"Comienzan a despertarlos a las siete de la mañana para que dé tiempo a
asearlos y que a las diez estén listos para el desayuno. Son solo dos
gerocultoras en la planta para atender a 17 ancianos en situación de
gran dependencia, la más grave. "Tuve incluso una lesión en el hombro
por los movimientos repetitivos y por trasladar a los usuarios.
Cuando
llegas a casa, te duele todo y lo único que haces es tomarte un
ibuprofeno para poder seguir con las tareas domésticas", cuenta Juani
Peñafiel, que lleva 17 años trabajando en el sector, ahora en una
residencia privada en Madrid. "Hay rachas en las que me duele tanto la
espalda que me estiro en el suelo y lloro", dice esta mujer de 50 años.
Los sindicatos se quejan de la sobrecarga. Un estudio de CC OO pone de
manifiesto que gran parte de las empleadas termina medicándose para
paliar el dolor.
Ella es una de las 250.000 personas que trabajan vinculadas a la Ley
de Dependencia en España, según una estimación de la Asociación de
Directoras y Gerentes en Servicios Sociales, experta en la materia. La
gran mayoría (casi un 90%) son mujeres, según cálculos de CC OO, que
eleva la cifra de empleados solo en el sector residencial a más de
290.000.
Los sindicatos lamentan la "precariedad" —las gerocultoras y
auxiliares de ayuda a domicilio no llegan a los 1.000 euros al mes,
según el convenio— y las condiciones laborales, que repercuten en la
calidad del servicio que prestan a unos usuarios en situación tan
vulnerable.(...)
los trabajadores de los servicios sociales. "Es el tercer sector en
que más creció el consumo de hipnosedantes en estos cinco años [el
primero fue el de las actividades domésticas]", señala.
"Esto nos llevó a realizar un estudio entre más de 80 trabajadoras de
residencias, a través de grupos de discusión y de una veintena de
entrevistas en profundidad con empleadas y con delegados sindicales,
responsables de recursos humanos, médicos...", añade. Ellas refieren una
sobrecarga de trabajo física y psicológica.
"Casi el 80% manifiesta
dolor de forma habitual y tres de cada cuatro asegura que toma
medicación para paliarlo. Los resultados no se pueden extrapolar a toda
la población, pero dan una idea de la gravedad de la situación",
sostiene Rodríguez Valdés. "Cuentan que sienten presión, cansancio, bajo
reconocimiento profesional", sostiene. "Antes de llegar a medicarse
para calmar la ansiedad o conciliar el sueño, toman antiinflamatorios o
calmantes", continúa.
"Tienen altas cargas de trabajo, al que además se ven abocadas en
situaciones de estrés, porque ven que no llegan y por las personas a las
que atienden, muy vulnerables", sostiene Gracia Álvarez, responsable de
dependencia en UGT. "Sus condiciones repercuten directamente en la
calidad del servicio", añade.
Más de un millón de personas recibe una
prestación o servicio a través de esta ley. Más de 257.000 personas están en lista de espera.
Más de 146.000 aguardan a ser valoradas para saber si tienen derecho.
"Las trabajadoras tienen bajos salarios y muchas tienen problemas
físicos a consecuencia del mismo", dice Álvarez.
Juani Peñafiel corrobora que los dolores son comunes entre las
compañeras. Ella cobra 700 euros al mes por trabajar "tres o cuatro días
a la semana" de siete a tres de la tarde. "El sector ha ido empeorando
con los años.
En mi planta hace 15 años éramos cuatro trabajadoras para
atender a las mismas personas que ahora, que somos dos". Los usuarios de
esta residencia privada pagan "de 2.600 a 3.400 euros al mes". "Por ese
dinero a veces pienso que estarían mejor en su casa", continúa esta
trabajadora, que afirma que, aun sin parar en toda la jornada, no les
están dando un servicio adecuado. (...)
Estrella López de la Rosa, sevillana de 45 años, atiende a cinco
ancianos en diferentes zonas de Huelva. "Me encargo del aseo, pero
también de tareas como hacer la compra, limpiar la casa o ayudarles a
pasear". Asegura que se ha gastado "mucho en fisioterapeutas". Cobra 982
euros al mes por una jornada completa en la que realiza "gran esfuerzo"
físico.
"La mayoría de las casas no tienen ni camas articuladas ni
grúas", explica. Ella no se medica a diario, pero conoce a compañeras
que "toman antiinflamatorios o relajantes musculares antes de ir al
trabajo". Para soportar la nueva jornada. Y al día siguiente, vuelta a
empezar." (María Sosa Troya , Noor Mahtani , El País, 07/11/19)
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