"Ángeles Durán (77 años, Madrid) ha dedicado buena parte de su vida a
analizar el impacto del trabajo no remunerado. Ha sido catedrática de
Sociología e investigadora del CSIC. Doctora honoris causa por las
universidades de Valencia, Granada, La Rioja y Autónoma de Madrid.
Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política. (...)
(...) P. Con el virus suelto por las calles hemos redescubierto el hogar.
R.
Lo que no han hecho las empresas ni el Estado han tenido que hacerlo,
de golpe, los hogares y las asociaciones sin ánimo de lucro. Los hogares
han sido clínicas, escuelas, restaurantes y centros de ocio, oficinas,
guarderías. Hemos tenido que ponerle parches a la economía. Mucha gente
que estudia economía financiera dice que esto no tiene importancia.
Tiene tanta importancia que en horas de trabajo son más las horas no
pagadas que hacemos en España que las pagadas.
¿Cómo vamos a entender la
economía española, sus recursos, sus desafíos, si no tenemos en cuenta
este pequeñísimo detalle? El esfuerzo productivo no pagado es más
voluminoso en horas, no digo en eficiencia, que el esfuerzo del mercado
laboral. La crisis anterior se resolvió en los hogares. De ésta nos
están salvando los sanitarios, unos héroes, y a nivel productivo, los
hogares nos han vuelto a salvar otra vez. Hemos sacado en los últimos
cien años funciones de los hogares para trasladarlos a la economía
monetarizada. Pues bien, de repente han vuelto todas.
P. En 2007 escribió un libro titulado El valor del tiempo.
R.
No, no vaya por ahí. El tiempo confinado es un tiempo aprisionado. No
es tiempo libre. De hecho hay mucha gente que no ha tenido la sensación
de que le sobrara el tiempo, sino al revés, han padecido muchísimo un
estrés de tiempo.
P. ¿Pasó miedo?
R. Me
dije a mí misma que tenía que ser muy estricta porque podía enfermar.
Así que tuve reglas muy severas: no he salido a la calle en dos meses.
Me siento privilegiada porque tengo una casa agradable. Pero la soledad
me ha pesado muchísimo.
P. ¿Tanto?
R.
Muchísimo. Hablé con familiares, amigos y colegas, pero he notado la
pérdida del contacto. Lo que yo llamo la disciplina del abrazo. Hemos
hecho un esfuerzo enorme para algo que, bien mirado, es terrible: no
vernos, no tocarnos.
P. Esto dinamita muchas cosas en las que está basada nuestra convivencia.
R. A
mí me hubiera gustado asesorar al Gobierno sobre el confinamiento. Pero
el político se diferencia del científico en que tiene que tomar las
decisiones con urgencia, no puede esperar a que le hagamos ningún
informe.
P. Ha sido un tsunami.
R. Como científica lo que me empezó a preocupar desde el minuto uno fueron las
consecuencias sobre el empleo, la caída del sector del turismo, las
tensiones que se iban a producir en millones de hogares con una
convivencia forzada dentro de un clima de estrés y de miedo. Creo
que eso ha sido muy insano para la mayor parte de las familias. Esto va a
ser una fuente de conflictos muy duraderos que ni siquiera han empezado
a manifestarse. La propia gravedad de la situación impide que se hagan
más públicos de lo que son.
P. ¿Se refiere a conflictos sociales?
R. Y
de relaciones. En la guerra hay elementos muy positivos que surgen de
repente, como la solidaridad o el amor, pero también traiciones. Y
situaciones de conflicto previo que ya no resisten más porque todas las
válvulas de seguridad que tenían, saltan. No puede irse uno fuera, no
tiene otros amigos con quienes compartir, no puede desahogarse. Algunos
lo pueden llevar mejor, pero otros, confinados en pocos metros
cuadrados, con un estrés tremendo, sin saber si el de al lado le está
contagiando o no, si es un riesgo o una amenaza…
P. No sé si en las parejas eso ha importado mucho.
R.
No sólo es la pareja: son los niños, son los amigos que vienen a verte,
es el vecino de enfrente, es el portero, es la persona que te cruzas
por la calle. Es el que no te llama, es el que no te busca las
mascarillas o, sabiendo tú las que tiene, no las comparte. Es todo un
filtro que hace más intensas las relaciones. O el hecho de que no tengas
una relación y se haga más evidente que la necesitas.
P. ¿Por qué no habló de esto?
R.
Para qué hablar de las heridas cuando hay delante alguien que las está
padeciendo. No me he sentido capaz de aliviarlas, igual que tampoco me
he sentido capaz de poner mi capacidad científica al servicio de algo
concreto.
P. ¿No se les pidió asesoramiento desde el Gobierno?
R. Se nos ha pedido que hagamos newsletters con
los que sabemos nosotros y lo que se está publicando. Pero eso no es
asesorar, eso es colgar algo y si alguien quiere leerlo, lo lee.
P. Llegamos tarde.
R. Siempre es mejor llegar antes, pero fíjate en la presión de las autonomías para salir del confinamiento.
Teníamos que confinarnos antes, queremos desconfinarnos antes. Yo creo
que ningún otro partido hubiera decretado el Estado de Alarma antes de
lo que lo pidió el gobierno actual.
