentista.
Debemos
recuperar el objetivo de pleno empleo, alrededor de una política
industrial activa y de la aplicación del concepto de soberanía
monetaria, la base de la Teoría Monetaria Moderna.
Es necesario, para
ello, diseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad
redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin
castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza.
Ello pasa por un impuesto al suelo y que las grandes empresas abandonen
de una puñetera vez la ingeniería fiscal, paraísos fiscales mediante.
Si se hiciera bien daría margen amplio para bajar los impuestos al
factor trabajo, al factor capital, y, sobre todo, permitiría reducir de
manera ostensible ese impuesto tan injusto que se ceba especialmente
sobre los más débiles, el IVA.
Es necesaria y fundamental, a la vez, una
política de rentas encaminada a incrementar los salarios. Es necesaria y
vital, a la vez, una política pública de vivienda, totalmente ausente.
Basta con analizar el caso de Viena. Es necesario y fundamental reforzar
nuestra educación pública, que sirva para garantizar el ascenso social.
La dejación de nuestros gobiernos respecto a nuestros jóvenes no tiene
parangón en los países de nuestro entorno, e incluso en nuestra historia
moderna. Si no hacemos nada, todo nos acabará estallando y
convertiremos a nuestro país en un infierno." (Juan Laborda, Vox Populi, 17/12/17)
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