"Se dice que ha sido una metedura de pata de
dimensiones épicas; sin embargo, lo que realmente se trasmite es que hay
un duro conflicto en el gobierno y que se está llegando a un punto de
no retorno.
Seguramente no es para tanto, pero esta lectura es posible
y, lo más significativo, sirve para dar argumentos a una operación en
marcha contra el gobierno que dura meses. Se produce en un momento, hay
que subrayarlo con fuerza, en el que asistimos a la rebelión de las
élites económicas, empresariales y políticas que no tienen ningún reparo
en usar a fondo a la extrema derecha para decantar el proceso a su
favor.
El problema real, lo que desvela el conflicto en el gobierno, es
determinar quién va a dirigir el proyecto de reconstrucción económica y
social una vez que se controlen las consecuencias socio sanitarias de la
pandemia del Covid19. Este es el debate político relevante. Lo demás es
secundario.
Hay que
volver a insistir. Tenemos que distinguir dos momentos, el del control
de la pandemia y el de la reconstrucción. La clave está en entender que
los dos están íntimamente unidos; es decir, lo que se haga ahora, las
medidas que se tomen ahora, marcarán la orientación y el tipo de
reconstrucción del país. El dilema redistributivo, el reparto de los
costes (siempre desiguales), tiene que ver con el modelo de desarrollo
que se quiere para España.
Para decirlo con más claridad, ¿vamos a
seguir basándonos en salarios bajos, en la precariedad laboral y en un
Estado Social cada vez más limitado o en salarios dignos, derechos
sociales para todos y todas y un control estricto de los grandes poderes
económicos? No nos engañemos, esto significa reinsertarse de otra forma
en una Unión Europea que va a acentuar dramáticamente la diferenciación
y la asimetría entre el Norte y el Sur.
¿Por qué
esta animadversión tan radical a un gobierno que defiende un programa
moderadamente socialdemócrata, que no cuestiona las reglas del Pacto de
Estabilidad y Crecimiento, que sigue estrictamente las directrices de la
Comisión Europea y se comporta como un buen alumno de una UE que, por
decirlo suavemente, vive una crisis que puede ser terminal? Los poderes
no descansan. Sus centros de elaboración y programación trabajan a todas
horas.
Lo fundamental: adelantarse, sacar ventaja y generar escenarios
adecuados. Este gobierno no es el que quieren los poderes económicos y
empresariales; no se fían, no tanto por lo que hace, sino por lo que
impide. El papel de Unidas Podemos es, hoy por hoy, de veto, pero
además, intenta diseñar políticas anticrisis progresivas y apunta a
superar los aspectos más nocivos de un modelo productivo basado en la
precariedad, la desigualdad y la pobreza.
Es
significativo que la crisis haya llegado por el modelo de relaciones
laborales. Una de las claves de una salida de derechas a la crisis es la
libre disponibilidad de la fuerza de trabajo por parte del
empresariado, la dependencia completa del trabajo al capital. Kalecki lo
analizó muy bien hace más de 70 años, siguiendo la huella de Marx: el
objetivo es disciplinar a las clases trabajadoras, obligarlas a aceptar
bajos salarios, condiciones de trabajo y laborales inhumanas.
El
instrumento es el paro masivo, la profundización en la precariedad, la
pérdida de peso del sindicalismo de clase y la pobreza estructural. Se
trata de la lucha de clases que, al parecer, solo los grandes
empresarios y las derechas creen en ella. Como decía el gran Luciano
Gallino: el conflicto de clase dirigido, organizado y ejecutado desde el
alto, desde las clases dirigentes.
Los dos momentos están unidos. Lo que no se haga ahora, difícilmente se
hará en el futuro. Sabemos ya algo con certeza: no habrá solidaridad de
la Unión Europea. La mentira y la propaganda se entremezclan y lo que
llegue será poco e insuficiente. Una vez más, Alemania, con la ayuda
impagable de Francia, está ganando tiempo, un tiempo precioso y
utilísimo.
En septiembre o en octubre nos daremos cuenta de esta
realidad que hoy pocos admiten. Hay que escuchar atentamente lo que dijo
el otro día el gobernador del Banco de España. El escenario es claro:
un desempleo en torno al 20%, una reducción enorme de los ingresos del
Estado y una gran necesidad de financiación. Se habla de un 120% de
deuda pública y un déficit presupuestario por encima del 10%. Cojo las
cifras más moderadas.
La deuda, es bueno saberlo, no es un problema
cuando lo es en tu moneda, cuando tienes soberanía monetaria, pero se
convierte en un drama cuando es, como el euro, en una moneda extrajera.
