8.1.19

El tratamiento europeo al Reino Unido es un desesperado intento de salvar de su destrucción un diseño político periclitado. Con la esperanza de que, mediante la humillación de los británicos otros serán disuadidos de intentar otro amotinamiento... Se trata de una apuesta de envergadura económica, política y cultural por parte de una clase política en declive unida en torno a un superestatismo neoliberal que ha sobrevivido a sí mismo...

"(...) Los derechos de los ciudadanos británicos y europeos que viven respectivamente en la Unión Europea y el Reino Unido podrían haber sido acordados; las normas sobre el tráfico aéreo y los procedimientos y tarifas aduaneros podrían haber sido objeto de acuerdo. 

Nadie sabe si los partidarios de la línea dura presentes en el partido de May habrían logrado sabotear este planteamiento, pero el hecho es que no se ha hecho intento alguno de explorar esta vía.

También podríamos haber pensado que la industria alemana, un grupo de presión poderoso donde los haya, persuadiría al gobierno de su país para que le asegurase un acceso seguro a uno de sus mayores mercados de exportación. Nada se hizo tampoco en este sentido. 

Únicamente ahora que un “Brexit duro” se halla a las puertas comienzan a contemplarse propuestas prácticas, la mayoría de las cuales, sin embargo, se insertan en un contexto de escenarios de pesadilla: en el Reino Unido por un gobierno que intenta construir una mayoría para su tratado con Bruselas y por el lado europeo como un intento realizado en el último minuto para que la opinión británica bascule contra el propio Brexit.

¿Por qué ha sucedido esto? ¿Por qué esta increíble irresponsabilidad por parte de la Unión Europea y de sus principales potencias, en particular Alemania y Francia? Su prioridad esencial, que hasta la fecha se ha impuesto a todo otro tipo de consideraciones, es mantener la disciplina sobre el resto de Estados miembros de la Unión Europea, muchos de los cuales tienen quejas similares a las británicas respecto a la “integración europea” en su forma actual. 

Si se efectúan concesiones al Reino Unido, ello podría servir a otros Estados como precedente para obtener concesiones. A la postre, el proyecto del súper Estado europeo, todavía profundamente arraigado en Bruselas, así como los diversos diseños imperiales de Berlín, París o del “núcleo europeo” franco-alemán correrían el riesgo de tener que ser finalmente aparcados. El tratamiento europeo del Reino Unido en estos momentos no representa sino un desesperado intento de salvar de su destrucción un diseño político periclitado.
 
Se trata de una apuesta de envergadura económica, política y cultural por parte de una clase política en declive unida en torno a un superestatismo neoliberal que ha sobrevivido a sí mismo: una apuesta efectuada no solo sobre las espaldas del pueblo británico, sino también sobre las del resto de los pueblos de Europa. 

La esperanza de que, mediante la humillación de los británicos (y en el mejor de los casos obligándoles a confesar sus pecados y a volver a la Iglesia no reformada), otros serán disuadidos de intentar otro amotinamiento. (...)"                  (Wolfgang Streeck. Director emérito del Max Planck Institute, El Salto, 27/12/18)

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