"El año 2019 termina con protestas, desigualdades crecientes y una crisis
de representación en muchos países. El mundo camina hacia la recesión y
una nueva crisis, mientras agota el medio ambiente. Los gobiernos, y en
última instancia los ciudadanos, pueden evitar estas tendencias
alarmantes en el 2020. (...)
Sin embargo, algunos de los nuevos líderes emergentes representan a una
derecha radical, que culpa al estado del bienestar, a los emigrantes y a
los pobres, pero que busca eliminar restricciones sobre el capital.
Como sucedió en el Reino Unido, muchos los votarán, fundamentalmente
aquellos perdedores del neoliberalismo, haciendo del mundo un lugar más desigual y lleno de riesgos.
Mucho
se decidirá en los Estados Unidos, aun el poder hegemónico del mundo.
Lo que los ciudadanos estadounidenses (muchos sin gran conocimiento de
asuntos internacionales) votarán en las elecciones presidenciales de
2020 tendrá una influencia masiva en el resto de los ciudadanos del
planeta.El presidente Trump ya ha cambiado el mundo, erosionando las
instituciones multilaterales, los acuerdos comerciales y las iniciativas
globales, y fomentando políticas imperialistas con los intereses de los
"Estados Unidos primero".
A pesar de la retórica populista, los
estadounidenses de la calle se han beneficiado poco. La gran reducción
de impuestos de Trump a los más ricos, los recortes a la salud pública y
el aumento al presupuesto de defensa de los Estados Unidos son
regresivos, resultando en una mayor desigualdad social.Sin
embargo, la nueva derecha continúa obteniendo votos porque se está
volviendo cada vez más radical, ofreciendo políticas "impensables",
fuera de lo establecido, que atraen a aquellos que quieren cambio, desde
la construcción de muros hasta la salida de la Unión Europea.
A menos que los socialdemócratas propongan políticas públicas
progresivas radicales y atractivas en el 2020, el mundo seguirá viendo
cómo asciende la derecha radical y, con ella, la tendencia hacia el
aumento de las desigualdades sociales, los riesgos económicos y la
degradación ambiental.Cuatro décadas de políticas neoliberales han erosionado las condiciones de vida en la mayoría de los países del mundo. (...)
Si no se cambia el rumbo actual, las políticas de austeridad continuarán
extendiéndose en el 2020, recortando pensiones, salarios, programas
sociales y protecciones laborales, causando mucho más descontento
social. En 2020, la austeridad se convertirá en "la nueva normalidad", que afectará a 113 países o más del 70 por ciento de la población mundial.
Absurdamente, muchos gobiernos están recortando el gasto público social, pero aumentando el gasto militar y
apoyando grandes corporaciones con dinero público y poca regulación. En
el contexto actual de creciente desigualdad, con la mitad de la
población del planeta viviendo en la pobreza (US$ 5.5 al día), no es
sorprendente que 2020 vea más protestas, conflictos y disturbios
sociales.En realidad, los recortes de austeridad no son necesarios. Existen alternativas, incluso en los países más pobres.
Si los gobiernos no implementaran medidas de austeridad, podríamos ver
en el 2020 más países recaudando con éxito mayores ingresos para el
desarrollo nacional, incrementando inversiones públicas que beneficien a
las personas, apoyando la actividad económica real y el desarrollo
humano, atendiendo a generar empleo decente y proteger el medio
ambiente. (...)
Pero incluso si el mundo evita otra crisis económica, la devastación
ambiental continuará. En el 2020, continuaremos viendo la destrucción de
los bosques naturales, nuestro mundo en llamas. El mundo está perdiendo
más de 26 millones de hectáreas de árboles cada
año, un área del tamaño de Gran Bretaña, principalmente bosques
tropicales, con un gran impacto en la biodiversidad y el clima. A menos
que se implementen políticas correctoras, se estima que los niveles de
deforestación, sobrepesca, emisiones de carbono y generación de basura
aumenten en términos absolutos el próximo año.
Estos no son solo problemas nacionales. Los problemas globales requieren
soluciones globales y el multilateralismo debe fortalecerse, no
debilitarse, para trabajar colectivamente en soluciones sostenibles para
mejorar la vida de las personas. (...)"
(Isabel Ortiz, Director of the Global Social Justice Program at the Initiative for Policy Dialogue at Columbia University, Project Syndicate, 31/12/19)
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