"La llegada de la comisión judicial estaba marcada
para las 11:40. Los colectivos y vecinas habían convocado un par de
horas antes y a las 9:30 alrededor de cien personas se agolpaban en la
puerta del edificio de Argumosa, 11.
Otro pequeño grupo de activistas acompañaban a Rosi, la candidata a ser
desahuciada.
Varios medios y cámaras se agolpaban en el piso para
recoger testimonio de lo que podría ser el último día de la vecina en la
vivienda que habita desde hace dos décadas y por la que paga 400 euros
de alquiler, que los nuevos propietarios pretenden aumentar a 1.700.
Entre los activistas había un ambiente más relajado,
aunque el entusiasmo y las sinergias no eran menores que las existentes
en los anteriores intentos de desahucios; este es el décimo que la
movilización vecinal consigue parar en ese edificio.
En los corrillos, algunas percepciones que podrían
dar fundamento a ese cierto sosiego que flotaba en el ambiente: a
algunos activistas les sorprendía el signo novedoso de que, a diferencia
de los intentos de desahucio anteriores, la policía no hubiera cortado
el tránsito vehicular y peatonal.
Y hubo quienes lo atribuyeron a las
palabras de José Manuel Rodríguez Uribes, delegado del gobierno de
Madrid, que propone que sea la policía municipal la responsable de estos
procedimientos, en vez de la policía nacional, cuerpo que hasta el
momento ha sido el encargado de intentar hacer cumplir los mandatos
judiciales en desahucios.
Otros, yendo un poco más lejos en la
interpretación, valoraron como más importante aún la alegada
preocupación de Rodríguez Uribes por concretar un protocolo que torne
efectivamente vinculantes los mandatos DESC-ONU que vienen condenando la política del Estado español de desahuciar sin alternativa habitacional.
Una media hora antes del anunciado inicio del
procedimiento judicial “los cascos azules” —colectivo mayoritariamente
femenino que inauguró su acción en el anterior intento— tomaban posición
frente a la puerta del edificio, mientras los asistentes coreaban “Rosi
no estás sola”, “ni gente sin casas, ni casas sin gente” —consigna de
la PAH— y los sobradamente conocidos cánticos contra “los buitres que
nos echan de nuestras casas”.
El clima de relativo sosiego imperante evolucionó
hacia otro de franca alegría en clave de “ya ganamos”, cuando a la hora
señalada llegó la comisión judicial acompañada de sólo dos motoristas de
la policía municipal y de la persona que representa los intereses de
Inversión en Proindivisos S.L. El resto de la escena repitió la rutina
de anteriores intentos: negociaciones entre la parte propietaria, la
inquilina, los mediadores de los colectivos de vivienda y la mandatada
judicial.
El desahucio se pospuso hasta el 15 de febrero próximo, en que
habrá un nuevo intento. Pudimos escuchar el comentario de la
representante de la empresa, en una mezcla de reproche y desaliento: “Al
fin, no sé para qué todo esto, si ya sé que lo vais a volver a parar”.
Desahucio en Fuenlabrada
En declaraciones a El Salto, Fernando Bardera, portavoz de la Asamblea de Bloques en Lucha, dice que estaría muy bien que las recientes propuestas del delegado del Gobierno se hiciesen realidad, pero que las toman con pinzas, “francamente, tememos que sea sólo un brindis al sol, porque hoy en Fuenlabrada se acaba de consumar un desahucio, con presencia de ocho lecheras”.
Con relación a la creación de protocolos para hacer
efectivos los mandatos DESC-ONU, manifiesta que saben que esto no
depende enteramente del delegado del gobierno, pero verían con buenos
ojos que tenga la voluntad política de tomar las decisiones que generen
ese cambio procedimental.
Interrogado respecto al grado de compromiso del
Estado español con el cumplimiento de dichos mandatos, explicó que desde
el momento en que España suscribe los convenios internacionales con la
ONU esos mandatos son vinculantes, a punto tal de que el país va a
recibir sanciones económicas por los desahucios que ha realizado sin
mediar alternativa habitacional, “lo que pasa es que esas sanciones son
poco operativas, porque el afectado sería quien tendría que reclamar una
indemnización, pero el daño (desahucio) ya está hecho”.
Y respecto de esa especie de “tierra de nadie” que
media entre esos mandatos de la ONU y las decisiones judiciales, aclara
“da un margen de interpretación personal a cada juez, unos dicen ‘si la
ONU está diciendo esto hay que obedecerlo’ en tanto otros —como es el
caso de la magistrada del Juzgado 33 a cargo de Argumosa 11— no
consideran que esos mandatos son de obligado cumplimiento judicial”.
Enfatiza que este es el tercer intento de desahucio de Rosi, la
inquilina del tercero y el décimo que han tenido que soportar los
vecinos de Argumosa 11 hasta el momento, habiendo sido todos parados por
la acción de los colectivos de vivienda y el tejido vecinal.
Se anunciaban dos intentos más para la próxima
semana. El primero (para el martes 15) se consiguió detener en el
juzgado, el segundo, programado para el viernes 18, continúa en pie. Los
vecinos se proponen rechazarlo también.
En sentido parecido se expresó Javier Gil, del
Sindicato de Inquilinos e Inquilinas, poniendo en valor que hasta el
momento sólo cuatro desahucios se consumaron en Argumosa 11 y fueron
antes de que las 32 familias que actualmente habitan el edificio,
consiguieran organizarse.
A partir de allí, ninguno más. Asimismo, condenó la
conducta de la propiedad con las viviendas cuyo desahucio obtuvo, “lo
que ha hecho ha sido destrozarlas —para tornarlas inhabitables— y
tapiarlas. Por eso ahora mismo necesitamos dos medidas urgentes, que son
la regulación de los precios de los alquileres y una política de
movilización de viviendas vacías. No puede ser que en España haya más de
tres millones de viviendas vacías mientras hay personas a las que se
las echa a la calle. El decreto que acaba de proponer el gobierno es
completamente insuficiente”, remató.
Y reivindicó la Ley de Vivienda de la PAH,
“que sí puede garantizar el derecho a la vivienda”. Denunció que la
comunidad de Madrid dispone de 75 pisos vacíos “a menos de 100 metros de
aquí, que se los hemos señalado y no hace nada para resolver el
problema, los únicos que garantizan el cumplimiento del artículo 47
—ampara el derecho a la vivienda— de la Constitución son estos vecinos
que se movilizan contra unas leyes injustas”.
También Marisa Colina, de ¿Lavapiés, dónde Vas?, dio
su recado respecto a la creación y presencia de los cascos azules”,
“tropa” que parece haber llegado para quedarse: “mientras ni el
ayuntamiento, ni la Comunidad, ni el estado español sean capaces de
garantizar la Carta de Derechos Humanos de la ONU, en este caso el
derecho a la vivienda, seremos nosotras, los vecinos y vecinas de la
ciudad los responsables de hacerlo efectivo”. Una vez más, Argumosa 11
—el baluarte— no se rindió." (Alberto Azcárate, El Salto, 10/01/19)
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