"–Michael
Baker asesor científico de Nueva Zelanda,
es uno de los epidemiólogos que han diseñado la exitosa estrategia de
Nueva Zelanda contra el virus, que explica en esta entrevista (...)
Usted ha sido uno de los impulsores de lo que
denominan la estrategia de «eliminación» del virus, que diferencian
de la «mitigación» o «supresión». ¿Por qué su enfoque
es diferente?
En general, todo el mundo tiene planes para
una pandemia. Durante más de 20 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS)
ha ayudado a todos los países a redactar planes para la gripe pandémica. Es
bastante razonable tener planes para la gripe, porque causó grandes pandemias
en tres ocasiones en el siglo pasado.
Este es un modelo de mitigación en
el que no puedes evitar la pandemia: la ola va a arrasar con tu
país y, entonces, todo lo que podemos hacer es aplanar la curva para
reducir el impacto. Eso es lo que ha hecho el mundo occidental. Y era un buen
plan, pero era el virus equivocado.
Necesitábamos un plan para un virus del
tipo del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave), que realmente se
puede detener.
A finales de febrero y principios
de marzo, obviamente, ya teníamos casos en Nueva Zelanda y, viendo la
experiencia de China, pensé que, en realidad, podíamos detener este virus.
Estaba en el grupo de asesoramiento técnico del Gobierno para la respuesta
a la pandemia y dije que teníamos que cambiar el rumbo. Dije públicamente,
y también directamente a los ministros que necesitábamos adoptar un
enfoque de eliminación. Luego redacté la estrategia y la publiqué, y sigo
abogando por eso.
En muy poco tiempo, a mediados de marzo, en Nueva
Zelanda vimos la experiencia de lugares como el norte de Italia, donde la
pandemia estaba siendo muy intensa. La gente vio que podíamos estar así en
unas pocas semanas y el Gobierno actuó de manera muy valiente, cambió
de rumbo y adoptamos un enfoque de eliminación.
Las herramientas básicas son las mismas,
hay tres principales. Una de ellas es la gestión de las fronteras. La
segunda son las pruebas y el rastreo de contactos. Y la tercera
es debilitar, interrumpir la transmisión en la población. Y aquí es donde
usamos un confinamiento intenso para eliminar, básicamente, la
transmisión del virus.
Hemos tenido uno de los cierres más intensos del mundo
durante seis semanas y luego hemos salido de él gradualmente. El propósito
era extinguir las cadenas de transmisión, algo que el
confinamiento logró de manera muy eficaz. Y los contactos se trazaron con
el rastreo. Por supuesto, en las fronteras había una cuarentena estricta. Y
el virus llegó a su fin.
¿Cuál diría que ha sido la principal clave dentro de
esa estrategia?
La clave es una buena ciencia y un buen
liderazgo, y tener un plan y luego actuar con decisión. Porque, para mi
sorpresa, en ninguna parte del mundo occidental se perseguía un objetivo de
eliminación. Y dada la experiencia de Asia, me pareció que lo que había que
hacer era ir a por ella.
Al principio, la gente me miraba como si
estuviera un poco loco. Algunos de virólogos me decían: «Michael, no
puedes eliminar este virus. Es demasiado difícil… hay tanta transmisión
silenciosa, nunca se irá». Yo no sabía en ese momento si iba a
funcionar, pero había funcionado y funcionaba en China, y algunas islas específicas habían
logrado evitarlo cerrando las fronteras por completo.
El Gobierno ordenó el confinamiento cuando apenas se
habían registrado un centenar de casos. En aquel momento, la medida corría
el riesgo de ser desproporcionada. ¿No cree?
En ese momento, por supuesto, había un
grupo bastante fuerte en Nueva Zelanda que decía que era una reacción
enormemente exagerada, que era como matar moscas a cañonazos.
Ha dicho recientemente que uno de los riesgos actuales
es la autocomplacencia. ¿Qué viene ahora? Me refiero sobre todo a la
posibilidad de nuevos brotes.
Sí, siempre hay un riesgo de brotes porque
la gente está cruzando las fronteras y porque este virus no siempre
hace que la gente se enferme, por lo que nunca va a ser fácil de controlar.
Así que eso es un desafío. Ahora hay grupos que pueden solicitar una
exención por razones económicas y humanitarias, así que el volumen de viajes
aumentará en nuestro país.
Hace unas semanas, hubo un día en que nadie
entró ni salió de Nueva Zelanda y nadie recuerda cuándo fue la última vez que
pasó eso, probablemente hace muchas décadas. Ahora hay una
media de unas 200 personas al día vienen a Nueva Zelanda, es un número
pequeño. Hay cerca de 3.000 en instalaciones de cuarentena. Por supuesto,
se cometerán errores. Y ese es uno de los riesgos ahora.
