"Un “jueves negro” para el presidente francés, Emmanuel Macron. Tras
años de impotencia ante la ofensiva neoliberal, los sindicatos franceses
han impulsado a partir del jueves 5 de diciembre una de las
movilizaciones sindicales más importantes en los últimos años en
Francia.
El origen de esta huelga general, con un seguimiento muy alto
en el sector de los transportes, es la reforma de las pensiones, con la
que el ejecutivo quiere transformar el actual modelo de 42 regímenes de
cotización en un único sistema por puntos.
“El objetivo del gobierno es disminuir en un 20% el nivel de las
pensiones públicas”, advierte el economista Henri Sterdyniak, director
de departamento del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas
(OFCE), un centro de estudios independiente del interés privado. (...)
El gobierno francés defiende que con la nueva reforma de las
pensiones “un euro cotizado dará los mismos derechos a todo el mundo”.
¿Estamos ante una medida que favorecerá la igualdad y la equidad? ¿O
esta comportará sacrificios en el sistema público de pensiones?
El objetivo del gobierno francés es disminuir en un 20% el nivel de las
pensiones, así como incentivar a la gente a que se jubile más tarde, a
los 65 años, en lugar de los 62 años. Resulta evidente que la mayoría de
la población se verá perjudicada por esta reforma. Cuando el ejecutivo
defiende que esta medida favorecerá un sistema más equitativo, hay que
tener en cuenta que no todos los asalariados disponen de las mismas
condiciones laborales.
Con el sistema actual, la tasa de sustitución –la
relación entre el salario y la pensión– es más elevada para los
salarios bajos que para los altos. Pero con la nueva reforma se
uniformarán las tasas de sustitución, lo que perjudicará a aquellas
personas que cobren menos.
Según el colectivo ciudadano RéformedesRetraites
(Reforma de las Pensiones), con esta modificación las futuras pensiones
podrían bajar entre el 15% y el 23%. ¿Qué le parecen estas previsiones?
Sí, probablemente se producirá una caída de este tipo. Si el
ejecutivo no desea aumentar el gasto público destinado a las
prestaciones de jubilación y el porcentaje que representa sobre el PIB,
esto comportará forzosamente una disminución del 20%. El problema es que
ahora los jubilados franceses tienen prácticamente el mismo nivel de
vida que la población activa.
Pero en los países en los que se han
aprobado reformas como la que impulsa Macron estos tienen unos niveles
más bajos. Es el caso de Suecia, donde el poder adquisitivo de los
jubilados es un 25% más bajo que el de los activos o en Alemania, un 15%
inferior.
El Ejecutivo quiere transformar el actual sistema de 42
regímenes de cotización en un único sistema por puntos con el que se
calculará la pensión en función de los puntos obtenidos a lo largo de la
carrera profesional. ¿Qué aspectos de este cambio de modelo favorecerán
una disminución de las pensiones?
En un sistema por puntos, como el planteado por Macron, el ejecutivo
dispone de una gran libertad para determinar el valor del punto y, por
lo tanto, la pensión final. Como el ejecutivo se niega a aumentar las
cotizaciones sociales y quiere que estas se mantengan fijas, esto
favorecerá que se equilibre el gasto de las pensiones modificando el
valor del punto, es decir, bajando la prestación por jubilación. El
valor del punto dependerá del equilibrio presupuestario.
La pensión de los funcionarios se calculaba hasta ahora a
partir de los últimos seis meses, pero con la nueva reforma se hará en
función de toda la carrera ¿Los trabajadores de la función pública serán
los grandes perdedores?
Sí, los más perjudicados serán los profesores, las enfermeras, las
auxiliares de Sanidad… Se verán afectados sobre todo aquellos
trabajadores de la función pública que tengan carreras ascendentes y que
hasta ahora cobraban una pensión equivalente al 75% de sus últimos
salarios. Por este motivo, los profesores, que empiezan cobrando
salarios modestos, son uno de los colectivos más indignados. En cambio,
otras profesiones de la función pública, como cargos técnicos de la
administración, no saldrán tan perjudicados, ya que disponen de una
menor evolución salarial.
¿Quiénes serán los ganadores?
Las empresas serán las principales beneficiadas, ya que con esta
medida se garantiza que no se incrementarán las cotizaciones sociales.
También se establecerá una pensión mínima que equivaldrá al 85% del
salario mínimo. Una medida que ya existe actualmente para los
asalariados, pero que se ampliará para los campesinos, cuya pensión
mínima es ahora de solo el 75% del salario mínimo.
(...) Una opción planteada es establecer una “edad de referencia” en 64 años,
lo que favorecerá que los trabajadores intenten alargar su carrera
hasta esa edad. Pero aquellos que no puedan por la dureza de su trabajo o
porque se habrán quedado en el paro deberán jubilarse a los 62 años y
perderán entre el 14% y el 21% de su pensión.
¿Por qué Macron se opone a un aumento de las cotizaciones
sociales para financiar las nuevas necesidades del sistema público de
pensiones, fruto de la evolución demográfica?
