"(...) P. En su país, en el Reino Unido, en Brasil, por
ejemplo, se niega la realidad, se manipula la verdad, como si esta fuera
maleable, como si fuera ficción…
R. El virus es
un ejemplo muy claro de que hay verdades científicas, de cómo la
naturaleza opera con sus propias reglas, y no podemos cambiar esas
reglas simplemente no hablando de ellas. Sin embargo, a los humanos se
nos da muy bien eso de creernos las ficciones durante un tiempo muy
largo, y a veces, cuando sufres a causa de una ficción, te convences aún
más de que esa ficción es verdadera.
Por tanto, lo importante es parar
el sufrimiento, porque los peores líderes autoritarios encuentran
maneras de hacer que ese sufrimiento opere en su favor. Si no afrontas
los hechos, si te dedicas a contar mentiras, consumes el tiempo que
necesitas para salvar vidas. En Estados Unidos están muriendo decenas de
miles de personas que no tenían por qué haber muerto. Tuvimos tiempo de
sobra para prepararnos.
Podíamos habernos fijado en lo que se estaba
haciendo en otros países, pero no lo hicimos, porque tenemos un líder
que cree en la brujería y no en la ciencia. Nos hablaba de milagros, nos
contaba que esto se iría por arte de magia, por su propio pie. La
realidad se acaba imponiendo, pero ellos jamás lo reconocen.
Nosotros,
como ciudadanos particulares, tenemos que ser capaces de recordar: “No,
lo que dijiste antes fue esto y estabas equivocado, y eso tuvo un
coste”. Una de las maneras en que funciona el autoritarismo es que la
gente se habitúa a que les mientan, hasta el punto de que les resulta
atractivo y esperan que les mientan, quieren que les mientan, y una vez
que caes en esa situación olvídate de que te devuelvan tu democracia.
P. ¿Cuáles cree que van a ser las consecuencias de las manipulaciones de hoy en el aspecto democrático y político?
R.
Creo que la democracia tiene buen aspecto, objetivamente. Países como
España, Italia y Alemania, que han sufrido la epidemia con muchísima
virulencia, tenían, no obstante, periodistas que escribían sobre lo que
estaba ocurriendo y tuvieron respuestas de salud pública que fueron
relativamente rápidas. Esta epidemia es mala para todo el mundo, pero
cuando vives en una democracia tienes alguna idea de lo que está
ocurriendo y alguna capacidad de darte cuenta de que tus líderes te
están ayudando o de ver que no lo están haciendo.
Tengo la impresión de
que en los países del Este de Europa la democracia va a tener incluso
mejor aspecto que antes de la reacción, porque en sitios como Rusia o
Estados Unidos, en los que los líderes te mienten, y donde la prensa
muchas veces es demasiado débil para plantarles cara, mucha gente va a
morir innecesariamente.
Creo que esto podrá restar algo de atractivo al
autoritarismo, al menos fuera de esos países. Mi preocupación es que
haya algunos líderes autoritarios que sean lo suficientemente hábiles
para sacar provecho del sufrimiento, y eso es claramente lo que está
tratando de hacer Trump.
Él no quiere que acabe el sufrimiento, quiere
que se mantenga dentro de ciertos niveles, para después canalizar ese
sufrimiento en contra de aquellos a los que define como sus enemigos día
a día. Pienso que la pandemia supone una oportunidad para que la
democracia demuestre cómo funciona, pero desgraciadamente también es una
oportunidad para que los líderes autoritarios hábiles como Trump sigan
adelante con una política del sufrimiento.
La política carece de
finalidad, carece de verdad. Lo único que vale es la habilidad del líder
para decidir quién es culpable y quién es inocente, a quién toca
echarle la culpa. La política se convierte en una producción diaria de
inocencia y culpa. (...)
P. Usted habla de las instituciones como guardianes de la decencia. ¿Está en peligro la decencia?
R.
Por supuesto que la decencia está en peligro. Es muy triste ver cómo
instituciones en todo el mundo, que en otro tiempo tenían una reputación
intachable, ya sea el Tribunal Supremo de Polonia o el Tribunal Supremo
de Estados Unidos, se vuelven terriblemente politizadas, y pierden el
respeto que una vez tuvieron.
Es una pauta muy significativa que el
autoritarismo a menudo funcione a base de corromper las instituciones.
Por ejemplo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, del que nos
sentíamos orgullosos hasta hace bien poco, ha sido corrompido de arriba
abajo. Lo dirige un hombre, William Barr, que no cree en el sistema de
Derecho en absoluto. Dicho esto, no podemos prescindir en las
instituciones. Precisamente porque los autoritarismos las corrompen,
tenemos que hacer lo posible para defenderlas.
Además de proteger las
instituciones, también es importante construirlas. Esta enfermedad nos
va a llevar a nuevas coaliciones, va a propiciar nuevas relaciones que
antes no existían, y cuando pase, o cuando la tengamos controlada,
algunas de estas coaliciones y relaciones nos ayudarán a crear nuevas
instituciones, nuevas formas de sociedad civil.
La razón por la que las
instituciones nos conectan con la decencia es que nos permiten estar
juntos, nos permiten crear reglas, nos permiten crear pautas de
comportamiento a lo largo del tiempo. Eso sigue siendo igual de
importante que siempre. Tenemos que rescatar las instituciones que aún
tenemos, y después nos tocará pensar creativamente para construir nuevas
instituciones." (Entrevista a Timothy Snyder, Juan Cruz, 27/04/20)
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