"(...) Tras la crisis inmobiliaria, el punto más bajo en el precio medio de
la vivienda (nueva y usada) se alcanzó en febrero de 2015; desde
entonces y hasta febrero de 2020, se ha producido un incremento medio en
los precios del 16,5%, según la empresa de tasaciones Tinsa.
Una de las tendencias significativas, tras la recesión de 2007, es el
desarrollo del mercado de arrendamientos: el porcentaje de hogares con
la vivienda en alquiler se situó en el 17,8% en 2018 (Encuesta Continua
de Hogares del INE). En ese contexto, en el tercer trimestre de 2019 los
desahucios por el impago de alquileres representaron el 68% -6.936
desahucios- del total de lanzamientos, según el balance del Consejo
General del Poder Judicial (CGPJ).
En enero de 2011, el precio medio de
los pisos de alquiler era de 7,7 euros/metro cuadrado, mientras que en
enero de 2020 el promedio había escalado hasta los 11 euros (18,9 en el
barrio exclusivo de Salamanca, en Madrid), apunta el portal inmobiliario
Idealista.com. En este contexto, el Sindicat de Llogateres de Catalunya
ha convocado el 1 de marzo una manifestación en Badalona contra los
“fondos buitre” y por la regulación de los precios del alquiler.
El geógrafo y profesor en la Universidad Complutense y el CSIC, Ricardo Méndez, analiza en el libro Ciudades en venta. Estrategias financieras y nuevo ciclo inmobiliario en España (Universitat
de València, 2019) el papel de algunos actores. Entre otros la banca, y
su relación con el negocio hipotecario (en 2006, antes que pinchara la burbuja,
se firmaron 1,3 millones de hipotecas sobre viviendas, que descendieron
hasta 199.703 en 2013 -el punto más bajo del ciclo-, mientras que en
2018 alcanzaron ya las 348.326); cuestión diferente son los créditos de
la banca a las familias para que pudieran adquirir un piso, todavía no
devueltos y que figuran en el pasivo de las entidades: sumaban en 2018 cerca de medio billón de euros (Banco de España, 2019).
(...) los bancos se convirtieron, además, en propietarios de primer orden tras el estallido de la crisis, que dio lugar a una pesada transferencia:
“La adjudicación de grandes bolsas de suelo y promociones inmobiliarias
como contrapartida de los créditos impagados por las promotoras, junto a
los cientos de miles de viviendas, locales, naves u oficinas
desahuciados, supuso un peso muerto improductivo que lastraba sus
balances y rentabilidad”. (...)
Las entidades han traspasado buena parte de los llamados activos inmobiliarios
a fondos de inversión, actores de relieve en el nuevo ciclo. Por
ejemplo, Caixabank vendió en junio de 2018 su negocio inmobiliario
(valoración neta contable en cerca de 7.000 millones de euros) al fondo
de inversión Lone Star, y en la nueva sociedad mantendría una
participación del 20%.
Tras la compra del Banco Popular, el Banco
Santander acordó la venta -en agosto de 2017- del 51% de la cartera inmobiliaria
del Popular al fondo Blackstone (el comunicado de la entidad financiera
cifraba en 104.000 millones de dólares el negocio inmobiliario de
Blackstone en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina). También el
BBVA vendió, en octubre de 2018, el 80% de su negocio -“tanto los activos inmobiliarios como los empleados (para su gestión)”- a Cerberus Capital Management. (...)
Tras la quiebra de algunos gigantes que hicieron fortuna durante el boom del
ladrillo (la suspensión de pagos de Martinsa Fadesa se produjo en 2008 y
la de Reyal Urbis, en 2013), han irrumpido en España grandes promotoras
inmobiliarias controladas por fondos de inversión: Vía Célere (por el
fondo estadounidense Värde Partners), que integró a la inmobiliaria
Aelca y en 2019 entregó 1.241 viviendas principalmente en
Madrid; Neinor Homes, cuya actividad se inició en mayo de 2015 cuando el
fondo norteamericano Lone Star compró Neinor, inmobiliaria de
Kutxabank; o Aedas Homes, en manos del fondo Castlelake; en otra de las
grandes promotoras residenciales, Metrovacesa, el Banco Santander y BBVA
suman el 70% de las acciones.
