12.12.19

La historia del BBVA y de su expresidente Francisco González es análoga, en líneas generales, a la del resto de las grandes multinacionales españolas. La caída en desgracia del banquero deja al descubierto las disputas actuales entre las élites político-empresariales, al tiempo que representa el declive de toda una época

"Francisco González dejó la presidencia del BBVA el último día de 2018. Salpicado por las revelaciones sobre el espionaje a políticos y empresarios encargado por el banco al comisario Villarejo, decidió embolsarse una pensión de 80 millones de euros y pasar a segundo plano como presidente de honor de la entidad. 

«Hasta donde sé, se han hecho las cosas como hay que hacerlas», afirmó entonces el banquero para tratar de desvincularse de las escuchas ilegales. La trama, sin embargo, apenas había empezado a aflorar.

La trayectoria de Francisco González al frente de la segunda gran corporación financiera del país sirve como resumen de las dos décadas y media de expansión global del capitalismo español. Nombrado por Aznar presidente de Argentaria en 1996, González dirigió la privatización de esta entidad pública y pilotó la fusión con el Banco Bilbao Vizcaya tres años después. Tras desembarazarse de la cúpula proveniente del BBV mediante la denuncia de sus cuentas secretas en paraísos fiscales, asumió la jefatura única del banco en 2001 y lideró la internacionalización de sus negocios durante toda «la década dorada». Con el crash financiero, se empleó a fondo en la tarea de impulsar las sucesivas reformas laborales y reducir oficinas y plantillas con la excusa de la transformación digital del banco. 

En los últimos años de su mandato, el BBVA emprendió un plan de desinversiones y venta de activos en América Latina, EEUU y China, además de traspasar su amplia cartera inmobiliaria a fondos de inversión transnacionales como Blackstone y Cerberus.

En marzo de 2019, coincidiendo con su junta de accionistas, el BBVA anunció que González abandonaba también su cargo honorífico. La publicación de los detalles de las relaciones del presidente con los responsables de la seguridad del banco y su papel central en todo el entramado, que incluía no solo la defensa de los intereses empresariales sino también los de su propia persona, le dejaron en una posición insostenible.

 Meses después, la Audiencia Nacional imputó por delitos de cohecho, revelación de secretos y corrupción a ocho directivos del banco, entre ellos al exconsejero delegado, el jefe de seguridad y el presidente de la filial encargada de la Operación Chamartín. Lo que comenzó siendo el caso Villarejo, con la imputación de la entidad financiera como persona jurídica, se convirtió definitivamente en el caso BBVA. Al cierre de estas líneas, se prometen nuevos capítulos con más políticos, empresarios y multinacionales implicadas en la trama.


La historia del BBVA y de su expresidente es análoga, en líneas generales, a la del resto de las grandes multinacionales españolas. La caída en desgracia del banquero deja al descubierto las disputas actuales entre las élites político-empresariales, al tiempo que representa el declive de toda una época. (...)"                 (Pedro Ramiro, Erika gonzález, CTXT, 04/12/19)

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