"Discrepo profundamente. El acuerdo sobre el fondo de recuperación europeo es un parche en toda regla,
negociado por piratas profesionales y cuyo impacto económico va a ser
muy limitado, una vez que se haga inventario de los destrozos derivados
de la covid-19.
Me produce un tremendo hastío escuchar los argumentos del primer
ministro holandés intentando, como esos maestros carentes de vocación,
abroncar y poner deberes a 'los alumnos del Sur', cuando él mismo no se ha preparado las clases que debe impartir.
¡Menuda soberbia! Lo siento, pero los holandeses ni son austeros ni son frugales.
Su deuda privada, de familias y empresas, es el doble que la nuestra,
antesala de una futura recesión de balances privados en el país de los
tulipanes y de la quiebra posterior de su sistema bancario. Como buenos
piratas, además, con cada euro que pagan las multinacionales en Holanda,
el resto pierde cinco. Es lo que tiene formar parte del eje de la
evasión fiscal.
Vayamos por partes. El efecto fiscal neto en toda la Eurozona
del fondo de recuperación, tal como está diseñado, no será más del 1%
anual durante tres años; en nuestro país rozando el 3%. Pero no nos han
contado toda la verdad: la obligación, tal como nos recuerda Yanis Varoufakis, de equilibrar en el futuro los presupuestos gubernamentales, ese infame Pacto Fiscal.
Según el escenario optimista de la Comisión Europea,
el déficit presupuestario gubernamental medio de la zona euro en 2020
será del -8% de su PIB. De esto, el año que viene, la incipiente
recuperación eliminará, en el mejor de los casos, el 4%, dejando a la
Eurozona, en promedio, con un déficit presupuestario de -4% en 2021.
Además,
como esta es una media, algunos países (España, Italia y Grecia) se
enfrentan, en 2021, a un déficit presupuestario del Estado de más del
-8% (por debajo del -15% en 2020). Ello significa que, para volver a los
presupuestos equilibrados, en promedio, en la zona euro se impondrá una austeridad fiscal de aproximadamente el 4%
de su PIB agregado.
En el caso de España el impulso fiscal anual del 3%
del Fondo de Recuperación sería contrarrestado por una ola de
austeridad fiscal muy superior al 4%. Si fuera así, a medida que España
comenzara a recuperarse de los efectos desastrosos de la pandemia,
Bruselas literalmente nos echaría la mano al cuello. Por lo tanto, el
problema en realidad es otro, debemos abandonar una austeridad fiscal
innecesaria y suicida, punto.
La recesión exógena derivada de la covid-19 está poniendo encima de la
mesa el comportamiento mezquino de las élites europeas y patrias. Ya
sabemos, o deberíamos saber, que la Unión Monetaria Europea (UME) es un
sistema defectuoso desde sus orígenes.
Se hizo caso omiso de los
informes precedentes (Werner, 1970; MacDougall, 1977) donde se avisaba
de la necesidad de una instancia fiscal federal y de los peligros de
dejar todo en manos de una Banco Central, como una parte no
constituyente del gobierno, y de establecer, en este contexto, unos
tipos de cambio fijos entre los estados miembros. Hemos aportado desde
estas líneas diversos estudios académicos demostrando punto por punto
una idea básica: el Sur de Europa ha estado financiando al Norte y Centro de Europa desde el nacimiento del Euro.
Merkel lo sabe, lo entiende, y se pone de perfil.
Lo más mezquino es
que los otros que se aprovecharon de ello, mal llamados países frugales,
están demostrando no solo un principio de superioridad moral, de tintes
racistas, rotundamente falso, sino también un rasgo intrínseco a su
historia, la rapiña y piratería. La
respuesta europea a la covid-19 es la nada, la ausencia total de
estímulos directos, juegos de tahúres y trileros. Hablan de solidaridad,
pero la realidad es lo contrario.
Pero no contentos con estos mimbres
foráneos, tenemos además a nuestros piratas, los “patriotas de
hojalata”. No solo son los políticos de turno, inasequibles al
desaliento, guiados por un ansia de poder desmedida, aquel que no les ha
otorgado las urnas, aunque siguiendo el camino que llevan puede estar muy tranquilo Sánchez en sus aposentos de la Moncloa.
