"Entender la realidad es una condición imprescindible para intentar
transformarla. Desconocerla o negarla es el camino más directo a su
perpetuación. Esta es una enseñanza recibida de mis maestros sindicales
que me viene al pelo para el debate sobre el fenómeno Vox. (...)
Pretender que una fuerza política que ha obtenido más de
3,6 millones, el 15% de los votantes, responda a una sola causa parece
poco creíble, como lo es pensar que la diversidad de sus votantes se
refleja en el perfil mucho más compacto de los 52 diputados elegidos.
Si
queremos combatir lo que Vox significa y propone debemos profundizar
algo más. Comenzando por formularnos la pregunta de si únicamente se
trata del viejo franquismo – con perfiles propios en relación al
fascismo europeo- que nos vuelve a visitar o bien se trata de la
manifestación de un futuro que ya es presente, del siglo XXI que nos
viene a buscar.
Muy probablemente tenga algo de ambos
factores y se trate de un fenómeno en mutación como puede verse en la
evolución de algunos de sus mensajes entre las elecciones de abril y las
de noviembre de este año. Para mí, lo más determinante es la
incorporación de Vox al concurrido y variado recipiente ideológico del
nacional populismo de derechas, que a mi entender tiene en común la
voluntad de instaurar un nuevo orden social basado en liberalismo
económico, conservadurismo moral y autoritarismo político. Todo en grado
extremo.
Los datos parecen apuntar a que Vox ha sabido aunar en un mismo voto a
sectores muy diversos: insumisos fiscales; conservadores morales;
trabajadores que sienten desesperación y rabia; hombres, a los que
acompañan algunas mujeres, que se sienten atacados en su identidad por
el avance del feminismo que erosiona las bases de una sociedad que
consideran inmutable. Quizás por eso sus mejores resultados se den en
realidades tan diversas, al mismo tiempo en barrios que concentran
riqueza y en otros que sufren la pobreza. (...)
No quisiera pasar por alto el dato de la menor presencia
de Vox en Catalunya. La tipología de voto parece ser la misma, pero sus
porcentajes son mucho más bajos. Sugiero que analicemos la hipótesis de
si en Catalunya el partido de Abascal se ha encontrado ya ocupado una
parte de su espacio por otra expresión local de nacional-populismo. Me
refiero a esos sectores supremacistas, xenófobos, antieuropeos y
claramente contrarios a la democracia liberal que han surgido al calor y
bajo la sombra del independentismo. Soy consciente de que en apariencia
se trataría de espacios ideológicos muy confrontados, pero igual solo
es en apariencia. Insisto, solo es una intuición.
Tampoco
tengo claro eso que se afirma como verdad indubitada en el sentido de
que el conflicto catalán sea la principal causa. Creo que las causas son
mucho más profundas y que la situación en Catalunya ha actuado de
detonante, que no es exactamente lo mismo que causa.
Parece
que el factor aglutinador de tanto voto distinto puede estar en la
profunda erosión y deslegitimación del sistema democrático, que viene de
lejos y tiene causas diversas, pero que se ha acelerado como
consecuencia del impacto social que ha tenido la gran recesión económica
de los últimos años. Y de las dificultades de la política para dar
respuesta a problemas sociales, como el empleo o la vivienda, la
incapacidad para gestionar los flujos migratorios que el país necesita
en términos económicos pero rechaza en términos de ciudadanía. Factores
muy bien utilizados por quienes pretenden sustituir un sistema
democrático, con muchas limitaciones y defectos, por un orden social más
desigual, conservador y autoritario al mismo tiempo.
De
todos, el dato que me parece más relevante y el más preocupante es cómo
en la última campaña Vox y especialmente Santiago Abascal han intentado
apropiarse políticamente de la representación del trabajo, al estilo de
lo que ya han hecho otras expresiones del nacional populismo en
Francia, Italia, Polonia o Hungría, o el propio Trump, por citar solo
unos ejemplos. Ello emplaza directamente a las izquierdas que en los
últimos años han tenido dificultades o incluso han abandonado la
centralidad del trabajo y el conflicto social como eje articulador de
sus políticas. Es aquí donde veo un mayor riesgo de aumento de su
presencia electoral y de penetración en sectores sociales castigados. (...)
En todo caso, no me parece que el combate político contra
el nacional populismo patrio deba centrarse solo en las actitudes
reactivas frente a ellos, sino en una estrategia que les robe el
detritus del que se alimentan.
Trabajar por la
relegitimación de la democracia – no en discursos sino en prácticas- y
por recuperar la centralidad del trabajo y el conflicto social como ejes
de las políticas de izquierda puede ser a medio plazo la mejor manera
de privar a Vox de oxígeno y así asfixiarlos socialmente. Pero que nadie
se crea que eso pasa por reconstruir un pasado maltrecho, la crisis de
la democracia construida durante dos siglos es muy profunda y tiene
nuevos riesgos, como los que se derivan de entregar al Ciberleviatán,
del que habla José María Lasalle, el control de nuestras vidas.
Ánimos,
que esta batalla va para largo y es para corredores de larga distancia,
pero mejor recordar que solo se puede combatir aquello que se entiende." (Joan Coscubiela, eldiario.es, 19/11/19)
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