El libro de Publicacions de la Universitat de València (PUV) apunta
ejemplos de complicidades y estrategias especulativas. En 2013, el
antiguo Instituto de la Vivienda de la Comunidad de Madrid (IVIMA)
vendió 2.935 pisos sociales de alquiler al banco de inversión
estadounidense Goldman Sachs y el fondo Azora; el Tribunal Supremo anuló
esta venta en diciembre de 2019. También en 2013, la Empresa Municipal
de Vivienda y Suelo (EMVS) enajenó 1.860 pisos de protección pública a
Blackstone. El PP gobernaba entonces el Ayuntamiento (Ana Botella) y la
Comunidad de Madrid (Ignacio González); “se privatizaron bastante por
debajo de su valor real de mercado y con el consiguiente deterioro de la
situación para los inquilinos”, concluye Méndez.
Los fondos de inversión adquirieron también hoteles, naves
logísticas, centros comerciales y grandes inmuebles de empresas (en
septiembre de 2018 el fondo Angelo Gordon compró al BBVA, por cerca de
100 millones de euros, la antigua sede en Bilbao del Banco de Vizcaya,
una torre de 21 plantas). Asimismo, subraya el autor de El nuevo mapa geopolítico del mundo,
“los fondos se han convertido junto con las SOCIMI en los principales
caseros del país, con una presencia hegemónica en el mercado del
alquiler” (los fondos de inversión poseían, a finales de 2018, más de
110.000 viviendas destinadas al alquiler). (...)
Ricardo Méndez Gutiérrez del Valle apunta otro agente del ciclo
inmobiliario actual, la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la
Reestructuración Bancaria (SAREB), conocida como “banco malo”. Se
constituyó en 2012, explica en su página Web, “para ayudaral saneamiento
del sector financiero español y, en concreto, a las entidades que
arrastraban problemas debido a su excesiva exposición al sector
inmobiliario”; esta idea se concretó en la recepción, por parte
de la SAREB, de préstamos “tóxicos” que los bancos rescatados habían
concedido a los promotores inmobiliarios, además de viviendas, plazas de
aparcamiento, suelos rurales e industriales, promociones a medio
construir, hoteles y locales comerciales (valorados en 50.781 millones
de euros), con un plazo de 15 años para su venta; la mayor parte (55%)
del capital del “banco malo” es privado (con el Banco Santander y
Caixabank como principales accionistas), mientras que el 45% es público a
través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).
El autor de Ciudades en venta se refiere a la SAREB como
“oportunidad perdida”. De hecho, explica Méndez, “se desestimó la
oportunidad de constituir –al menos con la parte del dinero público
invertido- un stock de vivienda social o de alquiler”; además, “a partir
de 2015 la SAREB descentralizó la tarea de comercialización en
promotoras inmobiliarias de bancos –Altamira, Servihábitat, Solvia,
Haya-, lo que apunta una similitud en las estrategias de negocio”. El
“banco malo” creó, a mediados de 2019, su promotora inmobiliaria –Árqura
Homes-, que dice contar con suelos y obras sin terminar por valor de
800 millones de euros.
Sin embargo, la jerga especulativa, la inflación estadística y el
trasiego inmobiliario tienen un reverso: en diciembre de 2019 una
veintena de familias resistían al desahucio -con el apoyo de los
movimientos sociales- en tres bloques de viviendas del barrio madrileño
de Carabanchel, propiedad de la SAREB y en las que vivían de alquiler.
En otro ejemplo de lucha, 232 familias de Barcelona, l’Hospitalet de
Llobregat, Terrassa, Granollers y Badalona han iniciado, con el respaldo
del Sindicat de Llogateres, una campaña contra el “fondo buitre” Azora,
“ante las subidas salvajes que quiere hacer en las renovaciones de los
contratos del alquiler”. (Enric llopis, Rebelión, 20/02/20)
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