"Si alguna palabra resume la acción política de Podemos en
los últimos tiempos y, como consecuencia, el sentimiento de sus
simpatizantes, esa es, desilusión.
Una desilusión que se ha visto reflejada en las recientes elecciones
de Euskadi y Galicia, donde buena parte de quienes votaron a Podemos
hace cuatro años, le han dado la espalda. (...)
En realidad,
es como que algo se ha roto y es muy difícil pegarlo. Y, ¿qué es
lo que se ha roto? La ilusión política, la esperanza que un día
despertó Podemos. Lo que es mucho más que tal o cual factor externo
o interno.
¿Por
qué no asumir una mejor explicación holística que es aquella que
reflexiona y saca conclusiones de la corta historia de Podemos, desde
enero de 2014 hasta hoy? Vean. Lo que empezó siendo una fuerza
política novedosa y valiente; capaz de llamar casta a las elites del
PSOE y del Partido Popular; crítica del régimen del 78; partidaria
de la transversalidad; impulsora de una participación de sus
bases…
Este Podemos que dio esperanza a millones de votantes, que
acercó a miles de jóvenes a la política, se ha mutado en otro que
aparece como un partido más, envejecido antes de tiempo, vertical,
incapaz de unir la pluralidad interna que escenifica una y otra vez
huidas y depuraciones y una permanente lucha interna por poderes
dentro del partico. En enero de 2014, con toda la ambición y con
toda la energía de quien pretende comerse el mundo Podemos dijo
nacer para ganar. Hoy, ha desaparecido en Galicia y ha sufrido una
severa derrota en Euskadi, como consecuencia de su alejamiento real y
comprobable de todo aquello que representaba el 15-M.
La
mutación de Unidas Podemos ha vaciado de ilusión el espíritu de
mucha gente. La ilusión política es un intangible, poderoso y
deseado. Una vitamina para la reacción social. Un estimulante para
la confianza. La ilusión política expresaba la recuperación de la
democracia y por lo tanto de la voz de las mayorías. Cuando esta
ilusión política se ha hecho ausente, surge la melancolía, el
pesimismo, la duda, la desmovilización. ¿Votar para qué?
El
problema no es por consiguiente un determinado aspecto de la campaña
electoral, ni siquiera su conversión en partido político, algo a mi
juicio necesario, pues el asambleísmo permanente es insostenible. El
problema es su pérdida de identidad cada vez más confusa y
homologable a cualquier otro partido. Sus líos internos que
perpetúan una mala imagen y transmiten desconfianza. Y, sobre todo,
la pérdida de la frescura del discurso político con que se estrenó.
Así
es como la ruta que lleva actualmente Unidas Podemos es la de
representar una Izquierda Unida bis, no a una fuerza alternativa,
inédita, exponente de una irritación social y política. En sus dos
primeros años supo percibir la crisis de legitimidad del mundo
político, lo que le llevó a extender admiraciones e ilusiones. Para
mucha gente, todo esto lo ha venido perdiendo
. Su confesión pública
de que surgía para llegar a gobernar, más allá de que pudo sonar a
exagerado y a cierta inocencia, entre sus simpatizantes, despertó
entusiasmo y la creencia en otro mundo posible. El Unidas Podemos de
ahora, como el Elkarrekin Podemos, son una fuerza venida a menos, no
tan sólo en el apartado electoral, sino que también en lo que tuvo
de fuerza insólita, atrevida, promesa de futuras victorias. Y esto
es algo que no se arregla restañando heridas solamente.
Todo el cambio producido en
Podemos no se ha sabido manejar con serenidad y manteniendo la
promesa de la unidad. Por el contrario, el proceso ha ido dejando por
el camino a una gran cantidad de fugas de las que en muchos casos
también son responsables los que se fueron. De la dirección surgida
en enero de 2014 no queda casi nadie. Rafa Mayoral y Auxiliadora
Honorato, han sobrevivido como leales a Pablo Iglesias e Irene
Montero. Pero, ¿dónde están Iñigo Errejón, Ramón Espinar,
Carolina Bescansa, Teresa Rodríguez, Miguel Urban, Luis Alegre,
Tania González, Sergio Pascual, y tantos otros y otras.
Lo
cierto es que militantes, simpatizantes y votantes de Podemos,
comparten la idea y el sentimiento de que algo mal se ha hecho desde
Vistalegre II: las fugas de hombres y mujeres valiosas de Unidas
Podemos ha sido un factor que le ha castigado con magros resultados
electorales que, además de un golpe emocional, alimentan la duda
acerca del propio proyecto. ¿Es posible volver a empezar? ¿Es
viable recuperar la unidad perdida? Complicado. Hay demasiadas
heridas y demasiada ceguera.
También hay poca altura de miras. La
mediocridad se ha apoderado de mentes brillantes que ahora se
comportan como políticos vulgares. Mediocridad que tiene que ver con
el agotamiento de una manera de mirar la realidad y entender las
soluciones ante la adversidad que representan sus encarnizados
enemigos. El coraje se ha adaptado a la realidad que en todo momento
ha lanzado el mensaje de “no se puede”.
Y, sin
embargo, hay que volver al 15-M. No para intentar su continuidad bajo
el mismo formato. No por y para idealizar lo que fue. Hay que volver
para iniciar una regeneración. Así de claro. Para volver a empezar.
Y hacerlo sin señalamientos, sin sectarismo, sin vetos, sin
descalificaciones. Hay que hacerlo para recuperar su esencia,
respirar su frescura e incluso su pureza moral. Y al hacerlo sería
conveniente que algunos liderazgos se den así mismos por amortizados
y dejen espacios a otras personas talentosas, insufladas por la idea
de la unidad de las izquierdas alternativas.(...)" ( , Rebelión, 18/07/2020)
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