"Ya muy poca gente niega la magnitud del problema que enfrentamos con
el coronavirus, en el mundo en general y en España como uno de sus
epicentros más agresivos en este momento. El Gobierno ha ido tomando
ciertamente medidas, cada vez más contundentes y a más velocidad, pero
lamentablemente seguimos lejos de lo que reclaman muchos expertos
internacionales.
Basta con mirar hacia Italia para saber con bastante precisión hacia
dónde nos dirigimos si no se actúa con la máxima energía, mientras mucha
gente sigue inundando bares y terrazas. Las previsiones de expertos del calibre de Antoine Flahault,
director del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra,
apuntan a que en una semana superaremos los 55.000 casos diagnosticados
en España, lo que deja muy poco margen ya para dudar de que el colapso
de los servicios públicos -el auténtico peligro que afrontamos- se ha
convertido en una posibilidad muy real.
Ello supone multiplicar por casi
20 los casos en una semana. Si la siguiente se vuelve a multiplicar por
20... es mejor ni pensarlo. Para que no haya esta progresión debe
cortarse la transmisión de raíz ahora, porque los nuevos contagios de
ahora aflorarán más tarde.
Pero si pese a las evidencias abrumadoras alguien sigue
despreocupadamente en bares y terrazas porque desconfía de los expertos,
sería interesante que fijara su atención al menos en Jacques Attali. No
es ningún médico. Fue el gran asesor de François Mitterrand y uno de
los viejos zorros de la política, un gigante europeo
equivalente al estadounidense Henry Kissinger, con independencia de la
valoración moral que cada uno tenga de estos personajes.
Attali escribió
ayer: “Nada sería más desastroso que las medidas a medias. Actuar
rápidamente. Masivamente. Colocarse en situación de economía de guerra.
Producir respiradores y mascarillas como se habría producido [en una
guerra] aviones y obuses”.
Esta es la clave: economía de guerra.
Si es una guerra, y cada vez lo parece más, no bastan ni siquiera las
medidas típicas de un Estado de emergencia o los confinamientos masivos
de población. No se trata solo de que la gente no salga de su casa. Hay
que intervenir también la economía para producir al menos todo lo que
se augura que va a escasear muy pronto y que puede convertirse en
producto de primera necesidad para salvar vidas. No puede dejarse la
fabricación e importación de productos que salvarán vidas en manos del
mercado. Si van a faltar mascarillas y respiradores, que el Estado
empiece a organizar su fabricación.
No se trata aquí de obtener ventajismos ideológicos. La economía de
guerra no dirimiría ninguno de los debates entre izquierda y derecha
sobre el papel del Estado en la economía. Sería solo una tregua ante una
situación excepcional, en la que el mercado no puede funcionar para
atender la emergencia. Si la guerra se gana, que vuelva el debate
convencional y que los liberales vuelvan a ser liberales. Todos los
liberales que fueron a una guerra lo sabían perfectamente.
Sí, da miedo, pero necesitamos una economía de guerra. Lo dice una de
las personas menos sospechosas de alarmismo o extremismo. Y de las más
informadas del mundo: Jacques Attali." (Perre Rusiñol, Alternativas Económicas, 13/03/20)
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