"(...) Más allá del hecho particular de esta pandemia, aquí lo que nos ocupa
es la pregunta sobre lo novedoso de esta situación de aislamiento a
nivel mundial, algo que nunca antes había sucedido en la historia. La
pandemia del coronavirus logró confinarnos a una cuarentena global,
dentro de las cuatro paredes del hogar. Nadie estaba preparado, pero
sucedió y el mundo siguió girando.
¿Qué pasó con las instituciones? ¿Cómo es posible que todo siga
funcionando si las personas no estamos en nuestros puestos de trabajo?
¿Será que ya no somos necesarios? ¿Será que algo cambió y no lo habíamos
notado?
Esto nos obliga a preguntarnos si estamos asistiendo a la
conformación de un nuevo sistema poscapitalista o si está emergiendo una
nueva fase dentro del mismo capitalismo: del capitalismo agrario, al
industrial, al financiero y ahora al digital. (Ambas hipótesis quedan en
el tintero para abordar en futuros estudios). (...)
De la misma manera, a dos décadas de comenzado el siglo XXI,
asistimos a la materialización de nuevas relaciones sociales, que
implican el paso hacia la digitalización de la economía y la
conformación de nuevas mediaciones basadas en la virtualidad como
elemento central: un reordenamiento digital de la producción
capitalista, que puede observarse principalmente en la disputa por la
tecnología del 5G, en la aparición de monedas virtuales y en el
desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
Vemos cada vez con más claridad cómo nuestro verdadero valor como
trabajadores radica en la producción de datos –en interacción con las
plataformas virtuales– que son utilizados como materia prima necesaria
para generar algoritmos (IA).
En este proceso, nos hacen cada vez más dependientes de la tecnología
y más controlables, ya que tienen la capacidad de predecir nuestras
conductas. Lo irónico de todo esto es que producimos los datos que nos
harán prescindibles.
Y es que por más de que estemos encerrados en casa, no estamos
aislados, y aunque no vayamos a nuestros lugares de trabajo, estamos
trabajando: el uso de internet en este tiempo de confinamiento está
generando enormes masas de datos que fluyen en el territorio virtual, al
que necesariamente vamos a buscar educación, entretenimiento,
alimentos, medicamentos y todo lo que necesitamos para subsistir.
(...) el mismo capitalismo ha creado condiciones de organización local y,
quizá se esté incubando otro virus distinto al Covid-19: el virus de un
nuevo sistema que globalmente corte las cadenas de opresión a través de
redes de solidaridad con quienes están en la misma situación de
desconcierto, encierro forzado y disciplinamiento social.
El mundo está cambiando de manera irreversible; no podemos dar
batalla desde viejas recetas en el campo popular. Necesitamos construir
redes de organización a nivel global, con una visión profundamente
revolucionaria del orden establecido, en ofensiva, con creatividad e
iniciativa.
Nuestra potencialidad como clases subalternas reside en
nuestros territorios locales, en la vida en común, en el conocimiento
profundo de las necesidades de nuestra gente. El modelo de organización
comunal basado en lo humano nos muestra capacidad de resistencia y
batalla. Pero la comuna aislada hoy se vuelve “contrarrevolucionaria”. (...)
El salto necesario en este momento es poder universalizar nuestras
luchas locales, en una especie de “sistema nervioso”, donde las
herramientas tecnológicas sean las armas del pueblo para unir los
esfuerzos y las banderas, socializar nuestras miles de formas de lucha,
hasta que nuestro sistema socialista, comunal sea realidad en todo el
mundo. Dar la disputa en el territorio virtual, y realizar ese poder en
la calle. (...)
De nuestra capacidad de organización y lucha depende el destino de la humanidad. (...)"
(Paula Gimenez y Emilia Trabucco son investigadoras y redactoras del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la), Rebelión, 26/03/20)
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