"Lo que se gana día a día en la lucha contra la pandemia es inversamente proporcional a lo que se pierde a medida que se acumulan las semanas sin trabajo y sin ingresos.
Se trata de una contradicción explosiva que no tiene precedentes ni tan siquiera en la gran crisis de 2008 cuando, como ahora, se perdieron miles de puestos de trabajo y la economía de hundió. (...)
Volver a repartir comida es lo último que deseaba hacer Mercè Darnell, de Cáritas.
“Después de la crisis de 2008 dijimos que las colas del hambre eran
inaceptables, que había que buscar otras maneras de ayudar. Pero ya ves.
Así estamos de nuevo”.
Càritas gestiona 73 puntos de distribución de alimentos gratuitos en
Catalunya y Creu Roja, por iniciativa propia o por encargo de otras
instituciones como la propia Generalitat y también ayuntamientos, 52 más
“En tres semanas. No más. En tres semanas hemos tenido que reprogramarlo todo para empezar a repartir comida” explica Mercè Civit, la portavoz de Treball Social de Catalunya, que representa a los trabajadores de los servicios sociales, esencialmente públicos.
Las necesidades son apremiantes y se acumulan a medida que pasan los días.
Algunas cifras: en los ayuntamientos se han duplicado el número de
demandas. Cáritas, centrada esencialmente en los más desfavorecidos que
ya no se recuperaron de la crisis de 2008, ha multiplicado las ayudas
económicas para alimentos sólo en el mes de abril. De 218.000 euros a 324.000.
Creu Roja ha recibido del orden de 10.000 nuevas peticiones de alimentos cada semana desde que el 14 de marzo se paralizó la actividad. En unas semanas han añadido 60.000 nuevos demandantes. Incluso en su sede central en Barcelona hay largas colas.
“Nuestra planificación es a tres semanas vista –explica Enric Morist, el coordinador de Creu Roja en
Catalunya–. Ahora cerraremos una compra de medio millón de euros en
alimentos. Pero no creo que podamos aguantar el ritmo de aumento de la
demanda mucho tiempo. O aparecen nuevas ayudas públicas o podemos ir al
colapso porque no llegaremos a todo”. (...)
La propia Generalitat está sorprendida por el alud de peticiones de
auxilio que recibe. El pasado mes de abril lanzó un programa de ayudas
dotado con 20 millones de euros. Eran doscientos euros por persona para afectados por la paralización de la actividad. Una ayuda mínima.
“En un solo día, en un solo día, insisto, se presentaron 32.000 peticiones através de nuestro portal de Internet” explica Ginesta. En tres días el fondo se había agotado.
“Vamos a tener que ser muy ágiles y trabajar a corto plazo. La
Generalitat debe reordenar sus prioridades hacia lo inmediato. –admite
Ginesta–. Esta es una crisis con dos elementos singulares: la celeridad y la severidad. En eso la distingue de la del 2008. De un día para otro muchas personas se han visto en las puertas de la pobreza”.
Esto es así fundamentalmente por tres motivos en el que coinciden todas las personas consultadas. En primer lugar: la tramitación de los ERTE está siendo demasiado lenta.
En segundo lugar: las ayudas también están tardando mucho. Esta
semana la administración central ha vuelto a aplazar la aplicación del ingreso mínimo vital embarrancado, se supone, en la negociación europea.
En tercer lugar: los ayuntamientos, que son la primera puerta a
la que suelen acudir las familias, apenas han podido liberarse de la
horma de la estabilidad, a toda costa y pese a quien pese, impuesta en
los planes de austeridad tras la crisis de 2008. (...)
“Aún no sabemos qué está pasando. No tenemos indicadores sobre todo lo
que ocurre, pero tendremos mucho trabajo y nuevas necesidades, eso es
seguro” vaticina Mercè Civit.
Está por ver qué ocurrirá con el problema de la vivienda cuando
termine el estado de alarma, se libere totalmente el confinamiento y se
levante el veto a los desahucios: “Si se hubiese hecho vivienda social a
partir de 2008 estaríamos mejor, pero sin vivienda social, con un
mercado de alquiler a precios inasequibles y con un mercado laboral
precario que no permite acumular dinero a las familias… ¡es un cóctel
explosivo!” advierte Mercè Darnell.
En 2008 el alquiler de habitaciones todavía no se había generalizado. Ahora es moneda de uso corriente para familias precarias y para jóvenes.
Salvo que cambie la ley, estos realquilados no se podrán beneficiar de las ayudas porque formalmente no existe un contrato. Cáritas ha triplicado las ayudas para el pago del realquiler en estos meses y hace tiempo que viene advirtiendo que este es un problema muy grave. (...)
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