21.4.20

El Coronavirus frena la globalización y abre paso a la industria nacional

"(...) Todo indica que la crisis que actualmente estamos viviendo es también un punto de inflexión en la historia. Al finalizar la pandemia del coronavirus nuestras vidas y sociedades no serán iguales a las de antes.
 
El apogeo de la globalización sufrirá cambios sustantivos. La producción a escala planetaria, con la fragmentación de los procesos productivos en distintos países tendrá que cambiar a un sistema menos interconectado (lo que ya estaba parcialmente sucediendo con la guerra comercial que impuso Trump a China). Nuestras vidas estarán más limitadas físicamente y serán probablemente más virtuales. No es que la globalización se revierta. Pero se modificará, adquirirá nuevas formas.

Una vez que pase la pandemia, la industrialización sobre bases nacionales o al menos entre países cercanos se abrirá paso en las políticas públicas de todos los Estados. Desde luego en Europa y Estados Unidos, pero también en los países de nuestra región. Ello cuestionará el Estado mínimo y el fundamentalismo de mercado. 

Con la pandemia, la dependencia y lejanía geográfica se muestran peligrosas. Después del coronavirus resultará difícil ser abastecidos por suministros médicos provenientes de China u otros países lejanos. Esos suministros y otros bienes sensibles, como los alimentos, serán asunto de seguridad nacional y por tanto de necesaria producción interna. La eficacia económica que fundamentaba la globalización se modificará en favor de garantizar las necesidades básicas de las poblaciones.

Los gobiernos se verán obligados a gastar más en proteger la salud de sus ciudadanos y la sanidad tendrá que ser pública y universal. Ya no son sostenibles las orientaciones neoliberales de las últimas décadas que han debilitado los servicios de salud. En consecuencia, difícilmente se regresará a un nuevo periodo de austeridad, como el que se vivió después de la crisis económica del 2008.

Así las cosas, probablemente habrá presión por políticas fiscales expansivas, que exigirán la aplicación de mayores impuestos a la riqueza. Porque, como dice el filósofo francés, Edgard Morín, es preciso atender públicamente no sólo la salud, sino también la educación, pilares de la dignidad humana y bases del desarrollo económico de todo país.  (...)

La tarea que nos espera es construir economías y sociedades más duraderas y humanamente habitables, que terminen con las que han estado sujetas a la anarquía de los mercados. La economía tendrá que responder a las nuevas exigencias sociales, en salud, educación y para enfrentar la crisis climática.  

El coronavirus ha dejado al descubierto las fragilidades del capitalismo neoliberal globalizado, cuya expresión más representativa es el caso chileno. Sus desafíos son inmensos. (...)"                (Roberto Pizarro, elDesconcierto.cl, 16/04/20)

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