19.5.20

Los 17 sistemas sanitarios necesitan un mecanismo que los unifique. Los expertos apuestan por una agencia nacional de salud pública tras las carencias evidenciadas por la crisis... Debería vertebrar todos los datos y que no sucediera lo que ha pasado con las estadísticas difícilmente homologables entre unas y otras comunidades... Los intercambios de pacientes, materiales o profesionales de autonomías poco afectadas a otras desbordadas han sido anecdóticos

"Han pasado dos meses desde que se decretó el estado de alarma y en los informes que cada día publica el Ministerio de Sanidad sobre la epidemia de la covid-19 siguen apareciendo asteriscos. Señalan disparidades de criterios en el reporte de los datos de las distintas comunidades autónomas.

 Cada vez son menos. Hubo semanas que estuvieron plagados de ellos. Era casi imposible comparar las cifras de forma homogénea porque cada región las administraba a su manera, pese a los sucesivos requerimientos gubernamentales, vía Boletín Oficial del Estado, para intentar unificar el método estadístico.

 Los asteriscos delatan que algo falla en el engranaje de un Sistema Nacional de Salud que, en opinión de algunos expertos, son en realidad 18: los de las 17 comunidades y el de Ceuta y Melilla, que gestiona el Ministerio de Sanidad. Pero no son las únicas señales que han evidenciado un sistema de compartimentos casi estancos. En el peor momento de la crisis, cuando los hospitales de unas regiones habían sobrepasado su límite y estaban rechazando ingresos en las UCI, otras cercanas tenían camas libres; los traslados, tanto de personal como de equipos y pacientes, han sido, sin embargo, anecdóticos.

 Las tensiones políticas, identitarias e ideológicas de la España de las autonomías se han sometido en esta epidemia a un examen que va más allá de la teoría, que ha puesto a prueba sus mecanismos de funcionamiento y que los ha tenido que cambiar sobre la marcha, en forma de estado de alarma y mando único. (...)

apuntan que se han visto las vergüenzas de un Ministerio de Sanidad que con los años ocupa cada vez menos espacio de su sede en el paseo del Prado de Madrid, con insuficiente dotación de medios técnicos y humanos; apartado de la primera línea de importancia en el Ejecutivo, considerado más un símbolo que un instrumento para hacer políticas útiles. Unidas Podemos y PSOE ni siquiera trataron de disimularlo cuando consumaron su coalición de Gobierno, en la que los primeros rechazaron la cartera por considerarla ornamental y los segundos terminaron nombrando a un ministro, Salvador Illa, en quien pesaron más sus cualificaciones estratégicas como puente con la política catalana que su experiencia sanitaria.

Compras centralizadas

Un ejemplo claro del óxido que iba acumulando el ministerio se vio en los primeros compases del estado de alarma, cuando centralizó las compras de materiales sin contar con un sistema suficientemente potente para llevarlas a la práctica. “Quiso poner en marcha una autopista cerrando las carreteras comarcales, pero el problema es que la autopista no estaba terminada y tuvieron que dar marcha atrás hasta completarla”, apunta Javier del Pozo, secretario general de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM).

 “Las atribuciones en el ámbito de sanidad no se van a revertir, pero lo que está claro es que el ministerio tiene que tener más, ejecutar capacidades, incluso que se dote de medios para coordinar más este sistema nacional de salud”, añade.  (...)

Como todos los demás consultados, Montserrat apuesta por una agencia nacional de salud pública con capacidad ejecutiva, que trabaje en coordinación con las comunidades autónomas. Pone el ejemplo de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. “Puede actuar rápidamente retirando del mercado productos si están en mal estado, con comunicación permanente con Europa. Algo así debería existir en el ámbito sanitario, que pudiera incluso legislar, emitir órdenes”, señala.

Lo cierto es que la ley de Salud Pública de 2011, una de las últimas aprobadas bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, abría la puerta a la creación de esta agencia, pero no se desarrolló en los siete años posteriores de mandato del PP. “Tendría que ser la gran inteligencia sanitaria para prevenir, anticiparse, hacer frente a riesgos como esta pandemia”, asegura Alberto Infante, que fue director de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud entre 2004 y 2010.

Una agencia nacional debería tener capacidad para que no hubiera asteriscos en los informes. “Debería vertebrar todos los datos y que no sucediera lo que ha pasado con las estadísticas difícilmente homologables entre unas y otras comunidades”, opina Javier Padilla, médico de atención primaria en Madrid y autor de varios libros sobre el sistema sanitario.

 “Los datos han sido un desastre porque lo eran antes. Bastante se han mejorado los sistemas de información en ocho semanas para lo mal que estaban en los últimos 10 años”, razona. A su parecer, más allá del sistema, ha habido un problema de los políticos que lo integran: “Era como el juego en el que nadie quiere apartarse el primero de la vía del tren. Nadie quería compartir recursos, pero tampoco los pedían. Seguramente Madrid era la más necesitada y no lo hizo”.

Los intercambios de pacientes, materiales o profesionales han sido contados. Javier del Pozo (CESM) explica que existe un problema de burocracia que limita por ejemplo compartir profesionales: “El sistema que tenemos lo dificulta. Los sanitarios dependen de su comunidad autónoma y no hay ni siquiera posibilidad de moverse voluntariamente en un concurso de traslados en condiciones normales”. Varios profesionales se han quejado en este periódico de que no podían pedir unas vacaciones o una baja voluntaria de sus puestos de trabajo para acudir a comunidades más saturadas porque su contratación no estaba permitida sin un largo proceso.

La solución a estas disfunciones no pasa necesariamente por centralizar más, sino por “unificar”, dice José Luis Cobos, del Consejo General de Enfermería. “Tiene que haber cuestiones básicas comunes —como se hace con el calendario vacunal, aunque tiene pequeñas diferencias—, entre unas y otras autonomías. Tendría que haber ratios de enfermeras y otros profesionales, con flexibilidad según la dispersión y el envejecimiento de la población, pero con criterios unificados y unas pautas generales”, señala.  (...)

Una figura que propone Infante sin necesidad de cambiar el sistema territorial es el Consejo Interterritorial de Sanidad, en el que el ministro se reúne con los consejeros, pero que hoy tiene una función meramente consultiva. “Allí se tratan los temas, pero realmente no tiene competencias, cada consejero se va a su comunidad y son sus consejos de Gobierno los que toman las decisiones finales; debería ser un órgano más ejecutivo”, subraya.

Las carencias del sistema son más o menos compartidas por todos los consultados. Las soluciones, no muy distintas. Infante urge a actuar: “Más allá de un rebrote, tendremos otras pandemias, otras urgencias, y debemos estar mejor preparados”.                    (Pablo Linde, El País, 17/05/20)

No hay comentarios:

Publicar un comentario