28.3.19

Si bien un 50% de los ‎franceses espera que haya reformas, un 39% estima que habrá que pasar por una revolución. Unos consideran que los acontecimientos actuales (aumento de las desigualdades; debilitamiento de ‎las instituciones nacionales y evolución hacia un Estado represivo) son similares a los que condujeron a la Segunda Guerra Mundial... y otros, que son parecidos a los que precipitaron la Comuna

"En respuesta al movimiento de los Chalecos Amarillos, el presidente francés Emmanuel Macron ‎anunció algunas medidas sociales y organizó un debate nacional de 3 meses. ‎

Pero al cabo de esas discusiones resulta no sólo que las posiciones siguen siendo las mismas sino ‎que además se han endurecido. ‎

Las medidas sociales que realmente se pusieron en marcha consistieron en aumentar el poder ‎adquisitivo de los trabajadores peor remunerados mediante una revalorización de ciertas ‎subvenciones, en vez de mejorar sus salarios. ‎

El «Gran Debate» permitió que se expresaron 2 millones de franceses, pero la gran mayoría los ‎Chalecos Amarillos prefirió ignorarlo. Se abordaron numerosos temas –como la caída del poder ‎adquisitivo de las clases populares y medias, la ineficacia del Estado en el interior del país y la ‎política energética– pero sin abordar nunca la causa de la crisis.

 Y es importante recordar que esa crisis, lejos ‎de ser únicamente francesa, está afectando a todos los países occidentales desde que desapareció ‎la Unión Soviética y se acentuó grandemente debido al derrumbe financiero registrado en 2008 ‎‎ [1].‎

Los franceses han tomado conciencia del hecho que la mediana burguesía se ha visto desclasada, ‎obligada a abandonar las ciudades y relegada a la «periferia urbana». Pero siguen sin asimilar la ‎rápida desaparición de la clase media en Occidente y su repentina aparición en Asia. ‎

Por consiguiente, no han entendido todavía que los males que los afectan son resultado del ‎éxito de los actores capitalistas que han logrado deshacerse de las reglas políticas, así que siguen ‎considerando responsables a los súper ricos y no a los políticos que han venido eliminando las reglas que ‎los súper ricos tenían que respetar en el pasado. ‎

El desplazamiento de las empresas occidentales que utilizan conocimientos y habilidades básicas ‎puede favorecer a todos sólo si se crean nuevas empresas que utilizan conocimientos y ‎habilidades más avanzadas. Por lo tanto, Asia no ha robado la riqueza de Occidente sino que ‎se ha beneficiado con las inversiones occidentales. 

 La anomalía reside en el hecho que –desde ‎el fin de la URSS– los responsables políticos occidentales renunciaron a regular ese proceso, ‎autorizando no sólo la transferencia de tecnología –como medio de lucrar con la desigualdad ‎de los niveles de vida entre países– sino también para escapar a las responsabilidades sociales. ‎

Los Chalecos Amarillos han evitado cuidadosamente la designación de líderes para su movimiento, ‎dejando así a la clase dirigente sin interlocutor. ‎

Esa clara dirigente, que inicialmente adoptó una actitud conciliadora hacia los participantes en las ‎protestas, endureció bruscamente su actitud hacia ellos cuando entendió que no sería posible ‎resolver la crisis sin afectar directamente su propio modo de vida. Se puso entonces del lado ‎de la oligarquía y en contra del pueblo y desató la represión policial que ya ha causado numerosos ‎heridos y mutilados de por vida. El paso siguiente ha sido dejar el campo libre a los anarquistas ‎para que causen desórdenes del orden público durante las manifestaciones, con lo cual ‎desacreditan las protestas. ‎

Al cabo de estos 3 meses de protestas, la sociedad francesa está simultáneamente más ‎consciente del problema y más profundamente dividida. Hay dos lecturas posibles de este ‎periodo:‎ 

- considerar que los acontecimientos actuales (aumento de las desigualdades; debilitamiento de ‎las instituciones nacionales y evolución hacia un Estado represivo; competencia en cuanto a quién ‎representa al pueblo unido) son similares a los que condujeron a la Segunda Guerra Mundial 

- o considerar que esos mismos acontecimientos son similares a los que acabaron suscitando el ‎movimiento de las Comunas Libres (como la célebre Comuna de París). 

Esas dos interpretaciones no se contradicen entre sí en la medida en que la Segunda Guerra ‎Mundial fue también una manera de responder a la crisis financiera de 1929 sin tener que asumir ‎sus consecuencias económicas y sociales. ‎

Un sondeo de opinión IFOP-Atlantico del 20 de marzo de 2019 muestra que si bien un 50% de los ‎franceses espera que haya reformas, un 39% estima que habrá que pasar por una revolución. Esa ‎última proporción es dos veces mayor en Francia que en los demás países occidentales donde se ‎realizó el sondeo. 

Este apetito revolucionario se explica simultáneamente por la tradición ‎francesa y por el muy particular inmovilismo de las instituciones que hace imposible toda solución ‎reformista (las reformas actuales se hacen siempre en beneficio de quienes controlan las ‎instituciones y no a favor del interés general). ‎  (...)"                    (Thierry Meyssan, Red Voltaire, 23/03/19)

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