"(...) las disparidades han aumentado dentro de muchos de estos países, en
particular durante la última década. Esta brecha entre los que más y los
que menos tienen dentro de cada sociedad ha crecido debido a factores
como el aumento del desempleo durante la última crisis económica o un
cambio tecnológico, que beneficia más a los que tienen mayores niveles
educativos.
Otro factor menos explorado pero cuya importancia parece
estar reforzándose son las crecientes disparidades entre las diferentes
regiones dentro de un mismo país. Un reciente informe de Eurofound explora la evolución de la estructura del empleo entre las diferentes regiones en los nueve países europeos más grandes.
Tendencias regionales en la estructura del empleo en España
Existen notables diferencias entre las regiones de España en cuanto
al tipo de empleo que han creado en los últimos quince años. El gráfico
muestra el número de empleos netos que se han creado entre 2002 y 2017,
diferenciando entre aquellos de nivel salarial alto, medio y bajo.
Los
tres mayores polos de generación de empleo han sido, por este orden,
Cataluña, Madrid y Andalucía. Sin embargo, responden a patrones
diferentes: Madrid destaca por ser capaz de crear muchos más empleos de
salarios altos que de salarios bajos, lo que la ha convertido en la
única región que tiene una estructura del empleo de más calidad que la
media de la UE; Cataluña es la región que creó más empleo, pero se
crearon más trabajos de salarios bajos que de alta remuneración; en
Andalucía, la mayoría de nuevos empleos son de salarios bajos.
En
comparación con estas regiones, el empleo creado en las otras regiones
españolas es relativamente pequeño y además tiende a estar concentrado
en los trabajos más precarios (especialmente en la parte sur del país).
Por otra parte, también se ha producido una polarización en los grandes
ejes de generación de trabajo, pues los empleos asociados a salarios de
rango medio crecieron menos que el resto o incluso menguaron. Esto se
debe a que las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, concentran
tanto actividades de servicios de alta productividad como servicios de
baja productividad como los cuidados, lo que aumenta las desigualdades
en los grandes núcleos urbanos.
Esta polarización del empleo se explica
también por la desaparición de muchos empleos de corte industrial que
aportaban empleos de salarios de rango medio: por ejemplo, Cataluña es
de las regiones europeas que más ha sufrido este fenómeno, pues su
porcentaje de empleo industrial ha pasado del 29% al 17% durante este
periodo, en beneficio del sector servicios.
La estructura del empleo en España sigue siendo en general de menos
calidad que la media de la UE. Con la excepción de la capital, todas las
regiones cuentan con una mayor proporción de trabajos de menores
salarios y con una menor proporción de aquellos trabajos con mejor
remuneración que la UE en su conjunto.
El auge de las capitales
Los datos para España están en la misma línea de lo que está
ocurriendo en el resto de países europeos. Algunos de los datos clave
son que el empleo (y la población) se está concentrando de forma
creciente en los grandes núcleos urbanos, y especialmente en las
capitales, donde además la calidad del empleo está mejorando ya que
están generando una cantidad considerable de empleo de alta
remuneración.
A pesar de inconvenientes como el mayor coste de vida, la polución y
el tráfico, parece que se imponen las ventajas de las grandes urbes como
centros de poder y toma de decisiones, aprendizaje y entretenimiento,
donde existe una gran variedad de empresas y potenciales empleadores
para una gran cantidad de trabajadores, muchos de ellos muy
cualificados. Este proceso se agrava además de forma automática, pues
los motivos que llevan a las empresas y a la gente a localizarse en los
grandes centros urbanos se refuerzan a medida que la aglomeración
progresa.
Este proceso está además muy relacionado con el paso de una economía
industrial a una de servicios: en el conjunto de la UE, más del 70% del
empleo se centra en actividades de servicios, pero sube a casi el 90% en
el caso de las regiones más urbanizadas. Muchos de estos trabajos de
servicios de alta cualificación (por ejemplo en el sector financiero,
actividades profesionales y científicas o de información y comunicación)
se concentran en las capitales y en otras grandes urbes donde se agrupa
la población, en contraposición a lo que ocurría con la actividad
industrial que no dependía tanto de la cercanía a los grandes núcleos
urbanos.
Un caldo de cultivo que erosiona la democracia
Si bien este proceso de auge de las capitales también puede darse en
otras grandes áreas urbanas del mismo país (por ejemplo, Barcelona, en
el caso de España), otras regiones periféricas representan el reverso de
la moneda, a menudo afectadas por un decaimiento de la actividad
económica, una reducción relativa del empleo de calidad y a menudo
también de empleos de salarios medios por el declive industrial. En
nuestro país, el concepto de la España vaciada ha ido haciéndose más conocido en los últimos años como consecuencia de esta realidad.
Se genera así la sensación de que las capitales se están beneficiando
mucho más de la globalización y el cambio tecnológico, mientras otras
regiones sienten que su situación económica y social se está
resintiendo. Este crecimiento regional desequilibrado está contribuyendo
a la polarización política y social, al desencanto de muchos ciudadanos
y a la emergencia de movimientos políticos que intentan capitalizarlo.
Esto se evidencia en el aumento de movimientos nacionalistas y
populistas que se ha producido en muchos países europeos, incluido
España. Este mapa regional del desencanto parece visible también en el
movimiento de los ‘chalecos amarillos’ en Francia o en el papel del
cinturón industrial de EE.UU. para aupar a Donald Trump a la
presidencia.
El estudio que se presenta aquí sugiere que estas corrientes no
parecen explicarse principalmente por fenómenos políticos o culturales
específicos de cada país. Se relacionan más bien con tendencias
económicas generales que están afectando a la división geográfica del
empleo en la mayoría de los países desarrollados y que están ocasionando
un reparto desigual de los frutos de la globalización, de la
terciarización de la economía y de la revolución digital.
Sin embargo, esto no significa que los poderes públicos no tengan
medios para corregir o incluso revertir estas tendencias. Por ejemplo,
el sector público siempre ha jugado una función muy importante para
sostener el mercado de trabajo y dotar de empleos bien remunerados a
aquellas regiones que no disponen de una gran actividad económica
privada, tanto mediante la creación de empleo público como a través de
inversiones y políticas de desarrollo regional. (...)"
(Carlos Vacas Soriano es investigador de la Fundación europea para la mejora de las condiciones de vida y trabajo (Eurofound), CTXT, 10/12/19)
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