"(...) En cuanto los problemas han comenzado a mostrarse, en cuanto se han
manifestado los fallos del sistema, multitud de operadores se han puesto
a tratar de resolverlos, bien en el sentido de reproducir las lógicas
anteriores, bien intentando descubrir y poner en marcha otras diferentes
y transformadoras.
Y no crean que me refiero solamente a los operadores
convencionales, a los políticos, a las autoridades o a los economistas
que toman las grandes decisiones institucionales. Me refiero, sobre
todo, a la gente corriente.
Es verdad que debe haber muchos trabajadores, autónomos, empresarios
de todo tipo, empleados públicos... que simplemente se estén dejando
llevar por la comodidad, por la desolación, por el miedo o por la
inercia del tiempo que pasa.
Estos son una de las partes del problema,
mas junto a ellos, muchas personas, miles y miles, quizá la mayoría, han
afrontado la situación desde el primer momentos diseñando nuevas
estrategias, tratando de encontrar nuevas fuentes de negocio, nuevas
habilidades, desarrollando capacidades que hasta ahora quizá ni sabían
que tenían, inventando formas novedosas de generar ingreso, o
simplemente tomando conciencia de la forma en que vivían hasta ahora y
reflexionando sobre la necesidad de vivir, de convivir y relacionarse de
otro modo con los demás seres humanos y con la naturaleza en el futuro. (...)
De eso se trata, de ser conscientes de que esto que nos está sucediendo
es la vida que pasa por nosotros, destruyendo a una parte de ella, pero
creando al mismo tiempo las condiciones para que emprendamos otra
diferente. No hay árbol que el viento no haya sacudido, dice un viejo
proverbio hindú, así que no debemos tener miedo a la tormenta sino, en
todo caso, a no estar espabilados y bien dispuestos cuando pase.
Esta pandemia nos está hablando. Nos ha dado un golpetazo en la cara
para decirnos que estábamos viviendo de forma arriesgada e irracional,
que no podemos seguir jugando a convertir las leyes de la vida en
monigotes a nuestra disposición, que hay cosas más importantes que ganar
dinero porque puede llegar de pronto un virus y paralizarlo todo, que
tenemos un "oikos" (una palabra griega de donde viene el término
oikonomía-economía que se refiere a todo lo que hay cerca de nosotros
para proporcionarnos cobijo y sustento), que es más valioso de lo que
creíamos porque constituye nuestro auténtico espacio protector y lo que
de verdad nos da seguridad, satisfacción y consuelo. Allí donde nos
refugiamos en el peligro, como ahora.
Cuando de jovencillo comencé a subir las cuestas de Sierra Nevada
alguien que me guiaba me enseñó un refrán inglés que nunca olvidé:
cuando el camino se hace duro, los duros se ponen a caminar.
Miles,
millones de personas se han puesto a caminar en España para hacer frente
a la desgracia que estamos viviendo. Los sanitarios, docenas de miles
de trabajadores, comerciantes y empresarios, transportistas, vendedores,
personal de limpieza (¡tan modesto, tan esforzado, tan cercano, tan
necesario!), fuerzas de seguridad, todos quienes nos proporcionan los
bienes y servicios básicos a costa de su propia salud, profesoras y
profesores que siguen atendiendo a nuestros hijos, periodistas, las
mujeres y hombres sencillos que se cuidan unos a otros y a otras en el
interior de sus casas y que reflexionan tomando conciencia de lo que
pasa... tantos y tantas... que son, como mi amigo, un gato de ocho vidas
que saca fuerza, ánimo, recursos e ingenio hasta de donde no los hay
para salir adelante.
Esa es la otra cara, la otra actitud que brota en todas las crisis.
La que hay que tener para poder superar una emergencia como la que
vivimos.
Convertidos en gatos de ocho vidas, como mi amigo el empresario,
cooperantes, solidarios, de la mano, podremos pasar de una a otra, de lo
viejo a lo nuevo, superando el dolor y el sufrimiento. Podremos
conseguir que sea verdad lo que decía Lao Tsé: lo que la oruga llama el
fin, el resto del mundo lo llama mariposa.
Claro que hay entre nosotros demasiados matagatos empeñados en que
consumamos las vidas una tras otra cuanto antes.
Quienes a toro pasado
lo saben todo y no paran de criticar lo que se hizo ayer con los datos
de hoy; quienes anteponen sus intereses de partido y en concreto el
derribar al gobierno a cualquier otro, aunque ahora todos sin distinción
nos juguemos la vida de nuestros seres queridos; quienes no paran de
culpar de todo a quien tiene la responsabilidad de tomar decisiones
difíciles; quienes se dedican a difundir bulos y a mentir sin descanso y
con descaro; quienes creen que España es suya; quienes no hacen sino
indisponer a unos españoles contra otros.
En fin, quienes no entienden
que hay momentos en la vida en que las diferencias se deben aparcar para
tratar de salir adelante apoyando a quien tiene el liderazgo por
expreso mandato, como en nuestro caso, del voto popular y de las
instituciones democráticas.
Es normal que, en los momentos complicados, como el de ahora, estos
comportamientos malvados se hagan notar y que nos acosen. Es el mejor
caldo de cultivo de la maldad y ésta es seguramente inevitable entre los
seres humanos. Pero no nos equivoquemos. Como dijo Albert Einstein, "el
mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que
permiten la maldad". No la permitamos, ni tampoco el desánimo, ni la
rendición, ni el individualismo, ni la irreflexión. Convirtámonos, como
mi amigo empresario y como tantos otros millones de compatriotas
heroicos de estos días, en gatos con ocho vidas." (Juan Torres López, Público, La tramoya, 29/03/20)
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