"(...) ¿cómo ha enfrentado el modelo territorial español la crisis sanitaria?
(...) La primera cuestión a la que ha enfrentado la excepcional situación
generada por la pandemia es, en apariencia, la idoneidad del reparto de
competencias en materia sanitaria y, por ende, en relación con otras
materias.
Señalo que en apariencia porque creo que el verdadero
debate no hace referencia tanto al reparto teórico de competencias
dibujadas en la Constitución y en los Estatutos de Autonomía como a la
efectividad de esas competencias. Dicho de otra manera, el
problema no es que al Estado le corresponda la competencia sobre
legislación básica y coordinación sanitaria.
El problema es que el desarrollo competencial ha provocado que se trate de una competencia vacía. Como esta situación se puede extrapolar a otros órdenes materiales, la cuestión que se plantea es cuál debe ser el núcleo irreductible de competencias efectivas del Estado. Junto a ello, en relación con sanidad y con otras materias sensibles, es
obligado plantearse cuáles deben ser no ya los mínimos garantizados
para todos los españoles sino cuál es el margen de diferencia aceptable
entre los ciudadanos de las distintas Comunidades Autónomas.
(...) es preciso referirse a cómo la crisis ha puesto de manifiesto,
en ocasiones de forma dramática, la escasez, si no directamente
inexistencia, de eficaces resortes de coordinación entre el Estado y las
Comunidades Autónomas y entres éstas. (...)
La crisis ha puesto de manifiesto que no hay instrumentos
para una coordinación efectiva ni siquiera en un supuesto de máxima
gravedad. El ejemplo de las compras sanitarias en el exterior
es bien elocuente al respecto. Un déficit, creo, que si no se corrige
satisfactoriamente y en tiempo breve, puede provocar consecuencias muy
graves sobre la apreciación ciudadana del modelo territorial
Finalmente, hay que realizar una referencia a la esfera local, el papel de provincias y municipios. Aunque sea muy brevemente, debe
ponerse de manifiesto que no es posible pensar el modelo territorial
sin tener la referencia del papel a desempeñar por municipios y
provincias.(...)
Los municipios han sido las instituciones territoriales más valoradas durante toda la crisis.(...)
Como en otras cuestiones, la crisis de la Covid-19 ha puesto de manifiesto la perentoria necesidad de modernizar la forma territorial del Estado.
Es posible que sus consecuencias directas no sean estructurales, que
por si misma no provoque cambios radicales.
Pero es seguro que va a ser
un factor catalizador de muchas transformaciones que estaban en marcha y
que, simultáneamente, va a levantar definitivamente el velo que hoy
todavía cubre con una apariencia de vida a instituciones que,
definitivamente, son pasado. (...)
Modernizar implica, al menos, dimensionar correctamente el lugar
y poder de las estructuras estatales; clarificar el diseño
competencial; fortalecer las estructuras de coordinación y colaboración;
finalmente, pero no en último lugar, una reforma en profundidad de las
estructuras administrativas.
Hay que redibujar el esquema
institucional del Estado autonómico pensando qué es lo que en el modelo
social actual debe corresponder a cada instancia territorial. Y debe
dibujarse un modelo normativo que refleje el reparto de poder con la
mayor sencillez y flexibilidad posible. Entre las tareas de las
instancias de coordinación y colaboración debería estar la de procurar
resolver los conflictos inherentes a esas características, limitando al
máximo la intervención del Tribunal Constitucional. (...)
Realizo una referencia singular a la necesidad de modernizar las
administraciones públicas porque creo que se trata de un tema
minusvalorado sino directamente obviado. También durante estas semanas se han puesto de manifiesto las debilidades de nuestro modelo burocrático y administrativo.
Complejidad; mala distribución de persona; debilidad de estructurar
esenciales; rigidez; insuficiencias en el desarrollo de la
administración electrónica… y otras circunstancias que podrían traerse a
colación. Por supuesto, la modernización del modelo administrativo es
en si mismo un capítulo de las obligaciones que ha puesto en evidencia
la crisis sanitaria. Si lo traigo a colación es porque considero que la
reforma de la Administración es absolutamente necesaria para la adecuada
reconstrucción el Estado autonómico.
Por dos razones. Primero, porque
es preciso un modelo administrativo que tenga interiorizado un diseño de
distribución territorial del poder con las consecuencias que ello
conlleva y, por ende, con la asunción de la colaboración como lubricante
natural del mismo. En segundo lugar, porque el modelo territorial no se
reformará satisfactoriamente si las Comunidades Autónomas no realizan
un ejercicio de revisión crítica de su modelo institucional y de sus
dinámicas organizativas. Una administración adecuada a una sociedad en
transformación. (...)
Hoy, federalizar es modernizar. Y modernizar es construir un Estado
fuerte. Un Estado con capacidad para diseñar y ejecutar políticas
públicas de forma armónica y eficiente entre todos los niveles
territoriales. No es posible mantener un modelo en el que se
puede producir una circunstancia tan paradójica como que el Estado se
muestre incapaz siquiera de coordinar la sanidad en un momento de
extrema gravedad y que, simultáneamente, desarrolle políticas públicas
que pertenecen con claridad al ámbito competencial de las Comunidades
Autónomas.
Reflexionar sobre el modelo territorial español es
hoy una necesidad imperiosa. Pero también la reflexión debe
actualizarse. Hoy, no se trata de un debate alrededor de la
dialéctica unidad/autonomía. Hoy, hay que pensar el modelo territorial
desde la exigente necesidad de modernizar nuestro Estado para adaptarlo a
un modelo social distinto, con demandas y necesidades muy diferentes a
aquellas que lo vieron nacer.
En este contexto, ¿qué significa la apuesta federal?
¿Por qué seguir acudiendo a una voz tan estigmatizada en la cultura
política española? Hay muchas razones que avalan la oportunidad de
seguir recurriendo a la idea federal. Creo que el mejor resumen
es que el federalismo es por cultura, técnicas e ideología la bandera
que mejor puede cobijar ese proyecto.
Y, por supuesto, porque
sigue siendo el mejor instrumento que tenemos para conciliar las dos
exigencias, y necesidades, de nuestro proyecto nacional. Por un lado, el
fortalecimiento efectivo de una unidad que responda a los desafíos del
nuevo orden social y geopolítico. Por otro, la garantía de la autonomía
para hacer efectiva la diversidad natural inherente a ese proyecto.
Posdata. Como habrá observado quien se haya molestado en llegar al
final, no hay referencia a la integración y, específicamente, al desafío
planteado por el nacionalismo catalán. Es una ausencia consciente. La
necesidad de seguir trabajando por encontrar acomodo a los conflictos
planteados no puede seguir paralizando las reformas necesarias de la
organización territorial. Además, tengo el convencimiento de que si se
trabaja en la dirección correcta, se contribuirá de manera significativa
para disminuir la dimensión del problema." (
, Agenda Pública, 23 mayo 2020
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