Me refiero también a periodistas y economistas adscritos a ciertos thinktanks
y que machaconamente nos ofrecen sus esperpénticas recetas, reformas
estructurales, devaluación salarial, y austeridad fiscal futura. ¡Qué
cóctel más antipatriota y mezquino nos preparan! Unos y otros deben
aspirar a un premio personal que por lo visto les debe compensar el
traicionar a sus conciudadanos.
Falacias económicas
Recientemente leía y escuchaba a alguno de esos economistas, adscritos a un determinado think tank, la cantinela de que debemos aprovechar el desastre de la covid-19
para hacer una reforma laboral en profundidad, ya saben lo que eso
implica, y otra reforma del sistema de pensiones, ya saben también en
qué sentido. ¿De verdad, después de la que montaron, pretenden continuar
con su sadismo particular? Atónito, seguía escuchando y leyendo su
batería de argumentos cuando sacaron el comodín del público, una deuda
pública desbocada.
¿Pero estas “almas cándidas” aún no se han enterado
de que el stock de deuda pública patrio fue y es la consecuencia lógica
de una profunda recesión de balances privados? ¿No se ha enterado que
aquellos que les financian, sus patronos, en su momento concedieron créditos a diestro y siniestro para montar la mayor burbuja de la historia? ¿No se han enterado de que el rescate de todo el sistema bancario patrio fue a costa de los contribuyentes? Dichos thinktanks
no vieron nada, no previeron nada, y no van a prever el derrumbe del
sistema bancario europeo que se nos aproxima si al final sus recetas
acaban imponiéndose.
Echen una ojeada a las necesidades de capital que las distintas entidades financieras, individualmente y agrupadas por países,
necesitarían si las cosas se pusieran feas, estimadas por el 'Center of
Risk Mangement at Laussane'. A que esto si es una historia de miedo,
¿verdad?
Pero lo más alucinante es cuando estos economistas hablan de la necesidad de aumentar nuestra competitividad.
Confunden competitividad con productividad. Ignoran el carácter
anticíclico de esta última, y su relación con un sistema productivo
patrio rentista y asociado a actividades intensivas en mano de obra.
Pero la realidad es que desde 1994, las exportaciones españolas crecen a ritmos vigorosos, en distintas fases, apoyadas por distintas razones, tanto en márgenes intensivos como extensivos.
Para rematar la faena, esos mismos
economistas muestran una histeria desbocada por los déficits y el stock
de deuda pública. La culpa, braman, es de un Gobierno derrochador y de un Estado del bienestar inasumible.
¡Qué ironía cuando las fuerzas del mercado nos llevaron a la mayor
recesión desde la Gran Depresión y ellos, almas cándidas, ni se
enteraron! Ante su histeria proponen disminuir el gasto y subir
impuestos.
¡Qué tropa! Ni siquiera han planificado los impactos que ello
tendría en los otros balances sectoriales de la economía, el sector
privado y el sector exterior. Sin embargo, si los déficits y el aumento
de la deuda pública tienen su origen en los estabilizadores fiscales
automáticos y no en el gasto discrecional, los intentos de reducir los déficits por parte de estos histéricos del déficit público se pondrían en entredicho.
La realidad es que tanto en la Gran Recesión como en el período de la
covid-19 mediante el gasto anticíclico y los impuestos procíclicos, el
presupuesto del sector público actúa como un poderoso estabilizador
fiscal automático, por eso durante la recesión los déficits aumentan
abruptamente. Si no fuera así acabaríamos en una Gran Depresión.
Por eso
la mejor política doméstica es la de buscar el pleno empleo y la estabilidad de precios,
no la de perseguir déficits públicos o techos de deuda arbitrarios.
Exactamente esas políticas que todos estos economistas abandonaron,
creyéndose a pies y puntillas teorías económicas falsas y espurias. Por
todo ello debemos cambiar ya de paradigma económico y ganar el pulso a
estos piratas." (Juan Laborda, Vox Populi, 23/07/20)
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