Por su ADN neoliberal. La idea predominante en las altas esferas
europeas es que en Francia hay demasiados impuestos y demasiado gasto
público. Por eso, el Parlamento francés aprobó a mediados de año una
reforma para disminuir las prestaciones por desempleo. También se han
reducido las ayudas para pagar el alquiler o los recursos destinados a
los hospitales. La estrategia de Macron es que Francia se asemeje al
modelo anglosajón. Para ello, hace falta disminuir el gasto público y
una de las principales partidas es la de las pensiones.
¿Ha habido presiones de la parte de la Comisión Europea para que Francia disminuya sus pensiones públicas?
Sí, sin duda. Cada año los gobiernos deben presentar sus proyectos de
presupuestos a la Comisión Europea y esta se dedica a regañarles por el
déficit público excesivo. Cuando a Francia se la acusaba, durante los
últimos años, de tener un gasto excesivo, respondía: “No os preocupéis,
vamos a aplicar una bajada masiva en el gasto en jubilaciones”.
Un
informe de la Comisión Europea en 2018 ya establecía que las previsiones
francesas eran disminuir el porcentaje de las pensiones del 14% al
12,5% del PIB. Existe una connivencia entre los altos funcionarios
franceses y las élites europeas sobre las políticas de austeridad que
hay que aplicar.
En otros países europeos, como Suecia, ya se han adoptado sistemas de jubilación por puntos. ¿Qué consecuencias han tenido?
El sistema por puntos y condicionales adoptado en Suecia mantiene
algunas diferencias significativas respecto al modelo diseñado por
Macron. En el caso sueco las pensiones finales están determinadas por
una fórmula matemática regida por la esperanza de vida en el momento de
jubilarse. Esto permitió reducir el porcentaje del PIB que representaba
el gasto en pensiones. Pero tuvo como consecuencia negativa un
empobrecimiento de los pensionistas, sobre todo entre las mujeres
jubiladas. El nivel de pobreza entre los jubilados suecos es del 16,8%,
mientras que en Francia representa solo el 7,4%.
Además, el sistema sueco tiene un efecto perverso: cuando una persona
debe jubilarse a los 62 años, en lugar de los 68 años porque está en el
paro y no encuentra a nadie que lo contrate, entonces se le dice que es
su culpa por no haber trabajado más, que su pobre pensión es el
resultado de una fórmula matemática.
En comparación con otros sistemas de jubilación europeos, ¿cuál es la especificidad del modelo francés?
La especificidad de Francia es que dispone del
sistema de pensiones más generoso de Europa. Esto significa que uno
puede jubilarse a partir de los 62 años. También hay dispositivos para
aquellas personas con largas carreras profesionales que les permiten
dejar el trabajo a los 60 años. En profesiones con condiciones laborales
duras, como los camioneros, pueden hacerlo a partir de los 55 años.
Además, las pensiones son elevadas y permiten a los jubilados tener
prácticamente el mismo nivel de vida que los activos.
También se trata de un sistema en que prácticamente todo el ahorro
para las pensiones es público. Casi no hay planes de ahorro privados.
Todos los regímenes de cotización son públicos, obligatorios y por
repartición. Esto hace que algunas profesiones liberales, como los
abogados o los farmacéuticos, prefieran el sistema público en lugar de
los planes de ahorro privados.
Pero con la aplicación de la nueva reforma se favorecerán los planes de pensiones privados…
Sí, es bastante probable. Con el actual sistema quedan cubiertos por el
sistema público de pensiones todos aquellos que ganen hasta 24.000 euros
al mes. En cambio, si se aprueba la reforma, solo cubrirá hasta los
10.000 euros. Esto favorecerá que los altos cargos de las empresas, con
salarios muy elevados, pidan que les hagan un plan de ahorro privado.
También es probable que suceda en el caso de profesiones liberales, como
los abogados, que se verán perjudicados por la nueva ley.
Según un informe encargado recientemente por el gobierno a un
grupo de expertos, el sistema de pensiones acumulará un déficit de
entre 8.000 y 17.000 millones el 2025. ¿La situación es alarmante?
No, para nada. Actualmente, el sistema de pensiones es
mayoritariamente excedentario. No hay motivos para la alarmas ni para
que se aplique una reforma de forma urgente.
En el extranjero aún predomina el tópico de que Francia es un
país irreformable. En el caso de las pensiones, ¿es cierta esta
dificultad para adoptar reformas?
Lo que llaman reformas son en realidad contrarreformas. Es decir,
medidas que perjudican a la gente y que generan rechazo, como es
previsible. Desde 1993, se han aplicado numerosas reformas en el sistema
de pensiones francés. A partir de ese año las pensiones dejaron de
calcularse en función de los 10 mejores años y la evolución de las
pensiones ya no se hizo en función de los salarios, sino de la
inflación.
En 2003, con la reforma impulsada por el conservador François
Fillon, entonces ministro de Asuntos Sociales, el periodo de cotización
pasó de ser de 37,5 años a 42 años. Y en 2010 durante la presidencia de
Nicolas Sarkozy se aprobó alargar la edad legal de jubilación de los 60
a los 62 años. Todas estas medidas han degradado la situación de los
pensionistas, pero hasta ahora las consecuencias no han sido dramáticas.
Pero esto podría cambiar con la nueva reforma. (...)" (Entrevista a Henri Sterdyniak / Economista, Enric Bonet, CTXT, 05/12/19)
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