"Margaret Thatcher y Ronald Reagan pasaron a la historia como los
cabecillas de la revolución liberal; Helmuth Kohl y Jacques Chirac, como
quienes transformaron diferencias seculares en impulso político más
allá de sus fronteras.
Y Angela Merkel (Hamburgo, 1954) pasará a la
historia como la primera mujer en gobernar Alemania, pero también como
quien decretó las recetas más duras durante la peor crisis económica de
los últimos tiempos en Europa.
En 2008 decían querer "refundar
el capitalismo sobre bases éticas". En 2011, se conjuraron para refundar
la Unión Europea. Pero lo que terminaron haciendo Angela Merkel y sus
sucesivos aliados en el corazón de Europa no fueron grandes y ambiciosos
proyectos políticos por los que ser recordados, sino aplicar las
políticas económicas ortodoxas durante los años de recesión: es
decir, austeridad y recortes para enderezar las cifras macroeconómicas
de déficit y deuda pública, que son los indicadores por los que se guía
la Unión Europea para decretar la salud de un país.
Angela Merkel ha anunciado este lunes que no se presentará a la
reelección como canciller alemana –en 2021– ni como máxima dirigente de
su partido, la CDU –en diciembre–. Y, con ella, se marcha una forma
entender y hacer política en Europa, más pensando en el déficit y la
deuda que en la desigualdad, la integración norte-sur o la
democratización de las instituciones políticas y económicas de las
instituciones europeas. (...)
Pero el estilo de Merkel siempre fue otro, pragmático, quizá por eso
conectaba bien con Mariano Rajoy, ambos poco dados a las estridencias.
Y, cuando las primas de riesgo de los países se disparaban en relación
con el bono alemán –¿casualidad que el bono alemán fuera el fiel de la
balanza para determinar la salud de una economía?–, ella aparecía firme
ante la población europea: austeridad, austeridad y austeridad.
Y cuando
Grecia suplicaba en 2015 una salida que no tuviera que ver con los
memorandos que hacían más pobres a sus pobres y jubilados, Alemania
lideraba la respuesta: nicht, nicht, nicht. (...)
Una frialdad que se evidenció en cómo contestó a una migrante en un
programa de televisión en 2015, que acabó llorando ante las cámaras.
El adiós de Merkel no llega por casualidad este lunes. Se produce 24
horas después de un nuevo retroceso electoral de su partido, esta vez en
Hesse, después del batacazo de sus socios de la CSU en Baviera hace dos
semanas. De hecho, Merkel ya gobierna con unos malos resultados en las
elecciones de 2017, salvada por el SPD, que tampoco termina de tocar
fondo. (...)
Merkel es la demiurga de una grosse koalition prolongada
en el tiempo más como solución a los problemas internos de los partidos y
a su razón de ser como máquinas electorales e institucionales, que a
los de los ciudadanos, y la crisis de ese modelo con el castigo
electoral reiterado en las últimas citas regionales presenta un
horizonte nuevo, con un alza de la extrema derecha y unos verdes
dispuestos a ser alternativa en el voto del centroizquierda.
Merkel se marcha, y deja Alemania con una fórmula de gobierno agonizante
y una Unión Europea burocratizada en sus déficits democráticos,
encorsetada en sus ortodoxias económicas, bloqueada en el Brexit, sin
proyecto de futuro y sin nadie que lo lidere. Y con la extrema derecha
amenazando con desbordar el precario equilibrio de populares y socialdemócratas construido tras la Segunda Guerra Mundial." (Andrés Gil, eldiario.es, 29/10/18)
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