"Esta situación es la más cercana a una guerra que hemos conocido muchas
generaciones de españoles. Por eso es tan importante la reacción que
tengamos, en lo individual y en lo colectivo.
Si las cosas empeoran,
como todos prevemos, habrá que hacer un gran esfuerzo que nos obligará
más que nunca a enfocarnos en lo importante: realizar
la mejor tarea sanitaria posible, poner todos los medios disponibles
para atajar esto lo más rápido que se pueda, y trabajar para manejar las
consecuencias, económicas, políticas y sociales que el Covid-19 tendrá.
El coronavirus ha cambiado nuestras vidas y también lo hará cuando desaparezca.
Sin embargo, parece que todavía no hemos caído en la cuenta de a qué nos estamos enfrentando,
a juzgar por la mayor parte de las discusiones de los últimos días en
la esfera pública, dividida entre la alarma, el pensamiento positivo y,
cómo no, los múltples enfrentamientos partidistas. No se trata sólo de
lo que se transmite por redes y medios de comunicación, sino de que la
mayor parte de los mensajes que se emiten van en la misma dirección, la
de buscar responsables en lugar de soluciones.
(...) buena parte del independentismo merecen mención especial en este
apartado de intentar sacar provecho político de la situación, trampa en
la que también ha caído el PNV. El caso es utilizar el momento para
conseguir réditos políticos y, aunque unos más que otros, lo hacen
todos. Una vez más, parece que lo importante no es buscar soluciones
sino culpables.
No es extraño, porque la política lleva años inmersa en estas dinámicas. (...)
Hoy mismo, Echenique y Rafael Hernando caían
en estas trampas que les dejan en muy mal lugar: cada vez que se
utilizan los calificativos en lugar de argumentos es porque se carece de
ellos.
Lo siento, no quiero formar parte de eso. No me
interesa. No es útil para la sociedad ni para los ciudadanos. Y en un
momento como este, es ridículo. Es un mecanismo de desahogo de la
frustración personal que acaba derivando en espectáculo, cuando no en
una forma pornográfica de diálogo social. (...)
En este instante concreto, seguir en esas dinámicas demuestra la
incapacidad de quienes las utilizan de pensar cómo hacer frente al
coronavirus y qué soluciones estructurales ofrecer, que serán indispensables
para el momento posterior y que condicionan nuestra reacción ahora. El
ruido no es más que una manera de decir que no tienen nada que decir.
Hay otros terrenos en los que la personalización sí es pertinente, en el
de conductas privadas poco conocidas que aportan algo a los demás;
conductas a veces profesionales, a veces ejemplares y otras heroicas, de
gente que se sacrifica y ayuda a los demás. Está bien ponerlos cara, que sepamos todo lo que hacen por nosotros, que reconozcamos su valor.
Y lo entiendo pertinente precisamente en momentos como estos, cuando
son las personas concretas las que suplen con su actitud, su esfuerzo,
su dedicación y su valentía las carencias generales y los déficits
estructurales. Cuando el sistema falla, son la entrega y la inventiva de personas y pequeños colectivos las que actúan para tapar las brechas.
El reconocimiento que estos días se está haciendo al personal sanitario
nace de este hecho: como carecen de los medios, las plantillas y los
instrumentos adecuados, tienen que dar bastante más de lo exigible.
Ocurre en muchos más terrenos, con personas que en sus familias, en sus
comunidades, en su entorno o en su trabajo aportan mucho a la solución.
Es necesario y conveniente hacer visible lo que hacen. En una
sociedad individualista, en la que mucha gente suele mirar por sí misma,
debemos dar relevancia a aquellos que ponen por delante el bien común.
Y porque, de este modo, si se visibilizan iniciativas, se darán
opciones a la población de ayudar contra esto más allá de mirar el
televisor.
El coronavirus es un shock que va a cambiar muchas cosas en lo
ideológico, lo económico, lo social, lo geopolítico y en la organización
estatal. Este es un momento de cambio y tenemos que actuar de inmediato
para terminar con la pandemia lo antes posible pero también para poner
las bases de la sociedad hacia la que nos dirigimos. Vamos a tener que afrontar muchos dilemas, y este es el momento de dirigirnos hacia la salida en todos los sentidos.
Hemos de saber cómo hemos llegado hasta aquí, qué ha causado todos los
problemas que han confluido en el coronavirus, para saber cómo ponerlos
solución. Hay que planificar el camino de reconstrucción y hay que
organizarlo desde ya, porque las decisiones que hoy se tomen
condicionarán el futuro. En lo económico es evidente,
pero también en todo lo demás.
Esta es la política que se requiere hoy,
porque habrá transformaciones en el sistema (incluso seguir actuando de
la misma forma que antes de la pandemia sería un cambio) y es el
momento de entender cuáles y cómo podemos dirigirlas hacia un futuro que
nos sea más propicio y no menos.
El regreso de los Estados y el fin del orden global ya está aquí.
No solo porque EEUU, China y Rusia lo hayan decidido, sino porque
Alemania y el Reino Unidos han hecho lo mismo. Además, el Covid-19
seguirá siendo un peligro tiempo después de que pase la pandemia y los
controles fronterizos y la desconfianza hacia ciudadanos de otros países
va a permanecer: nadie querrá infectarse de nuevo.
El regreso de la
geopolítica está aquí, con dos imperios, EEUU y China, enfrentados y peleándose por poner a Europa de su lado. La economía va a sufrir muchísimo
y habrá que reconstruir un país que va a vivir situaciones muy
difíciles (en el empleo, en sus pequeñas empresas y en las grandes
cifras), y habrá qué decidir de qué forma se hace y con qué perspectiva.
España deberá saber cuál va a ser su papel ahora y qué apoyo va a recibir de sus socios, y la misma UE habrá de replantearse su articulación, cuando no su misma existencia. Son
enormes retos económicos, políticos, geopolíticos y sociales que
convierten en irrelevantes las grescas mediáticas en las que viven
nuestros dirigentes.
Esta es época de sacrificios personales, de dolor, de confinamiento, de
lucha contra algo que de momento nos supera. Pero lo es también de
empezar a cambiar las cosas para que, cuando todo esto pase, tengamos
una sociedad mejor: más preparada para hacer frente a las emergencias y a
las situaciones excepcionales, pero también articulada para que
tengamos más posibilidades vitales, un nivel económico digno, unos
valores más sólidos y unas estructuras más firmes.
Van a venir tiempos
duros, y necesitaremos muchas aportaciones y muchos menos insultos: menos ruido y más sustancia, menos levedad y más profundidad, menos superficie y más fondo. Más política real para que, en el futuro, sean necesarias menos heroicidades." (Esteban Hernández, El Confidencial, 20/03/20)
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