P. Podíamos haber estado preparados.
R. Se podían haber hecho los tests antes y hubiera sido una buena medida. Pero
mira. El otro día me hicieron una encuesta para ver a cuánta gente
había visto. Imagina que respondo que me acaban de hacer el test y he
dado positivo. Y empiezo a decir que en los quince días anteriores he
tomado tres taxis (tres taxistas a los que les dicen que no pueden
seguir trabajando), he visto a una podóloga, una asistenta de limpieza,
empleados del súper, el niño pequeño al que estuve viendo un rato,
aunque llevásemos mascarillas. Al niño pequeño, de repente, sus padres
van a tener que quedarse cuidándolo, lo tienen que aislar de sus
hermanos.
P. Duro pero necesario.
R. La
aplicación del confinamiento, sobre todo tras dos meses encerrados, es
muy costosa. Y aunque hagamos los tests ahora mismo, no vamos a tener a
un policía vigilando a cada ciudadano para que respete si salimos o no.
Tampoco creo que una persona se sienta muy agradecida de que le digan:
“Oiga, usted estuvo cerca de una persona que se ha revelado como posible
contagiadora”. El riesgo de haberse contagiado es muy pequeño. Pero el
riesgo de no poder trabajar, para la persona que confinan, es una
certeza. Y esa certeza cuesta mucho.
P. ¿Usted cree que se hizo una buena gestión?
R. No. Lo que también creo es que otros no la hubieran hecho mejor.
P. ¿Por qué?
R.
¿Cómo hubiera reaccionado la población española si la encierran cuando
teníamos pocos muertos? ¿Cómo hubiera reaccionado si se nos dice que hay
que cerrar empresas, con la pérdida de empleos, quiebras, hipotecas que
no se van a poder pagar? Y que tampoco podemos ver a nuestras familias y
que los abuelos no van a poder cuidar a los nietos, que es lo que hacía
posible, en muchos casos, que estuvieran trabajando los hijos
.
P. “La salud es un bien que hay que conservar, pero no es el valor máximo ni el único”, dijo Fernando Savater hace poco.
R.
No tenemos una isla desierta para vivir en ella cada uno de nosotros.
Mi salud puede ser al mismo tiempo la falta de salud del de al lado, si
yo no cuido la mía. Todos tenemos derecho a morir cuando queramos. Si
queremos correr riesgos podemos hacerlo, pero no riesgos que pongan en
riesgo al de al lado.
P. Somos una cultura opuesta a cómo el virus nos quiere reeducar.
R.
Nuestra cultura es la proximidad física, y ese valor ahora se ha
convertido en un multiplicador del riesgo. No creo que podamos resistir
mucho tiempo sin volver a una proximidad mayor. La barra de un bar, que
es un centro donde se sana tanta gente. Habrá algunos que se estropeen
el hígado, pero yo creo que tiene una capacidad sanadora muy grande.
P. Más whatsapp, más videoconferencia.
R. La comunicación a distancia va a quedarse en buena parte, porque ha demostrado que tiene una eficacia extraordinaria.
P. Pero esa distancia antes se medía en kilómetros, ahora en metros.
R. Y permite más gente, pero con menos profundidad.
P. El consumo.
R. Vamos
a consumir muchísimo más mediante tecnologías nuevas que nos permitan
ver en nuestro ordenador la fila de productos que hay en el súper y
comprarlos sin acercarnos hasta allí. Y debiera aplicarse en muchos
otros campos, por ejemplo en la administración de justicia, que tiene
tantos problemas de retrasos.
R.
En algunos campos de alta productividad será posible sin bajar los
salarios, pero en la mayoría no. Lo que sí podemos, y probablemente
necesitamos, es cambiar la estructura productiva.
P. Se va a reducir una cosa que es fundamental en la vida: el azar, la casualidad.
R. ¡Ah, serendipity!
P.
Puede ir al súper y encontrarse a un amigo: “Oye, tomamos algo”. O
alguien a quien hace meses que no veía y le dice: “Justo me han hablado
de una oferta de trabajo, igual te interesa”. Coincidir con alguien en
un tren, o conocerlo allí. Quiero decir: no el hecho de comprar en un
súper, asistir a una charla o ir a una ventanilla, sino todo lo que hay
alrededor de eso.
R. Eso es esencial: el pasillo.
Cuando yo era estudiante lo más importante fueron los pasillos. Aunque
me hubieran dado las clases perfectamente por videoconferencia, no
hubiera tenido nunca el pasillo, que era donde discutías. Y sucedía eso,
que te encontrabas por azar con alguien.
P. O te enamorabas.
R.
Es que estás hablando de mi caso personal. Me enamoré en un pasillo, él
no era de mi curso. Pensé: “Huy, parece muy interesante ése”.
P. ¿Fue su pareja?
R. Y el padre de mis hijos. Murió hace cuatro años.
P. Lo siento mucho.
R. Desde los 18 hasta hace cuatro años hemos estado juntos. Desde que me lo encontré por casualidad en un pasillo." (Entrevista a Ángeles Durán, El País, Manuel Jabois, 01/06/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario