"Según informó la Cadena Ser, el portavoz de la Conferencia
Episcopal Española, Luis Argüello, ha declarado que el ingreso mínimo
vital o renta básica que prepara el gobierno para ayudar a quienes se
han quedado en paro o lo necesitan "es indispensable", pero sólo
mientras dure la crisis del coronavirus pues, en su opinión, "pensar en
una permanencia de grupos amplios de cuidadanos que vivan de manera
subsidiada yo creo que no sería un horizonte deseable a largo plazo para
el bien común". (...)
me parece que la declaración que ha hecho su portavoz se puede
considerar objetivamente como tramposa, cínica y tan falsa y oportunista
que incluso es contraria a la propia doctrina católica y a lo que
propone Cáritas, que es la organización a la que los propios obispos
españoles confían la lucha contra la pobreza. A continuación, justifico
mi opinión.
Declaración tramposa
Los obispos han hecho una declaración tramposa porque la renta
básica, ingreso mínimo, renta de inserción... o como se quiera llamar a
lo que va a aprobar el gobierno ya existe en todas las comunidades
autónomas de España, gobernadas por partidos de distinto signo.
Lo único que ahora parece que pretende hacer el gobierno es
establecer en España lo que ya existe en todos los países miembros de la
Unión Europea, un ingreso o renta mínima nacional para combatir la
pobreza, algo que en nuestro país (y esto sí que es criticable) no
existe porque lo que tenemos son rentas mínimas en todas las comunidades
autónomas, aunque con distinto nombre, condiciones y contenido y
conformando todas ellas un conjunto (más bien una maraña) con grandes
deficiencias, inequidades y disfuncionalidades que sí conviene reformar.
Por lo tanto, los obispos españoles hacen trampa cuando se meten en
el rifirrafe contra el gobierno con la excusa de estar preocupados
porque haya "grupos amplios de cuidadanos que vivan de manera subsidiada", como ha dicho su portavoz.
Son tramposos porque están criticando como si fuera nuevo lo que ya
existe. Si su preocupación por esa situación fuese sincera la hubieran
expresado ya hace tiempo en todas las comunidades autónomas y no ahora;
y, además, habrían criticado ese ingreso mínimo o renta básica no sólo
en España sino en toda Europa.
¿Por qué lo hacen ahora, justo en este momento político? (...)
Declaración cínica
Además de tramposa, la declaración de los obispos españoles es cínica
porque la institución que recibe más subsidios en España y la que tiene
más privilegios democráticamente injustificables, y a diferencia de lo
que ocurre en cualquier otro país europeo, es precisamente la Iglesia
Católica.
Sin necesidad de entrar en el debate de si una parte del dinero que
recibe del Estado es como contraprestación a servicios que realiza a la
sociedad (algo que es bastante discutible pero que incluso puedo dar por
bueno), lo cierto es que la Iglesia Católica tiene en España una
financiación privilegiada que se puede considerar como un auténtico
subsidio: entre otros, multitud de exenciones fiscales, el pago a
sacerdotes o la posibilidad de inmatricular propiedades (se ha calculado
que se ha apropiado de unas 100.000 desde que la dictadura franquista
le permitió quedarse con ellas sólo con que el obispo correspondiente
certificara que era suya).
Es muy cínico, pues, que los obispos españoles se preocupen ahora
porque las personas sin empleo ni ingreso puedan recibir un subsidio
para sobrevivir cuando su Iglesia católica española no podría vivir como
vive ni hacer lo que hace si no fuera por los subsidios que recibe del
Estado. (...)
Y es particularmente cínico que la Conferencia Episcopal haga esa
crítica cuando la jerarquía católica española hace un uso tan poco
ejemplar del dinero que recibe del Estado. Por ejemplo, cuando dedica
más dinero (10 millones de euros últimamente y más en años anteriores) a
una cadena de televisión derechista y muy deficitaria (13TV) que a
Cáritas (6 millones).
Declaración tan falsa y oportunista que incluso es contraria a la doctrina de la Iglesia y a lo que propone Cáritas
Con tal de atacar al gobierno, los obispos españoles se saltan a la torera su propia doctrina.
El Papa Francisco acaba de reclamar hace unos días un "salario
universal" para "garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y
tan cristiana: ningún trabajador sin derechos". Una reivindicación que,
en puridad, es mucho más radical que la de una renta básica pues implica
que el precio del trabajo no se fije en función de la oferta y la
demanda en los mercados sino de tal manera que "reconozca y dignifique
las nobles e insustituibles tareas que realizan" quienes "viven el día a
día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja".
Esta
reivindicación del Papa de un salario universal (que no sería de mercado
porque el mercado de trabajo no funciona para dignificar y reconocer la
nobleza de las tareas humanas) se corresponde con una amplia tradición
doctrinal de la Iglesia Católica que siempre ha concebido el derecho al
trabajo de todas las personas como "un derecho fundamental" puesto que
se considera que el trabajo es un instrumento insustituible de
humanización (Juan Pablo II, Laboren Exercem).
Y siendo el
derecho a trabajar un derecho fundamental que se supone que siempre debe
estar garantizado, lo lógico es que "la vida digna en el plano
material, cultural y espiritual" (Pablo VI Octogesima Adveniens,
14) que la Iglesia católica defiende para todas las personas se
garantice a través de un salario o remuneración del trabajo justos, eso
sí, "teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada
uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común" Pablo VI, Gaudium et Spes, 67). (...)
Para los obispos españoles está claro: esas personas empobrecidas
deben mantenerse en la indigencia o vivir de la caridad. El gobierno,
como antes todas las comunidades autónomas y todos los gobiernos
europeos sin excepción, trata de evitar -con más eficacia de la que se
consigue hasta ahora- que quienes estén en esa situación permanezcan en
la pobreza. Y esto le parece mal a los obispos españoles, unos señores
que en nombre de Dios se llenan la boca pregonando justicia, amor al
prójimo, solidaridad, generosidad o paz.
La prueba palpable de que la propuesta que acaban de hacer los
obispos españoles (dejar sin ingreso mínimo a las personas que no están
empleadas y carecen de rentas una vez que pase la crisis del
coronavirus) es contraria a su propia doctrina la ofrece Cáritas, la
organización católica que tan ejemplar y esforzadamente se dedica a
combatir la pobreza y a tratar de remediar el daño que produce a tantas
personas.
Basta dedicar unos minutos a indagar en Google o en cualquier otro
buscador para encontrar pruebas de que, quienes de verdad siguen la
doctrina católica y luchan día a día contra la pobreza como hace
Cáritas, sí defienden un ingreso o renta mínimos, antes y después de la
crisis del coronavirus.(...)" (Juan Torres López, público, 21/04/20)
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