22.11.19

El dato que me parece más relevante y el más preocupante es cómo Vox ha intentado apropiarse políticamente de la representación del trabajo

"Entender la realidad es una condición imprescindible para intentar transformarla. Desconocerla o negarla es el camino más directo a su perpetuación. Esta es una enseñanza recibida de mis maestros sindicales que me viene al pelo para el debate sobre el fenómeno Vox. (...)

Pretender que una fuerza política que ha obtenido más de 3,6 millones, el 15% de los votantes, responda a una sola causa parece poco creíble, como lo es pensar que la diversidad de sus votantes se refleja en el perfil mucho más compacto de los 52 diputados elegidos.

Si queremos combatir lo que Vox significa y propone debemos profundizar algo más. Comenzando por formularnos la pregunta de si únicamente se trata del viejo franquismo – con perfiles propios en relación al fascismo europeo- que nos vuelve a visitar o bien se trata de la manifestación de un futuro que ya es presente, del siglo XXI que nos viene a buscar.

Muy probablemente tenga algo de ambos factores y se trate de un fenómeno en mutación como puede verse en la evolución de algunos de sus mensajes entre las elecciones de abril y las de noviembre de este año. Para mí, lo más determinante es la incorporación de Vox al concurrido y variado recipiente ideológico del nacional populismo de derechas, que a mi entender tiene en común la voluntad de instaurar un nuevo orden social basado en liberalismo económico, conservadurismo moral y autoritarismo político. Todo en grado extremo.

 Los datos parecen apuntar a que Vox ha sabido aunar en un mismo voto a sectores muy diversos: insumisos fiscales; conservadores morales; trabajadores que sienten desesperación y rabia; hombres, a los que acompañan algunas mujeres, que se sienten atacados en su identidad por el avance del feminismo que erosiona las bases de una sociedad que consideran inmutable. Quizás por eso sus mejores resultados se den en realidades tan diversas, al mismo tiempo en barrios que concentran riqueza y en otros que sufren la pobreza. (...)

No quisiera pasar por alto el dato de la menor presencia de Vox en Catalunya. La tipología de voto parece ser la misma, pero sus porcentajes son mucho más bajos. Sugiero que analicemos la hipótesis de si en Catalunya el partido de Abascal se ha encontrado ya ocupado una parte de su espacio por otra expresión local de nacional-populismo. Me refiero a esos sectores supremacistas, xenófobos, antieuropeos y claramente contrarios a la democracia liberal que han surgido al calor y bajo la sombra del independentismo. Soy consciente de que en apariencia se trataría de espacios ideológicos muy confrontados, pero igual solo es en apariencia. Insisto, solo es una intuición.

Tampoco tengo claro eso que se afirma como verdad indubitada en el sentido de que el conflicto catalán sea la principal causa. Creo que las causas son mucho más profundas y que la situación en Catalunya ha actuado de detonante, que no es exactamente lo mismo que causa.

Parece que el factor aglutinador de tanto voto distinto puede estar en la profunda erosión y deslegitimación del sistema democrático, que viene de lejos y tiene causas diversas, pero que se ha acelerado como consecuencia del impacto social que ha tenido la gran recesión económica de los últimos años. Y de las dificultades de la política para dar respuesta a problemas sociales, como el empleo o la vivienda, la incapacidad para gestionar los flujos migratorios que el país necesita en términos económicos pero rechaza en términos de ciudadanía. Factores muy bien utilizados por quienes pretenden sustituir un sistema democrático, con muchas limitaciones y defectos, por un orden social más desigual, conservador y autoritario al mismo tiempo.

De todos, el dato que me parece más relevante y el más preocupante es cómo en la última campaña Vox y especialmente Santiago Abascal han intentado apropiarse políticamente de la representación del trabajo, al estilo de lo que ya han hecho otras expresiones del nacional populismo en Francia, Italia, Polonia o Hungría, o el propio Trump, por citar solo unos ejemplos. Ello emplaza directamente a las izquierdas que en los últimos años han tenido dificultades o incluso han abandonado la centralidad del trabajo y el conflicto social como eje articulador de sus políticas. Es aquí donde veo un mayor riesgo de aumento de su presencia electoral y de penetración en sectores sociales castigados.  (...)

En todo caso, no me parece que el combate político contra el nacional populismo patrio deba centrarse solo en las actitudes reactivas frente a ellos, sino en una estrategia que les robe el detritus del que se alimentan.

Trabajar por la relegitimación de la democracia – no en discursos sino en prácticas- y por recuperar la centralidad del trabajo y el conflicto social como ejes de las políticas de izquierda puede ser a medio plazo la mejor manera de privar a Vox de oxígeno y así asfixiarlos socialmente. Pero que nadie se crea que eso pasa por reconstruir un pasado maltrecho, la crisis de la democracia construida durante dos siglos es muy profunda y tiene nuevos riesgos, como los que se derivan de entregar al Ciberleviatán, del que habla José María Lasalle, el control de nuestras vidas.

Ánimos, que esta batalla va para largo y es para corredores de larga distancia, pero mejor recordar que solo se puede combatir aquello que se entiende."                      (Joan Coscubiela, eldiario.es, 19/11/19)

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