"Una enfermera de un centro de salud de Petrer (Alicante) tuvo la idea: ¿por qué no aprovechar la dilatada experiencia de las aparadoras, las mujeres que cosen los zapatos en sus casas, para confeccionar mascarillas y ayudar a paliar su preocupante escasez?
El Ayuntamiento de la localidad alicantina facilitó la tarea de
coordinación y numerosas aparadoras tanto de Petrer como de la vecina
Elda se pusieron manos a la obra y ya llevan más de 5.000 mascarillas en
unos pocos días contra el coronavirus.
Están
destinadas al Hospital General de la comarca, que ha sido también
partícipe desde el principio. La cadena solidaria se ha extendido al
resto de la potente industria del calzado de la zona y ahora varias
empresas ofrecen sus servicios para troquelar (cortar las piezas) o
donar materiales.
Tanto se ha extendido la idea y tanta falta hacen las mascarillas en toda España
que el Ayuntamiento de Petrer ha recibido un aluvión de peticiones de
información para poner en marcha iniciativas similares. Desde un taller
de costura de Madrid hasta una asociación de amas de casa de Torrox
(Málaga), pasando por una organización social en Benetúser (Valencia),
se han interesado “principalmente por el tipo de material que se tiene
que utilizar para fabricarlas” y de la forma en que se han organizado en
Petrer, explicó este miércoles la alcaldesa Irene Navarro.
“Llevamos
dos días que no paramos de recibir llamadas y mensajes desde que la
noticia trascendió a la opinión pública”, añade en la nota de prensa.
Y trascendió gracias, en gran medida gracias a Juan Membrive, un joven experto en marketing que
ha dado a conocer en las redes sociales y en los medios la labor de la
cadena formada por cerca de 50 personas, la mayoría mujeres como su
madre, que lleva 40 años cosiendo zapatos. “Ahora estoy esperando
material que aún no me han traído, porque se me acabó y ya somos
muchas”, relataba el pasado martes por teléfono María Luisa del Amo
Parrilla, de 57 años, la madre de Juan.
“Cuando llega la tela del
fieltro sanitario es como un cuadrado. Yo lo doblo, le doy forma, lo
coso por los lados, lo vuelvo a doblar y coloco las gomas elásticas y
vuelvo a coser. Entonces me las recogen y se las llevan”, explica la
mujer que vive en la calle que divide Petrer y Elda. Las mascarillas se
llevan entonces al hospital donde son esterilizadas y puestas a
disposición del centro.
María Luisa se dedica a esta labor altruista durante el fin
de semana y cuando sale de su trabajo como zapatera. “Hacer mascarillas
es solo maña, mejor si tienes oficio y experiencia, claro. Cualquier
modista lo puede coser perfectamente. Las aparadoras tenemos un grupo de
WhatsApp. Es una iniciativa muy solidaria, todo el mundo quiere
colaborar y hacer mascarillas, no me doy ningún mérito, soy una más”,
apunta la aparadora, originaria de Munera, en Albacete.
Ni
ella ni su hijo quieren dar pistas sobre la enfermera con la que empezó
todo esto. Está agobiada con tanta atención y peticiones cuando ella
solo quiere dedicarse a su trabajo y que funcione la cadena solidaria,
explican ambos por teléfono sin soltar prenda. María Luisa concede que
las condiciones laborales del colectivo de las aparadoras han mejorado
un poco, tras la denuncia pública de su situación de explotación de hace
unos años, cuando se asociaron siguiendo el ejemplo de las kelis, las camareras de habitación de los hoteles. (...)" (Ferran Bono, El País, 19/03/20)
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