"Ahora que la legislatura se acaba, le están lloviendo las críticas a Pedro Sánchez por su gobierno, y suelen sustanciarse en el mismo reproche: para este viaje, habría sido más inteligente convocar elecciones inmediatamente después de la moción de censura. España habría ganado tiempo, el panorama estaría mucho más despejado y no se habrían malgastado muchos meses en intentos estériles de gobernar con el imposible de 84 diputados. Sin embargo, este tiempo ha servido de mucho, especialmente para el PSOE.
Los socialistas llegan fortalecidos a las elecciones, mucho más que si hubieran permanecido en la oposición. Lideran todas
las encuestas, y tras una época en la que el número de sus
representantes en el Congreso y Senado no hacía más que descender, las
previsiones, por inciertas que sean, les conceden un aumento importante.
Además, partir como líder y desde el Gobierno también otorga cierta ventaja. Pero, sobre todo, este tiempo en Moncloa les ha servido para ocupar un marco único, y muy beneficioso.
En realidad, Sánchez lo tiene bastante fácil para ganar las elecciones, y
ni siquiera tiene que proponer gran cosa. El crecimiento de Vox le ha
venido muy bien, y esa suerte de fusión del PP con Vox, mejor aún. Del
mismo modo que el PP de Rajoy encaró
las generales sin proponer gran cosa, y simplemente habló de sensatez y
sentido común al tiempo que señalaba los enormes riesgos que supondría
para España un Gobierno de Podemos sostenido por un PSOE ideologizado,
que eso y nada más fue su campaña, a Sánchez le basta con agitar el miedo para conseguir un montón de votos.
Sánchez tiene la campaña hecha, y mucho más después de Andalucía y de decisiones tácticas tan erradas
como la manifestación del domingo pasado. Le será suficiente con
señalar la existencia de una derecha fuerte, muy arriesgada, que no ha
asumido el momento de la historia en que nos encontramos, y con subrayar
los peligros que causará, para convertirse en el primer partido. Y si lo hace bien, podría adoptar la posición de Rajoy, la de sentarse a ver pasar la derrota de sus rivales.
Todo esto es posible únicamente porque los socialistas han gobernado, lo
que les ha permitido ponerse al frente de la izquierda, exhibir con gallardía los 900 euros de salario mínimo
y el Presupuesto que no pudo ser, con las ayudas a la dependencia y
demás. Si a eso le sumamos los frecuentes guiños al feminismo y al
ecologismo, tenemos dibujado el marco entero.
Con ganar no basta, es cierto, porque lo importante es gobernar, y para
eso los números tienen que cuadrar. Pero si la campaña es efectiva y se
activa al electorado de izquierdas, aunque solo sea a través del miedo,
las tres derechas no sumarán lo suficiente. Y si eso ocurre, el PSOE tendrá muchas más papeletas para contar con aliados.
Desde luego, del lado de los partidos nacionalistas, como se ha visto
con el PNV, pero también porque, como ocurrió con Rajoy, le resultará
más fácil atraer a uno de los partidos rivales a su lado.
Contará con
más opciones donde elegir, y eso siempre hace más fácil el camino, al
tiempo que permite ahondar en las contradicciones de sus contrincantes. En particular, en las de Ciudadanos, que tendría que explicar, como le ocurrió antes a Podemos, por qué no dio el Gobierno a Sánchez antes que a Vox.
Se podrá argumentar que si bien gobernar ha sido útil para el PSOE, no
lo ha sido para España. Pero tampoco es del todo cierto. En primer
lugar, por Cataluña, donde la unión de los partidos independentistas es
muy frágil, y el transcurso del tiempo resulta necesario para que alguno
de ellos comience a separarse de la línea dura que impone Puigdemont.
Los partidos que apoyaron el 1-O están sujetos a distintas
contradicciones, y alguna de ellas, por ejemplo, acabará alejando a ERC
de Torra. En ese contexto, un Gobierno dialogante ayuda a ahondar en esas contradicciones en lugar de a disolverlas.
En segundo lugar, la ausencia de una dirección política firme y
respaldada por un amplio espectro parlamentario apenas se ha notado,
igual que cuando estuvimos sin Gobierno durante meses. Hay quienes
señalan, en especial desde el ámbito liberal, que la parálisis en la que
está inmersa España desde hace varios años nos ha hecho perder un
tiempo precioso a la hora de avanzar en las urgentes reformas que requiere nuestro país, y que necesitamos ya un Gobierno que se ponga manos a la obra.
El problema es que las reformas que solicitan no van en la dirección
correcta. Nuestra sociedad sufre disfunciones serias que deberían ser
atajadas, pero si una de ellas tiene relevancia real, está transformando
Occidente y explica el clima en el que crecen los chalecos amarillos,
los independentismos y las derechas populistas, esa es la
desestructuración que está produciendo una economía financiarizada. Su principal efecto lo solemos llamar desigualdad, pero quizás el término no sea del todo preciso, porque señala transformaciones de mucho más calado que la simple disparidad de ingresos.
Un tuit de Sanders
lo resumía diciendo que la familia Walton (la dueña de Walmart) gana
más dinero en un solo minuto que todos los trabajadores de la cadena en
un año. Mirando más allá, un estudio del economista Gabriel Zucman
concluía que la desigualdad ha aumentado dramáticamente desde la década
de 1980. En aquel entonces, un 1% de la sociedad poseía el 25-30% de la
riqueza; en 2016, es ya el 40%. Sin embargo, estas cifras pueden ser
mucho peores porque, apunta el académico, la globalización financiera ha
producido nuevos instrumentos, y ha vuelto mucho más presentes otros,
como los paraísos fiscales, que permiten esconder los bienes.
Este tipo de reparto produce sociedades necesariamente poco estables,
sujetas a tensiones de fondo y muy dadas a generar opciones políticas
extrasistémicas. En ese contexto, gane quien gane, como se está viendo
con Macron, solo obtendrá un triunfo eventual.
Las
transformaciones políticas que estamos viviendo son parte de este
tránsito entre un mundo que se abandona y otro que está llegando, en el
que los recursos y las opciones vitales menguan para buena parte de las
poblaciones occidentales, y mientras no se estabilice la corriente
subterránea que mueve nuestras sociedades, un Gobierno de mayorías
tampoco podrá ofrecerla. Todo lo más, será un parche. Y ese parche, en España, parece que lo pondrá el PSOE."
(Artículo profético escrito en febrero - Esteban Hernández, El Confidencial, 15/02/19)
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