"(...) Los derechos de los ciudadanos británicos y europeos
que viven respectivamente en la Unión Europea y el Reino Unido podrían
haber sido acordados; las normas sobre el tráfico aéreo y los
procedimientos y tarifas aduaneros podrían haber sido objeto de acuerdo.
Nadie sabe si los partidarios de la línea dura presentes en el partido
de May habrían logrado sabotear este planteamiento, pero el hecho es que
no se ha hecho intento alguno de explorar esta vía.
También podríamos haber pensado que la industria
alemana, un grupo de presión poderoso donde los haya, persuadiría al
gobierno de su país para que le asegurase un acceso seguro a uno de sus
mayores mercados de exportación. Nada se hizo tampoco en este sentido.
Únicamente ahora que un “Brexit duro” se halla a las puertas comienzan a
contemplarse propuestas prácticas, la mayoría de las cuales, sin
embargo, se insertan en un contexto de escenarios de pesadilla: en el
Reino Unido por un gobierno que intenta construir una mayoría para su
tratado con Bruselas y por el lado europeo como un intento realizado en
el último minuto para que la opinión británica bascule contra el propio
Brexit.
¿Por qué ha sucedido esto? ¿Por qué esta increíble
irresponsabilidad por parte de la Unión Europea y de sus principales
potencias, en particular Alemania y Francia? Su prioridad esencial, que
hasta la fecha se ha impuesto a todo otro tipo de consideraciones, es
mantener la disciplina sobre el resto de Estados miembros de la Unión
Europea, muchos de los cuales tienen quejas similares a las británicas
respecto a la “integración europea” en su forma actual.
Si se efectúan concesiones al
Reino Unido, ello podría servir a otros Estados como precedente para
obtener concesiones. A la postre, el proyecto del súper Estado europeo,
todavía profundamente arraigado en Bruselas, así como los diversos
diseños imperiales de Berlín, París o del “núcleo europeo” franco-alemán
correrían el riesgo de tener que ser finalmente aparcados. El
tratamiento europeo del Reino Unido en estos momentos no representa sino
un desesperado intento de salvar de su destrucción un diseño político
periclitado.
Se trata de una apuesta de envergadura económica,
política y cultural por parte de una clase política en declive unida en
torno a un superestatismo neoliberal que ha sobrevivido a sí mismo: una
apuesta efectuada no solo sobre las espaldas del pueblo británico, sino
también sobre las del resto de los pueblos de Europa.
La esperanza de
que, mediante la humillación de los británicos (y en el mejor de los
casos obligándoles a confesar sus pecados y a volver a la Iglesia no
reformada), otros serán disuadidos de intentar otro amotinamiento. (...)" (Wolfgang Streeck. Director emérito del Max Planck Institute, El Salto, 27/12/18)
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