"(...) El nuevo libro de Adam Tooze, Crashed [Crash]
ofrece un relato de la crisis del euro que hace que el lector se
pregunte si la moneda única se salvó a expensas de la democracia y, en
última instancia, si se salvo o no en absoluto. (...)
El Banco Central Europeo (BCE) ha recibido amplio crédito por salvar el
euro. La mayoría citaría el discurso de Mario Draghi del “cueste lo que
cueste” de julio de 2012 como punto de inflexión de la crisis de la
moneda. Crashed, llega, sin embargo, a una
conclusión muy diferente.
Detalla cómo una y otra vez el BCE hizo todo
lo que estaba en su mano para frustrar los recortes de la deuda que
implicaban a la banca privada (la llamada implicación del sector
privado, ISP). En el caso de Irlanda, el BCE “lucharía hasta el final
contra la reestructuración”. (...)
Lo que parece notable es la implacable postura del BCE
rechazando todo compromiso: “Se respetarían las deudas”, hacer notar
Tooze, y “el precio lo pagó la población de Irlanda”. Una vez que un
país dependía del apoyo del BCE, el Banco no dejaba dudas acerca de la
clase de reformas que exigía a cambio de su disposición a comprar bonos.
“Quería austeridad de cabo a rabo”.
En misivas secretas a los gobiernos de España e
Italia, el BCE exigió la privatización de servicios públicos locales y
la desregulación del mercado laboral. Añade Tooze: “Fue un descarado
intento de torcer el equilibrio del poder social y político por medio de
la política monetaria…” Pero no se podía hacer sólo con el BCE.
(...) el relato de Tooze es para quedarse con la boca
abierta. Recuerda cómo políticos electos como Jean-Claude Juncker
dejaron constancia en las reuniones del eurogrupo de haber afirmado:
“Estoy a favor del debate en secreto, a obscuras… Estoy dispuesto a que
me insulten por ser insuficientemente democrático, pero quiero ser
serio...Y cuando te vuelves serio, tienes que mentir”.
Lo que es todavía más importante, Tooze reúne pruebas
de las memorias del entonces Secretario del Tesoro norteamericano,
Timothy Geithner, para mostrar que los gobiernos alemán y francés, con
Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, recabaron la ayuda de la administración
norteamericana para “derribar al primer ministro italiano”. Concluye
citando a un funcionario de la cancillería alemana que afirma: “Lo de
cambiar gobiernos se nos da mejor que a los norteamericanos”.
Esto,
desde luego, ya sería una cosa tremenda, algo que, de corroborarse, está
pidiendo una investigación a fondo del papel del gobierno alemán en la
gestión de la crisis en ese periodo." (Alexander Schellinger
, responsable de asuntos de actualidad en Social Europe, Sin Permiso, 03/11/18, Fuente: Social Europe, 1 de noviembre de 2018)
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