De hecho, se han registrado las dos primeras nuevas
infecciones en 24 días, dos mujeres que habían viajado desde Reino Unido.
¿Suponen un riesgo?
Los casos son de dos personas llegadas de
Reino Unido a las que se les permitió romper antes de la cuarentena para
visitar a su padre moribundo. Se les efectuaron pruebas que resultaron
positivas, por lo que ahora están en aislamiento. Se considera improbable que
hayan infectado a otros, pero las investigaciones continúan. Esto es un revés
para Nueva Zelanda y sin duda tendrá como resultado un endurecimiento
de las normas de la cuarentena fronteriza.
Todos los países que persiguen la
eliminación sufrirán reveses. El riesgo de que estos dos casos
en Nueva Zelanda causen un brote es pequeño, principalmente porque las
autoridades sanitarias los conocen bien y han tomado precauciones para
minimizar su contacto con la población local. Este contratiempo en Nueva
Zelanda es un problema mucho menor que
el gran brote que estamos viendo actualmente en Pekín, donde la fuente
es desconocida y por lo tanto difícil de controlar.
¿Cómo se pueden evitar esos errores que mencionaba?
Hay que diseñar los procesos para hacer
frente al riesgo y luego hay que tener un montón de controles para asegurarte
de que tus protocolos se siguen. Uno de los principios en la protección de la
salud es este enfoque de barreras múltiples, donde no solo se depende
de una defensa, sino que se tienen múltiples líneas de defensa. Y por ejemplo,
nos gustaría que la gente usara más las mascarillas, porque en Nueva
Zelanda no hay una cultura de mascarillas, para la gente es algo muy
ajeno.
En Europa estamos en plena desescalada. Nueva Zelanda
parece haber superado con éxito su salida del confinamiento. ¿Cuál ha sido
la clave?
En Nueva Zelanda tenemos un objetivo
completamente diferente. Nuestro objetivo es salir con cautela
del confinamiento y no tener ningún virus circulando. Esa es la
diferencia. Así que sales y vuelves a tus actividades normales. Puedes estar
con un extraño en la calle si quieres. Ya no es un problema. Lo que se llama la
«nueva normalidad» en Nueva Zelanda no es muy diferente de lo que se
conoce como «business as usual»
[lo de siempre]
. Así que es muy diferente a salir del confinamiento en
Europa, donde el virus todavía está circulando.
¿Puede volver Nueva Zelanda al confinamiento si hay un
rebrote?
Si tienes una estrategia de eliminación, al
salir del encierro no hay ningún virus circulando. No son necesarias más
precauciones. Ha acabado. Y mientras podamos controlar las fronteras,
no hay por qué preocuparse. Pero en Europa o Norteamérica, hay una
especie de supresión o mitigación cuando sales del confinamiento y, por
supuesto, el virus puede volver porque todavía está circulando en su
población. (...)
Es difícil comparar, porque vive en una isla de cinco
millones de habitantes. Pero, ¿qué opina entonces de la respuesta de los países
europeos?
Para mí es difícil comentar lo que
hacen otros países porque realmente tienen que hacerlo lo mejor que
pueden. Pero estoy en contacto con epidemiólogos de varios
sitios, sobre todo de Reino Unido. Supongo que se ha constatado
que puede ser casi imposible convivir con este virus. Es posible que las
vacunas no lleguen en mucho tiempo, si es que llegan. Puede que no consigamos
rápidamente antivirales.
Así que me pregunto si los países que
tienen los recursos para hacerlo no deberían pensar en eliminar el virus.
Europa tiene los recursos para ello. Supongo que es solo cuestión
de decidir si puedes pasar los próximos uno, dos o tres años entrando
y saliendo de confinamientos todo el rato, o si solo pones en marcha un
confinamiento fuerte e intenso y tratas de eliminar completamente el virus
de tu población. La tecnología está ahí. Los países ya han demostrado que
se puede hacer. Me pregunto si no es una opción para España y para muchos
países de Europa.
Pero para los países de ingresos bajos y
medios, esa estrategia no es siempre una opción. (...)
¿Cuáles han sido los principales errores que ha
cometido el mundo desde enero para llegar a una pandemia de esta magnitud?
Fue un gran fracaso de la evaluación
de riesgos. Normalmente buscamos el liderazgo en los países occidentales.
Miramos a las instituciones occidentales, pero no nos dieron muy buenos
consejos sobre cómo responder. Al final, tenía mucho más que ver
con Asia y la eliminación de este virus. Para nosotros, ha funcionado. (...)" (Icíar Gutiérrez, eldiario.es, 16/06/20)
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