"Tradicionalmente, la lucha contra el cambio climático
se ha visto como un gasto y no como una oportunidad de negocio a largo
plazo que, eso sí, requiere de un esfuerzo inversor.
Desafíos como la
polinización de las plantas, el tratamiento del agua, el control de las
inundaciones o la eliminación del CO2 por medios forestales, son algunos
de los grandes retos del calentamiento global y cuya
resolución generará nuevos servicios valorados en una horquilla de entre
125 y 140 billones de dólares al año, según la OCDE, un punto y medio
más del PIB mundial, lo que pone de relieve lo beneficioso que será
luchar contra el cambio climático.
“España, que tiene escasos recursos energéticos convencionales, pero es
abundante en agua, sol y viento, y paga una factura energética elevada,
es un país que tiene grandes posibilidades de convertir en una oportunidad económica la descarbonización”, asevera José López-Tafall, director de Regulación de Acciona, en la mesa redonda organizada por El Confidencial bajo el título 'Supervisar la lucha contra el cambio climático'. (...)
El Acuerdo de París de Naciones Unidas fijó una reducción del 40% de
los gases contaminantes para dentro de una década y la nueva presidenta
de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pretende incrementar esta cifra hasta el 55% para hacer realidad las cero emisiones en 2050.
Esta
transición energética supondrá un cambio productivo y estructural que
traerá consigo riesgos y provocará un reajuste económico en el que
“habrá ganadores y perdedores, pero podemos ser un país líder en esta
revolución y hay que aprovechar las ventajas de ser el primero, pero eso
requiere invertir. Es una apuesta estratégica”, afirma
el directivo de la empresa de infraestructuras y energías renovables.
Sin duda, “es una oportunidad de negocio para las compañías, pero aún no
hay muchas comprometidas. La legislación y la obligatoriedad
van a dar un empujón a la sostenibilidad en la empresa que, hasta
ahora, lo había materializado de forma voluntaria”, reconoce la
responsable de la CNMV.
“Es imprescindible la participación del sector público con un marco regulatorio, una ley de cambio climático
con el mayor consenso posible y que marque el terreno de juego para que
las compañías sepamos por dónde ir y ajustar las inversiones, y que
elimine riesgos a futuro, que nos permita lanzar nuevas líneas de
negocio de descarbonización”, añade López-Tafall desde Acciona.
hoy “las empresas españolas que apuestan decididamente por ello se
cuentan con la mano”, se lamenta. Por eso “desde los organismos
internacionales como es el Pacto Mundial de Naciones Unidas ayudamos a
las empresas a introducir en sus estrategias el cambio climático. No
solo se trata de medidas de lucha, sino que se fijen unos compromisos públicos cuantificables y con un límite de tiempo para ir todos avanzando”.
La receta, subir impuestos
En economía, para desincentivar el consumo, no hay nada como subir impuestos. Y eso es lo que plantea el Fondo Monetario Internacional
(FMI) para propulsar la lucha contra el calentamiento global. Se
trataría de encarecer las emisiones de carbono y que las empresas
internalizasen esos costes de tal manera que el producto o servicio
final sería más caro, provocando un rechazo por parte del consumidor.
Desde Europa, Bruselas ya ha puesto sobre la mesa un impuesto en frontera, para evitar desventajas competitivas frente a terceros países.
“El diseño de los incentivos es un avance fundamental, pero lo que hay que impedir es que cerremos aquí plantas de carbón
y que las abran en países cercanos de donde importamos energía”, apunta
el Banco de España en referencia al impuesto en fronteras. (...)" (E. H., El Confidencial, 28/10/19)
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