"A punto de ser intubado a un respirador en una de las unidades de
cuidados intensivos de Nueva York, ya colapsadas, un paciente grave de
coronavirus le preguntó a su enfermero: «¿Quién va a pagar esto?».
Fueron sus últimas palabras.
Así lo contó la pasada semana en Facebook Derrick
Smith, enfermero anestesista de un hospital de la ciudad. «Corazón roto
a otro nivel, el de escuchar a un paciente moribundo que gasta sus
últimas palabras en preocuparse por su factura médica», escribió. (...)
«Esta epidemia deja claro que cualquiera de nosotros, en cualquier
momento, podría enfermar y requerir hospitalización y ventilación
mecánica», afirma Adam Gaffney, médico de urgencias en Boston. «Y eso,
en Estados Unidos, puede significar una factura médica que lleve a la
ruina».
Gaffney es, además, presidente de Médicos por un Plan Sanitario
Público, una organización a la que pertenecen más de 20.000
profesionales que apoyan un sistema sanitario universal para Estados
Unidos. Son algunas de las personas que ven de primera mano las
consecuencias de que muchos tengan que tomar decisiones médicas con el
precio como criterio.
«He escuchado de boca de algún paciente que se ha saltado el uso de
inhaladores porque no podía permitirse la dosis», explicó Gaffney. «He
escuchado de boca de algún paciente que ha pasado años sin atención
primaria porque no tenía seguro y le preocupaba acabar en cuidados
intensivos».
En 2018 había 27,9 millones de personas sin seguro médico en Estados
Unidos y se espera que la cifra incremente en millones de personas
debido a la cantidad récord de desempleados, de momento unos 22 millones,
que está dejando esta crisis. Mientras tanto, el país registra
alrededor de 700.000 casos de coronavirus confirmados y 35.000 muertes,
pero las cifras reales pueden ser incluso muy superiores.
El Gobierno de Estados Unidos y las principales aseguradoras dijeron
que cubrirían los costes de las pruebas de detección y tratamiento de
coronavirus, pero la complejidad bizantina del sistema y el miedo a la
quiebra siempre deja un manto de duda sobre
el potencial paciente, asustado ante la recepción de una factura que,
semanas o meses después, se lleve por delante todo lo que tenga.
El precio de las pruebas y tratamientos dependerá siempre del tipo de
seguro que cada persona haya contratado –en el caso de que tengan
seguro- y del hecho de que sobreviva o no. Una empresa que paga el
seguro médico de sus empleados podría decidir no cubrir el tratamiento
de un empleado incluso si la aseguradora contratada afirmara que asume
los pagos relacionados con el coronavirus.
El instinto nortamericano de preguntar el coste de los tratamientos médicos es ya un obstáculo en la pandemia. Según una encuesta de la empresa Gallup realizada
en diciembre de 2019, desde 2006, el 30% de los estadounidenses ha
retrasado todo tipo de tratamientos médicos por su precio. En los
últimos 14 años, cada año, el 19% de los estadounidenses ha retrasado el
tratamiento de alguna enfermedad grave, según la misma encuesta.
Otra encuesta realizada en 2018 por la Universidad de Chicago apunta
a que hay estadounidenses preocupados por el coste de su asistencia
sanitaria, un 40%, que por caer gravemente enfermos, un 33%.
Gaffney explica que «es difícil enfrentarse a una epidemia si la
gente tiene miedo de ir al médico, de que los vean en una unidad de
emergencias». «Eso podría significar que hay personas a las que no se
realizan pruebas, por lo que que algunas personas reciben cuidados más
tarde y corran el riesgo de hacerse daño a sí mismas», asevera.
Una pandemia que cierra clínicas y destruye empleos
La crisis provocada por la pandemia se ve exacerbada por la devoción
que tiene este sistema por unos beneficios que suelen pasar incluso por
encima de los seres humanos. Los sanitarios se van para casa sin
trabajo, incluso los que han estado en primera línea, en cuanto sus
empleadores buscan reducir costes.
Alteon Health, una empresa relacionada con un fondo de inversiones
que emplea a 1700 médicos de urgencias, entre otras especialidades,
anunció que suspendía los beneficios sociales de sus empleados, incluida
cualquier hora pagada remunerada -vacaciones o días de descanso- según un comunicado de la web especializada STAT.
Mientras, las unidades de cuidados intensivos y emergencias están
emitiendo facturas muy altas y se nota una ralentización cuando no pausa
total en cuidados no esenciales. Eso ha provocado que disminuyan los
beneficios de las empresas sanitarias. Y sin poder beneficiarse de los
tratamientos que más ingresos les reportan como las terapias físicas,
las cirugías estéticas o los procedimientos ortopédicos, el sistema
sanitario, dicen, tiene problemas para cubrir sus costes administrativos
y sus salarios.
La Academia Americana de médicos de Familia ha calculado que podrían cerrar o quedar bajo mínimos hasta
60.000 consultorios en el mes de junio y que serán despedidos o verán
sus contratos reducidos unos 800.000 empleados. Y en los pasillos de
hospitales por todo el país, el personal no solo está siendo
especialmente cuidadoso y se preocupa ante cualquier tos o fiebre,
también tiene la preocupación extra de que sus salarios, empleos o
equipamiento para trabajar estén en la cuerda floja.
«Smpre estamos en el filo y esto añade un nivel extra a una
conciencia muy clara de que no podemos gastar dinero», afirma Joe
Manginn, enfermero de urgencias en Madison, Wisconsin. Manginn y su
esposa, también en el sector sanitario, están atentos a sus propios
costes médicos.
«Si enfermamos y acabamos hospitalizados, nos golpeará en lo
económico, por los pagos, pero, sobre todo, porque no podremos trabajar.
Sería un golpe doble para todos los empleados del sistema sanitario en
este momento», lamenta.
Su seguro médico, en el que se incluye a sus tres hijos, cuesta 5.000
dólares al año más el dinero que ahorran para pagos en metálico en una
cuenta paralela exenta de impuestos. «Trabajamos para el hospital,
deberíamos tener acceso a la atención sanitaria pero desgraciadamente,
ya sabes, nuestro país no funciona así», afirma.(...)
Un desafío de estas características al sistema sanitario puede
terminar con médicos y enfermeros en paro, pero comienzan a verse las
pruebas de que las empresas aseguradoras podrían salir indemnes. No solo
porque las empresas que venden medicina entran en la crisis bien
provistas de capital, sino porque muchos analistas aventuran que sus
costes van a disminuir debido a que baja el número total de personas que
llega a los hospitales a recibir atención.
David Blumenthal, presidente de un think-tank que analiza el
sector, The Commonwealth Fund, dice que la personas que tienen
cobertura anual completa seguirán pagando sus cuotas pero requerirán
menos procedimientos y las empresas tendrán menos costes de operación.
«Seguiremos pagando nuestras cuotas porque sabemos que podemos
contagiarnos de coronavirus y terminar en cuidados intensivos y pagar
decenas de miles de dólares si no tenemos seguro», dice Blumethal.
«Vamos a seguir pagando pero no vamos a ir a ver un médico si no lo
necesitamos mucho. Eso son buenas noticias para las empresas de
seguros». (...)
Gaffney, médico de urgencias, está seguro de que el modelo de
financiación del sistema sanitario en Estados Unidos multiplica las
consecuencias de la epidemia. «A la vez que sube el desempleo y aumenta
la recesión, cada vez más gente pierde su cobertura y recibe más
facturas si se pone enferma. No tiene ningún sentido», concluye." (Amanda Holpuch, eldiario.es, 17/04/20)
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