"Una interpretación de la estructura social de España muy
generalizada en los establishments político-mediáticos del país es que
la mayoría de la población en los países desarrollados (incluyendo
España) pertenece a la clase media, a la que sitúan entre los "ricos",
por arriba, y los "pobres", por abajo, reduciéndose así la tipología social a tres grupos sociales: la clase alta, la clase media y la clase baja.
Y podría parecer que la percepción popular se corresponde con esta tipología.
Así, cuando a la mayoría de la población se le pregunta si se
consideran pertenecientes a la clase alta, a la clase media o a la clase
baja, la gran mayoría responde definiéndose como clase media,
con lo cual se confirma la percepción generalizada y promovida por
aquellos establishments que configuran la sabiduría convencional del
país.
Según tal sabiduría, la clase trabajadora prácticamente ha desaparecido, asumiéndose
que se ha ido transformando en clase media como consecuencia de la
movilidad social existente en nuestras sociedades, que permite el
ascenso hacia arriba de los miembros de tal clase trabajadora, pasando a
ser miembros de la clase media. (...)
La pandemia como causa del reconocimiento de que la clase trabajadora existe
La pandemia en los países desarrollados (incluyendo España)
ha mostrado claramente que existe una clase trabajadora, distinta de la
clase media, que es esencial para el mantenimiento y supervivencia de
todas las demás, así como para la sostenibilidad de la economía del país.
Forma parte de esta clase social el sector de la población que
trabaja en los servicios esenciales y que no se ha podido permitir el
lujo de estar confinado en casa, viéndose obligado a continuar
trabajando, exponiéndose al contagio, a la enfermedad y a la muerte.
A
partir de la pandemia, la población se ha dividido, pues, entre los que
pueden trabajar desde casa (la mayoría, de clase media y clase alta) y
los que no pueden (la mayoría, de clase trabajadora). Estos
últimos trabajan primordialmente en los sectores esenciales, claves
para que la sociedad haya continuado funcionando y que han jugado un
papel insustituible para el sostenimiento, la seguridad y el
mantenimiento de la sociedad.
Son trabajadores de los servicios
(la mayoría, públicos) sanitarios, de los servicios sociales, de los
servicios domiciliarios y de dependencia, de los servicios de comercio,
de los servicios de transporte, de los servicios de limpieza, de los
servicios de seguridad, de los servicios de bomberos, de los servicios
de energía y agua, de los sectores agrícolas, entre otros, sumando un porcentaje elevado (alrededor del 35%) de toda la población laboral en España.
Según datos de la Encuesta de Población Activa extraídos del
INE, el 45% de estos trabajadores son mujeres, poco remuneradas y en
condiciones de trabajo claramente precarias (el porcentaje es incluso
mayor –76%– en los servicios sanitarios y sociales). A la mayoría de ellos no se les ha proveído del equipamiento necesario para su protección contra la pandemia, siendo
la tasa de mortalidad debido a la pandemia, más elevada entre estos
sectores laborales que entre los que han estado en casa.
Considerar a la mujer de la limpieza del hospital, con unos
salarios muy bajos y con unas condiciones de trabajo muy precarias, como
perteneciente a la clase media, me parece abusar y tergiversar la
realidad. Y referirse a ella como de "clase baja" me parece ofensivo e
insultante en extremo (una cosa es indicar que es una persona con bajos
ingresos, y otra muy diferente es definirla como persona de clase baja).
La clase trabajadora (que trabaja, predominantemente, en el
sector servicios) existe y ha jugado y continúa jugando un papel clave
para la supervivencia de todas las otras clases. Y continúa siendo la
que tiene salarios más bajos, la que tiene menor estabilidad laboral y
la que trabaja con peores condiciones laborales.
El hecho de
que estos sectores laborales esenciales, tan importantes y fundamentales
para la supervivencia del sistema económico, hayan tenido tan poca
prioridad por los establishments que dirigen tal sistema muestra
la escasa importancia que se da al bien común, dándole menos atención
que a los intereses particulares de grupos y lobbies financieros y
económicos que gozan de gran influencia y poder en la vida política del
país.
La pandemia, sin embargo, ha mostrado claramente el gran error de
mantener tales prioridades, pues todo el sistema económico necesita y
depende de la existencia de estos sectores esenciales, entre ellos el
sector sanitario y social, financiado primordialmente por fondos
públicos.
Las privatizaciones, en este sector, no solo no
ayudaron, sino que debilitaron estos servicios, indispensables, insisto,
para todos los sectores y clases sociales del país. La polarización de
tales servicios (como la sanidad y los servicios sociales) por clase
social como ocurre en España perjudica a todas las clases sociales,
incluidas las más pudientes, como, de nuevo, la epidemia ha mostrado.
Hay clases sociales en España. Y la clase trabajadora es una de ellas.
Dentro de ella, el componente de la economía de cuidados y de servicios a
las personas ha ido expandiéndose considerablemente, habiéndose visto
afectado muy negativamente por la pandemia.
Pero no hay que olvidar
otros sectores de la clase trabajadora, como la industrial y
manufacturera, también lo están, pues muchos de estos trabajadores
también carecen de material protector o sus condiciones de trabajo no
les permiten la distancia social que se requiere para prevenir el
contagio. Y será también un sector que se verá afectado por la
gran crisis económica, reduciendo su tamaño, así como sus salarios y su
protección social. (...)"
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