"La obsesión por los datos es sin lugar a duda uno de los símbolos de nuestro tiempo. (...)
Los Estados, por su parte, también recopilan
muchísimos datos sobre sus ciudadanos lo que, entre otras cosas, les
permite elaborar informes repletos de indicadores económicos y
estadísticas de lo más variopinto.
Sin embargo, ni los unos ni los otros
son capaces de responder con precisión a una pregunta: ¿cuánta gente
pasa hambre en el mundo? En efecto, en esta supuesta Arcadia feliz del
Big Data en la que todo se mide, no sabemos la respuesta a una pregunta,
que al menos a mí, me parece muy pertinente.
Dado
que no sabemos con exactitud el número de hambrientos que hay en el
mundo, tomaremos como referencia las estimaciones que regularmente
publica la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO en sus siglas en inglés).
En su último informe
(publicado en septiembre de 2018), la FAO estima que en el año 2017
casi 821 millones de personas en el mundo pasaron hambre, es decir ¡una
de cada nueve! Según este mismo informe esto supone un considerable
aumento con respecto a 2014, año en el que "solo" pasaban hambre 783
millones de personas.
En el caso de España, tampoco contamos con cifras
fiables sobre el hambre. Según el informe de la FAO que veíamos unas
líneas más arriba, en España hay alrededor de 600.000 personas en
situación de inseguridad alimentaria grave. Sin embargo, según la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales
"la mala alimentación por motivos económicos y, en ocasiones, el
hambre, son situaciones reales que afectan a más de un millón de
personas en España".
Si el lector no acaba de fiarse de estos datos le
recomiendo darse una vuelta por los muchos comedores sociales regentados
por organizaciones como Cáritas: en sus puertas siempre hay gente
esperando su ración de esperanza (léase comida).
También le puede
preguntar a esos miles de niños y niñas que van al colegio sin poder
desayunar porque sus familias no pueden permitírselo y cuya única
"oportunidad" de alimentación mínimamente decente es la comida que
ofrecen los colegios al mediodía.
En este sentido vale la pena recordar
algo que ya han advertido las autoridades europeas: en el año 2016 la
tasa de riesgo de pobreza de menores de 18 años en España era del 29,7%,
es decir 9,7 puntos superior a la media europea y solo por detrás de
Rumanía y Bulgaria (nota: En 2017 esta tasa bajó en España al 28,3%).
Sí,
en esta España del año 2019 no estamos viviendo esa hambruna extrema
que mata a millones de personas en el África subsahariana, pero podemos
decir con rotundidad que la "insolvencia alimentaria" es real. De hecho
"insolvencia alimentaria" es un eufemismo y sería más correcto decir que
hay gente que pasa hambre.
Pensemos en una familia con tres hijos que
cuando llega final de mes no tiene dinero y cuya nevera está vacía. Los
padres se preguntan entonces qué le van a dar de comer a sus hijos.
¿Acaso eso no es hambre? (...)
Creo, en definitiva, que el hambre en España es un asunto que cualquier
gobernante decente tendría que incluir entre sus prioridades. Así pues,
la próxima vez que alguien diga que defiende el interés "de los
españoles", sería menester preguntarle si le parece lógico que tantos
españoles y españolas pasen hambre y qué piensa a hacer al respecto." (Manuel Bruscas, Huffpost, 16/02/19)
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