Desde la Comisión Europea se nos anima a endeudarnos; es decir, que los
bancos y los grandes fondos de inversión pidan créditos al BCE y compren
nuestra deuda, que, a su vez, será comprada por el BCE, lo que les
dejará grandes ganancias. Esto tendrá límites precisos. Pronto notaremos
qué significa estar de nuevo en manos de los mercados financieros y
poder real del BCE, auténtico dictador moderno.
Lo he dicho muchas veces: los que mandan intentan
construir un escenario donde el Estado de necesidad se convierta en
Estado de excepción. Volverán los viejos dilemas y, para cerrar el
círculo, se nos obligará a elegir entre el euro y las políticas de
austeridad. Los plazos no se alargarán demasiado y pronto nos
encontraremos que retornan los problemas de la deuda soberana y la
necesidad de un ajuste permanente que, según el gobernador del Banco de
España, nos llevará al año 2030.
Es decir, dos décadas perdidas y una
inserción cada vez más subalterna en la Europa alemana. Hablar de
reconstrucción económica y social del país obliga a hacerlo en serio.
Estamos ante la enésima operación para continuar con el mismo modelo de
acumulación, pero con peores condiciones productivas, tecnológicas y
sociales. Nuestras élites económicas, empresariales y políticas –la
trama- lo que quieren realmente es mandar a cualquier precio pactando
con los grades poderes internacionales y garantizando que cumplirán las
sagradas reglas de la Unión Económica y Monetaria.
Resumiendo:
1) Estamos ante una batalla política de grandes dimensiones que está
comenzando;
2) El objetivo es Pedro Sánchez, ablandarlo, debilitarlo y
obligarlo a cumplir las directrices de los poderes económicos.
3) Para
que esto sea posible es necesario desestabilizar el gobierno y echar de
él a Unidas Podemos.
4) El territorio del enfrentamiento lo marcará,
como siempre, la Unión Europea.
5) La movilización de la derecha es
subalterna, sin un proyecto propio de país y al servicio del bloque de
poder hegemonizado por el capital financiero.
Hay
un silencio atronador. Las bases sociales y políticas de la izquierda
están desmovilizadas, carecen de referentes claros y no tienen
relaciones orgánicas con el gobierno del PSOE/UP. Las clases populares,
los intelectuales críticos, los jóvenes, las mujeres no ven a este
gobierno como algo propio, que merezca la pena defenderlo y dar la cara
por él. La esperanza convive con el escepticismo y el temor de que, al
final, este no sea realmente un gobierno comprometido con las mayorías
sociales. ¿Qué es lo que hace falta? Proyecto y programa.
Solo así se conseguirá el compromiso activo de los hombres y de las
mujeres que quieren una sociedad más justa, democrática y solidaria,
comprometida con la igualdad sustancial.
Pedirle
al PSOE que organice la movilización social, que promueva el debate
público y que favorezca la auto organización social parece excesivo;
para Unidos Podemos es obligatorio, esté en el gobierno o fuera de él.
Esta crisis, conviene volver al inicio, ha demostrado que las
diferencias en el ejecutivo son sustanciales y que conviven en él
proyectos contradictorios.
La agudización de la crisis económico-social
obligará a una definición clara y nítida. Pedro Sánchez ya no podrá
mediar y deberá escoger aliados políticos y alianzas sociales. El margen
para las maniobras tacticistas se está terminando, llegó la hora de la
política a lo grande.
El dilema con el gobierno o contra el gobierno ya no
define las dimensiones estratégicas del problema. Ahora de lo que se
trata es de con el gobierno, pero más allá.
Eso ¿qué significa?:
primero, reforzar la autonomía del proyecto de Unidos Podemos, bajo el
principio de a más unidad, más independencia estratégica.
Segundo, hay
que reforzar la definición programática de UP, elaborando un decálogo de
ideas-fuerza que expresen con claridad y precisión el proyecto de
España que defendemos.
Tercero, hay reforzar la organización de UP,
creando una formación política de nuevo tipo que organice comités
unitarios a todos los niveles, que favorezca la unidad de acción y que
permita el debate plural y abierto. Cuarto, hay que reforzar los
vínculos sociales, reinsertarse en los territorios e implicarse
activamente en el conflicto social.
El momento es
excelente para tomar decisiones. Nada de pesimismo; en la realidad ya
existen las condiciones para construir un bloque social alternativo. Lo
que hace falta es saber a dónde se va, qué es lo que viene e ir más allá
de una política exclusivamente centrada en la gestión gubernamental y
en el trabajo parlamentario. Si algo demuestra la experiencia de UP en
el gobierno es que necesita la implicación y la complicidad de actores y
movimientos sociales. En los próximos meses esto será aún más
importante." (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 25/05/20)
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