24.1.20

Sánchez explica a Davos en qué se ha convertido el socialismo. Y están encantados... La socialdemocracia dejó de ser la fuerza de contención del capitalismo, obligando a la redistribución y a la creación de las clases medias, y se convirtió en la fuerza de contención del descontento a través de una operación discursiva sin anclaje en prácticas reales

"Pedro Sánchez fue presentado en Davos por José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, un dirigente global que ve con mucha simpatía a nuestro presidente. En su intervención, resonó una petición, “reforms, reforms, reforms” (que evocaba aquel “taxes, taxes, taxes” que hizo popular Rutger Bretman en la pasada edición), que constituye el mejor resumen de las exigencias que el entorno internacional formula al dirigente español. (...)

Entender la dimensión del discurso de Sánchez y lo que supone para el socialismo contemporáneo exige un pequeño desvío. Quizás el país que mejor represente el presente y futuro de la izquierda sea Alemania. El SPD, el poderoso partido socialdemócrata, acabó por ser la muleta del Gobierno de Merkel con el objetivo de ofrecer estabilidad política al centro de la eurozona. El desgaste que conlleva convertirse en la parte con menos influencia de un Gobierno de coalición lo ha acabado pagando en las urnas. 

Alemania no solo ha visto crecer a la extrema derecha, que ha ganado colectivos típicos de la socialdemocracia, en especial en el este, sino que también ha visto crecer el voto verde. Los ecologistas podrían ser el partido de reemplazo por la izquierda de los socialdemócratas si estos siguen cayendo, ya que tienen bastante apoyo entre sectores jóvenes, urbanos y cosmopolitas.

 La importancia de ese giro es mayor de lo que parece, no tanto porque los partidos clásicos de la socialdemocracia estén en riesgo de verse sobrepasados por los verdes, sino por un fenómeno de imitación, ya que el ideario ecologista está siendo asumido por los socialistas. (...)

España es un buen ejemplo, y una de las primeras medidas del Consejo de Ministros ha sido prometer un plan verde rápido y urgente para combatir la emergencia climática. 

Pero el asunto va más allá de la ecología. Implica un giro ideológico de calado en las socialdemocracias europeas, que se han reestructurado alrededor de la idea de progreso. Han construido un ideario en el que confluyen modernidad, digitalización e igualdad entre hombres y mujeres para el que la transición energética es una metáfora perfecta. 

La idea de fondo, la que cohesiona su visión, es la de afrontar una era de cambios a través de la innovación, de la tecnología, del avance cultural y de la construcción de un futuro brillante. Se trata de hacer sacrificios ahora, aunque sean duros y generen perdedores, de forma que se pueda alcanzar una sociedad mejor. Y, en ese sentido, la emergencia climática, que reúne la advertencia sobre grandes riesgos para el planeta con nuevas posibilidades laborales, innovación y oportunidades, es un marco idóneo.

Este giro hacia el ecologismo, la modernidad, la tecnología y el feminismo define la izquierda europea, la dominante, pero también la secundaria, como ocurre con Podemos. Supone la reinvención ideológica de una parte del espectro político que se ha visto obligada a trazar nuevas estrategias para resituarse en el mapa político en un escenario desfavorable.

Lo curioso es que exactamente esa es la ideología de Davos, por lo que no ha podido elegir mejor Sánchez el lugar de exposición del programa de su Gobierno. (...)

En fin, nadie ha definido mejor que Schwab el eje político en el que se apoya el progresismo: “La línea divisoria actual no está entre la izquierda y la derecha, sino entre los que abrazan el cambio y los que quieren conservar el pasado. Estos últimos se quedarán atrás”.

Esta es la ventaja, pero también el límite de los socialdemócratas europeos, el haberse convertido en el partido de Davos, el de un espacio de relaciones públicas a escala masiva, que se ha especializado en reconocer los problemas existentes y reorientarnos hacia nuevas formulaciones gatopardistas.  

Davos, como la socialdemocracia, es a la política lo que la responsabilidad social corporativa ha sido a las empresas, una operación discursiva sin anclaje en prácticas reales, una manera de esconder los problemas debajo de la alfombra con retoques estéticos y prácticas novedosas y modernas, como si fuera una pasarela de la moda en la que siempre sale ganando su industria.

Esta reformulación de la socialdemocracia, y de gran parte de la izquierda, como partido de progreso es significativa, especialmente desde Blair. La socialdemocracia dejó de ser la fuerza de contención del capitalismo, obligando a la redistribución y a la creación de las clases medias, y se convirtió en la fuerza de contención del descontento a través de la reinvención continua de su ideario. Ningún lugar más apropiado que Davos para que Sánchez exponga su programa."            (Esteban Hernández, El Confidencial, 22/01/20)

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