30.4.20

Países como España, Italia y Alemania, que han sufrido la epidemia con muchísima virulencia tuvieron respuestas de salud pública que fueron relativamente rápidas... en sitios como Rusia o Estados Unidos, en los que los líderes te mienten, y donde la prensa muchas veces es demasiado débil para plantarles cara, mucha gente va a morir innecesariamente. Creo que esto podrá restar algo de atractivo al autoritarismo

"(...) P. En su país, en el Reino Unido, en Brasil, por ejemplo, se niega la realidad, se manipula la verdad, como si esta fuera maleable, como si fuera ficción…

R. El virus es un ejemplo muy claro de que hay verdades científicas, de cómo la naturaleza opera con sus propias reglas, y no podemos cambiar esas reglas simplemente no hablando de ellas. Sin embargo, a los humanos se nos da muy bien eso de creernos las ficciones durante un tiempo muy largo, y a veces, cuando sufres a causa de una ficción, te convences aún más de que esa ficción es verdadera. 

Por tanto, lo importante es parar el sufrimiento, porque los peores líderes autoritarios encuentran maneras de hacer que ese sufrimiento opere en su favor. Si no afrontas los hechos, si te dedicas a contar mentiras, consumes el tiempo que necesitas para salvar vidas. En Estados Unidos están muriendo decenas de miles de personas que no tenían por qué haber muerto. Tuvimos tiempo de sobra para prepararnos. 

Podíamos habernos fijado en lo que se estaba haciendo en otros países, pero no lo hicimos, porque tenemos un líder que cree en la brujería y no en la ciencia. Nos hablaba de milagros, nos contaba que esto se iría por arte de magia, por su propio pie. La realidad se acaba imponiendo, pero ellos jamás lo reconocen.

 Nosotros, como ciudadanos particulares, tenemos que ser capaces de recordar: “No, lo que dijiste antes fue esto y estabas equivocado, y eso tuvo un coste”. Una de las maneras en que funciona el autoritarismo es que la gente se habitúa a que les mientan, hasta el punto de que les resulta atractivo y esperan que les mientan, quieren que les mientan, y una vez que caes en esa situación olvídate de que te devuelvan tu democracia.


P. ¿Cuáles cree que van a ser las consecuencias de las manipulaciones de hoy en el aspecto democrático y político?

R. Creo que la democracia tiene buen aspecto, objetivamente. Países como España, Italia y Alemania, que han sufrido la epidemia con muchísima virulencia, tenían, no obstante, periodistas que escribían sobre lo que estaba ocurriendo y tuvieron respuestas de salud pública que fueron relativamente rápidas. Esta epidemia es mala para todo el mundo, pero cuando vives en una democracia tienes alguna idea de lo que está ocurriendo y alguna capacidad de darte cuenta de que tus líderes te están ayudando o de ver que no lo están haciendo.

 Tengo la impresión de que en los países del Este de Europa la democracia va a tener incluso mejor aspecto que antes de la reacción, porque en sitios como Rusia o Estados Unidos, en los que los líderes te mienten, y donde la prensa muchas veces es demasiado débil para plantarles cara, mucha gente va a morir innecesariamente.

 Creo que esto podrá restar algo de atractivo al autoritarismo, al menos fuera de esos países. Mi preocupación es que haya algunos líderes autoritarios que sean lo suficientemente hábiles para sacar provecho del sufrimiento, y eso es claramente lo que está tratando de hacer Trump. 

Él no quiere que acabe el sufrimiento, quiere que se mantenga dentro de ciertos niveles, para después canalizar ese sufrimiento en contra de aquellos a los que define como sus enemigos día a día. Pienso que la pandemia supone una oportunidad para que la democracia demuestre cómo funciona, pero desgraciadamente también es una oportunidad para que los líderes autoritarios hábiles como Trump sigan adelante con una política del sufrimiento. 

La política carece de finalidad, carece de verdad. Lo único que vale es la habilidad del líder para decidir quién es culpable y quién es inocente, a quién toca echarle la culpa. La política se convierte en una producción diaria de inocencia y culpa. (...)


P. Usted habla de las instituciones como guardianes de la decencia. ¿Está en peligro la decencia?

R. Por supuesto que la decencia está en peligro. Es muy triste ver cómo instituciones en todo el mundo, que en otro tiempo tenían una reputación intachable, ya sea el Tribunal Supremo de Polonia o el Tribunal Supremo de Estados Unidos, se vuelven terriblemente politizadas, y pierden el respeto que una vez tuvieron. 

Es una pauta muy significativa que el autoritarismo a menudo funcione a base de corromper las instituciones. Por ejemplo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, del que nos sentíamos orgullosos hasta hace bien poco, ha sido corrompido de arriba abajo. Lo dirige un hombre, William Barr, que no cree en el sistema de Derecho en absoluto. Dicho esto, no podemos prescindir en las instituciones. Precisamente porque los autoritarismos las corrompen, tenemos que hacer lo posible para defenderlas.

 Además de proteger las instituciones, también es importante construirlas. Esta enfermedad nos va a llevar a nuevas coaliciones, va a propiciar nuevas relaciones que antes no existían, y cuando pase, o cuando la tengamos controlada, algunas de estas coaliciones y relaciones nos ayudarán a crear nuevas instituciones, nuevas formas de sociedad civil. 

La razón por la que las instituciones nos conectan con la decencia es que nos permiten estar juntos, nos permiten crear reglas, nos permiten crear pautas de comportamiento a lo largo del tiempo. Eso sigue siendo igual de importante que siempre. Tenemos que rescatar las instituciones que aún tenemos, y después nos tocará pensar creativamente para construir nuevas instituciones."                (Entrevista a Timothy Snyder, Juan Cruz, 27/04/20)

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