3.8.20

A la mala reputación de nuestra gobernanza y al marasmo estadístico en concreto contribuye, quizá en la mayor medida, la caótica gestión de la crisis que están haciendo los gobiernos autonómicos... no creo que se pueda separar el progresivo empeoramiento de la situación del final del "mando único" y del recobrado protagonismo de las diferentes autonomías Segundo brote en mal momento, con peores condiciones y sin la lección aprendida...

"(...) En España también tenemos razones para estar preocupados con la posibilidad de que se de un segundo brote y, más todavía, si se adelanta. 

De hecho, estamos sufriendo ya una segunda oleada de consecuencias adversas sin que ni siquiera se haya reconocido que estemos en otra oleada de la pandemia que obligue, de nuevo, al cierre de actividades.

Como muchos habíamos previsto, la desescalada no significó la vuelta a la normalidad de todas las empresas. Un gran porcentaje de ellas no pudo abrir y otras lo han hecho con un ingreso claramente insuficiente e incluso con la amenaza de no poder aguantar por mucho tiempo el bajo ritmo de la actividad. 

Desconozco los datos concretos de nuestro país, si es que se han obtenido, pero las estimaciones de otros más o menos similares o para grupos bastante amplios, indican que la mortalidad empresarial va a ser muy grande: en diversos estudios se señala que las dos terceras partes de las pequeñas y medianas empresas (las más vulnerables) no tienen liquidez para aguantar más de dos meses sin ingresos, que en término medio estiman reducir su empleo en un 40%, o que entre el 25% y el 36% habrían cerrado definitivamente sólo en los primeros cuatro meses de la pandemia. 

En España la situación será peor porque somos la tercera economía de la OCDE con mayor peso de las pequeñas empresas justo en los sectores más afectados por la crisis de la Covid-19 (los datos aquí).

La amenaza de rebrote se produce en un mal momento para España porque impacta de lleno en plena temporada turística. Se pueden tener todos los debates que se quiera sobre las luces y sombras del papel de turismo en nuestra economía y sobre su mejor futuro, pero lo cierto es que la caída de ingresos que se avecina va a suponer una catástrofe no sólo para las empresas y el empleo del sector sino para el conjunto de la economía española.

Es un mal momento y además este posible rebrote nos llega cuando estamos en peores condiciones que en febrero, porque la primera ola de la pandemia nos ha provocado, además de la crisis económica, otra reputacional importante y que condiciona en buena medida el impacto final de las políticas económicas y nuestra capacidad de obtener recursos.

Nuestros sistemas estadísticos están dejando mucho que desear, estamos apareciendo como un país poco serio y que carece de la información inmediata y rigurosa que es imprescindible para gobernar con éxito este tipo de situaciones. Algo que en modo alguno puede achacarse por completo a un gobierno que lleva tan poco tiempo como el actual.

A la mala reputación de nuestra gobernanza y al marasmo estadístico en concreto contribuye, quizá en la mayor medida, la caótica gestión de la crisis que están haciendo los gobiernos autonómicos, aunque toda la responsabilidad quizá no sea exclusivamente suya. En Alemania, un Estado federal en principio más descentralizado que el nuestro, también ha habido tensiones entre el gobierno central y los Lander, pero se ha mantenido la coordinación y Angela Merkel ha impuesto el contacto, la coordinación y el orden de marcha permanentemente.  

En nuestro caso, no creo que se pueda separar el progresivo empeoramiento de la situación del final del "mando único" y del recobrado protagonismo de las diferentes autonomías. Valga como solo ejemplo que, en medio de una pandemia que están causando tantos muertos y tanta ruina sin entender de fronteras, los presidentes de Cataluña y País Vasco hayan anunciado que no acudirán a la reunión convocada por el presidente del Gobierno en agosto: una felonía que indica el desgobierno en medio del que nos encontramos, aunque no sea achacable sólo a esos presidentes autonómicos, pues el presidente Pedro Sánchez debería haber hecho habitual y no esporádico ese tipo de reuniones durante la pandemia.

No menos daño hace a nuestra reputación el clima de permanente y agresivo conflicto político, tan diferente de los consensos básicos o más o menos amplios que se dan en los países que mejor están respondiendo a la crisis. Están dando lugar a que tengamos que terminar saliendo de nuevo a las calles para decirle a una clase política incapaz de llegar a acuerdos que así no representa a la gente corriente y que, en consecuencia, renuncien a sus cargos y se vayan todos a la calle.

Finalmente, si finalmente se produce un segundo rebrote llegaría a nuestro país en muy malas condiciones porque lo cierto es que los paquetes de ayudas que se han dado a las empresas y a los hogares han sido insuficientes. Según los últimos datos que publican el Fondo Monetario Internacional y otros organismos internacionales (aquí y aquí), representan un 13,7% de nuestro PIB (3,7% de estímulo fiscal + 0,8% de aplazamientos diversos + 9,2% de garantías y otras ayudas), frente al 48,7% en Italia (3,4% + 13,2% + 32,1%); 47,8% del PIB en Alemania (13,3% + 7,3% + 27,2%); 27,3% en Francia (4,4% + 8,7% + 14,2%); o 19,1% de Portugal (2,5% + 11,1% + 5,5%).

Dado el impacto que sabemos que está teniendo la Covid-19 en nuestra economía es evidente que necesitamos más recursos a corto plazo, es decir, más garantías para que las empresas puedan aguantar si tienen asegurada su actividad cuando acabe la pandemia, para reinventarse si sus condiciones han cambiado, o para que puedan consolidarse nuevos proyectos de inversión en las condiciones adversas en las que estamos. También para que el propio Estado pueda servir de motor de la innovación y del cambio liderando la I+D+i y proporcionando o financiando el capital social que el privado y la sociedad en su conjunto necesitan para salir adelante; para que pueda mantener los servicios públicos esenciales y para evitar el drama de miles de familias que siguen sin percibir ningún tipo de ingreso desde hace semanas.

Un estudio reciente de la consultora McKinsey señalaba que las economías que mejor están haciendo frente a esta crisis, más que las liberales, son las que disponían de políticas social más potentes, de mercados laborales más regulados y de instituciones más fuertes y ágiles (aquí). Nosotros llevamos demasiado tiempo circulando en dirección contraria y eso ahora nos ata las manos. Si no aprovechamos esta crisis para dar un salto hacia adelante y para cambiar de rumbo, colocándonos en la vía por donde avanzan los países que hacen mejor las cosas, lo vamos a pagar muy caro.

Lamentablemente, no parece que hayamos aprendido la lección de las luces y sombras que tuvo el primer impacto de la Covid-19 en nuestra economía y tenemos, al menos, cuatro tareas pendientes.

La primera, lograr el imprescindible acuerdo nacional para poder tomar las medidas de choque necesarias. La segunda, mejorar de la transparencia, la información y la comunicación porque sin ellas no hay liderazgo posible en las condiciones tan adversas en las que nos encontramos. La tercera, conseguir como sea la imprescindible coordinación entre autoridades e instituciones. Y, finalmente, tomar medidas -por muy arriesgadas que sean- para disponer de los recursos adicionales que son imprescindibles para salir sin demasiados rotos de esta crisis."                      (Juan Torres López, Público, 31/07/20)

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