"Confío en que nuestras propuestas lleguen de forma clara al gobierno
(…) Hemos marcado la agenda económica”. Cuando estas palabras las
pronuncia el presidente de la CEOE, al finalizar una cumbre en la que ha
participado la totalidad del Ibex-35, llevan la marca de un mandato.
Los que de verdad mandan en España se han pronunciado, y bajo la
bandera de “reconstruir España tras la pandemia”, se esconden “ajustes”
que amenazan las pensiones, los salarios… (...)
Ana Patricia Botín reclama que el Estado se haga cargo del 25% de
las nuevas hipotecas, ampliando su negocio sin asumir riesgos. Iberdrola
propone que los presupuestos públicos costeen la instalación de la red
de “electrolineras” que ellos suministrarían. Las grandes constructoras
exigen una inversión publica del 3% del PIB -más de 40.000 millones-
para infraestructuras que ellos construirían…
Masiva inyección de
dinero público allí donde las élites económicas pueden obtener
sustanciosas ganancias. Financiado con más deuda pública, de cuyo pago
debemos hacernos cargo toda la sociedad.
¿Y cómo se pagará esta montaña de nueva deuda?
Las conclusiones de la cumbre lo aclaran: “hay que disponer del gasto
público necesario en el corto plazo para salir de la crisis, y volver a
una senda de estabilidad fiscal a medio y largo plazo”.
El
gobernador del Banco de España, que ya había advertido de “la necesidad
de una década de ajustes”, ahora aboga por “un ambicioso programa de
reformas estructurales”. ¿Cuáles? Contrato único para rebajar salarios y
condiciones laborales de los trabajadores fijos; reforma de las
pensiones para alargar la edad de jubilación y recortar las futuras,
abriendo paso a su privatización a través de la “mochila austríaca”, que
nos descuenta de la nomina una aportación obligatoria a fondos
privados, subida del IVA… (...)
El decálogo de las élites subraya que “la seguridad jurídica es fundamental para atraer y retener inversiones”.
¿Qué significa “atraer inversiones”? Abrir la puerta a un -todavía-
mayor control del capital extranjero sobre la economía nacional. Que ya
se está produciendo. El capital norteamericano ha ampliado su
participación en Repsol y en Bankia, tomando posiciones ante su
privatización, ha adquirido, vía empresarios mexicanos, OHL… Y Goldman
Sachs anuncia que siete grandes empresas españolas están “a tiro de OPA”
para ser adquiridas a bajo precio, por parte de unos fondos de capital
riesgo -como los “fondos buitre”- que están “buscando oportunidades”.
Un camino de mayor dependencia exterior que las élites españolas
aceptan anclándose a las “ayudas europeas”. Con un extraño sentido
patriótico, alientan la intervención de Bruselas como garantía de que la
política española no se saldrá de los límites que sus intereses
imponen. El Banco de España filtra que “prepara la llegada de hombres de
negro tras el verano”, pero “sin llamarlo intervención para no
alarmar”. Y grandes empresarios esperan que “venga Bruselas con las
tijeras de podar” para eliminar las políticas más escoradas a la
izquierda.
Los efectos que nos ocultan
¿Qué puede suponer la ejecución de este programa?
Lo ha planteado con salvaje sinceridad el presidente de Renault en
nuestro país: “España no puede mantener el tren de vida de los últimos
años”. Para que multinacionales o el Ibex-35 mantenga o amplíe sus
ganancias, la mayoría debemos ver recortado nuestro bienestar.
En primer lugar, con el horizonte de un mayor empobrecimiento, no
porque vayan a generalizarse las “colas del hambre”, sino porque las
rentas del 90% sufrirán un importante bocado. El servicio de estudios
del BBVA afirma que “se podría dar un ajuste dramático y muy rápido en
las pensiones”. Y un estudio de la auditora KPMG advierte de que el 60%
de empresas bajará o congelará los sueldos en los próximos meses. Han
tomado la delantera las multinacionales. Nissan quiso imponer en su
planta de Cantabria un descenso de sueldos… ¡del 40%! Y Ford anuncia un
plan de rebajas salariales en todas sus plantas europeas, incluyendo la
de Almussafes.
Un informe de Intermon Oxfam ha sacado las
cuentas, y advierte de que la pandemia puede supone una disminución de
hasta un 15% de la renta disponible de la mayoría, que puede llegar
hasta el 20,5% en los sectores más pobres. Esto no hay “política social”
ni ayudas -por generosas que sean- que pueda revertirlo.
En
segundo lugar, un salto en la monopolización. Se prevé que entre un 20% y
un 30% de las pymes españolas desaparezcan. Es un objetivo por el que
algunos trabajan. El gobernador del Banco de España ha insistido que las
líneas de crédito ICO “son solo para empresas solventes”, no para
salvar a las amenazadas por la quiebra. Y los servicios de estudios de
la banca repiten que “una de las debilidades de la economía española es
el pequeño tamaño de las empresas, el 95% de las cuales son pymes”.
En tercer lugar, un aumento de nuestro grado de dependencia respecto al
exterior. Justo la gasolina que ha provocado que el incendio de los
efectos de la pandemia sea en España el más destructivo de entre todos
los países desarrollados.
Es en este sentido en el que el
presidente de la CEOE, subido encima de los hombros de todo el Ibex-35,
pretende “marcar la agenda económica”. " (De Verdad Digital, 04/07/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario